El cáncer es una enfermedad genética, es decir, que es causada por cambios en los genes que controlan la forma en la que funcionan nuestras células. Esos cambios pueden adquirirse durante la vida de una persona, como resultado de errores en el ADN o por exposición a sustancias carcinógenas que lo dañan (el tabaco, la radiación solar, por ejemplo), pero también puede haber predisposición genética.

Las mutaciones genéticas heredadas tienen una función principal en casi 5 a 10 % de todos los cánceres, según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

Los investigadores asociaron mutaciones en genes específicos con más de 50 síndromes hereditarios de cáncer, los cuales son enfermedades que pueden predisponer a las personas a padecer ciertos tipos de enfermedades oncológicas.

Pero, tener riesgo genético ¿implica que sí o sí la persona desarrollará un cáncer a lo largo de su vida? No.

¿Y se puede hacer algo para reducir ese riesgo? Sí.

A esa conclusión arribó un nuevo estudio que aporta más evidencia sobre la importancia del estilo de vida en la prevención del cáncer.

Un estilo de vida saludable ayuda a reducir el riesgo de cáncer. Foto Shutterstock.

Un estilo de vida saludable ayuda a reducir el riesgo de cáncer. Foto Shutterstock.

Cambios en el ADN

A medida que la investigación genética continúa descubriendo loci (áreas en el ADN con cambios específicos que influyen en el riesgo de cáncer), los investigadores pueden definir puntuaciones de riesgo poligénico (PRS), es decir, estimaciones personalizadas del riesgo de cáncer de una persona, basadas en la combinación única de estos cambios en ese individuo.

Sin embargo, una limitación es que la mayoría de las PRS se generan para un tipo de cáncer específico, más que para el riesgo general de cáncer, explican los autores del trabajo publicado en Cancer Research, una revista de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer.

Con esos antecedentes, un equipo de investigadores de la Universidad Médica de Nanjing (China) se planteó como objetivo desarrollar un indicador, la puntuación de riesgo poligénico de cáncer (CPRS), y así medir el riesgo genético de cáncer en su conjunto.

¿Cómo lo hicieron?

El autor principal, Guangfu Jin, y su equipo calcularon puntuaciones de riesgo individual para 16 cánceres en hombres y 18 en mujeres, utilizando datos disponibles de estudios de todo el genoma.

Luego, a través de métodos estadísticos combinaron esos puntajes en una sola medida de riesgo de cáncer, basada en la proporción relativa de cada tipo en la población general. Y así generaron CPRS separados para hombres y mujeres.

Para validar esos CPRS, utilizaron información del genotipo de 202.842 hombres y 239.659 mujeres del Biobanco del Reino Unido , una cohorte de participantes de la población general reclutados en Inglaterra, Escocia y Gales entre 2006 y 2009, y calcularon un CPRS para cada uno.

El cigarrillo, uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de algunos tipos de cáncer. Foto Shutterstock.

El cigarrillo, uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de algunos tipos de cáncer. Foto Shutterstock.

Cinco factores clave

Los participantes del Biobanco del Reino Unido fueron encuestados en el momento de la inscripción sobre varios factores de estilo de vida, incluido el consumo de tabaco y alcohol, el índice de masa corporal, la frecuencia de ejercicio físico y la dieta.

Con base en estos factores, los investigadores clasificaron a cada paciente en un estilo de vida general desfavorable (de cero a uno), intermedio (de dos a tres factores saludables) o favorable (de cuatro a cinco factores saludables).

¿Qué hallaron? Que hábitos saludables como no fumar ni beber alcohol, el índice de masa corporal bajo (a partir de 30 se considera obesidad), la práctica de ejercicio regular y una dieta saludable se correlacionan con una menor incidencia de cáncer, incluso en personas con un alto riesgo genético.

Según apunta el trabajo, los pacientes con el quintil más alto de CPRS tenían casi el doble (para los hombres) y 1,6 veces más probabilidades (para las mujeres) de tener un diagnóstico de cáncer en su seguimiento más reciente, en 2015 o 2016.

En particular, el 97% de los participantes en el estudio tenía un alto riesgo genético (quintil superior) de al menos un tipo de cáncer.

«Esto sugiere que casi todo el mundo es susceptible a al menos un tipo de cáncer», afirmó Jin. «También indica la importancia de la adherencia a un estilo de vida saludable para todos», subrayó.

Los pacientes con un estilo de vida desfavorable y el quintil de riesgo genético más alto tenían 2,99 veces (en hombres) y 2,38 veces (en mujeres) más probabilidades de desarrollar cáncer que aquellos con un estilo de vida favorable y el quintil más bajo de riesgo genético.

Entre los pacientes con alto riesgo genético, la incidencia de cáncer a cinco años fue del 7,23% en los hombres y del 5,77% en las mujeres con un estilo de vida desfavorable, en comparación con el 5,51% en los hombres y el 3,69% en las mujeres con un estilo de vida saludable.

Eso implica que los porcentajes reducidos son comparables al riesgo de cáncer en personas con riesgo genético intermedio, explicó Jin.

Se observaron tendencias similares en todas las categorías, lo que sugiere que los pacientes podrían beneficiarse de un estilo de vida saludable independientemente del riesgo genético que tengan.

«Nuestros hallazgos indican que todos deben tener un estilo de vida saludable para disminuir el riesgo general de cáncer«, enfatizó el autor principal del trabajo.

No obstante, subrayó que «esto es particularmente importante para las personas con un alto riesgo genético».

Y concluyó: «Esperamos que nuestro CPRS pueda ser útil para mejorar la conciencia de una persona sobre su susceptibilidad hereditaria al cáncer en su conjunto y facilitarle la incorporación de hábitos saludables».



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