De pronto todo estalló: me surgieron dos viajes al interior, tengo más pacientes presenciales con lo cual a veces paso de la compu a arreglar el living para recibirlos in situ y aparecieron actividades corporativas en distintos lugares. Me siento un poco más ansioso y en multitasking.

Al mismo tiempo, miro a la gente que se apiña en la calle y se me ocurre que yo debería estar yendo a algún lugar, no quedarme encerrado. En este fin de semana XL esta vivencia se incrementó al ver cómo se coparon todos los puntos turísticos del país. ¡yo debería haber salido!

En algunos casos, hay un apuro y un desasosiego curioso. En otros, un entusiasmo y una alegría de retomar espacios que se habían perdido.

¿Qué estamos presenciando en este momento? Ni más ni menos que una fuerte estampida hacia la nueva normalidad, que aún ni siquiera conocemos ni intuimos su rostro, pero que supone un romper finalmente ese acuartelamiento obligatorio al que estuvimos expuestos durante más de año y medio (con el corto veranito 2020/2021 en el medio).

¿Es bueno que retomemos nuestros espacios y nuestra vida social? ¡Claro que sí! Aunque hay una ilusión allí: el que podemos volver sin más a lo mismo que teníamos antes.

El público futbolero volvió a los estadios. EFE/Juan Ignacio Roncoroni

El público futbolero volvió a los estadios. EFE/Juan Ignacio Roncoroni

Nueva realidad iluminada por una nueva consciencia

Cuando estaba haciendo mis estudios de posgrado, un profesor universitario repetía incansablemente un argumento en contra de las explicaciones que todos daban sobre el concepto «resiliencia«. La metáfora que la mayoría esgrimía en relación a esta palabra es que se trata de volver a «un estado anterior al trauma».

Mi profesor decía que eso es imposible en el ser humano, que ni siquiera con los metales se puede (de donde deriva la comparación), menos aún con nosotros. Cada golpe, cada cambio o desafío nos modifica, ¡y es bueno que eso ocurra! Erich Fromm hablaba así de continuos nacimientos.

En la vuelta a la nueva normalidad ocurre algo así. Hay una pretendida ilusión de que podemos ser quienes éramos antes de todo este período de encierro y enfermedad, y que de alguna manera se trató de una horrible pesadilla de la cual estamos despertando.

El problema es que muchas cosas ocurrieron en el medio. Una de ellas, descubrimos que somos más vulnerables de lo que pensábamos, y que quizás necesitamos modificar muchas costumbres para protegernos (dejar de compartir el mate, por ejemplo).

La otra, que muchos seres queridos inesperadamente enfermaron o perdieron la vida (o al menos personas de cierta proximidad). También desarrollamos mucho nuestros sistemas de alerta y autoprotección y eso trajo aparejado conductas evitativas e inclusive, a veces, malentendidos o diferencias con otras personas.

Nos hicimos mucho más cibernéticos y prescindimos de oficinas y viajes por la autopista y esa globalización (aunque sea en la nube) se volvió una poderosa realidad.

Como resultado de todo ello, cambiamos. Cambiamos de muchas formas. Algunas para bien. Otras no tanto.

Hay personas a las que retomar actividades les cuesta más y necesitan apoyo. Foto Shutterstock.

Hay personas a las que retomar actividades les cuesta más y necesitan apoyo. Foto Shutterstock.

Lo que nos pasa: sensaciones híbridas

Para Carolina Muñoz, psicóloga de nuestro proyecto Train Your Brain, «hay cierto nivel de malestar, desconcierto, inquietud, que en algunas personas parece relacionarse con cierta necesidad de controlar lo que está sucediendo y con esto el aumento de ansiedad. Para otros hay temor frente a los cambios que estamos transitando, prevalece también la desmotivación, desorientación y escasa energía para implementar cambios en la rutina diaria… y los ejemplos podrían seguir». Carolina agrega que todo esto nos confunde.

Para Cecilia Lindner, psicóloga clínica, «estamos viviendo una situación más bien híbrida donde aún conviven el temor, los cuidados y protocolos que incorporamos durante un año y medio de pandemia con la habilitación externa a retomar los espacios públicos, las reuniones sociales, la vuelta al trabajo»

Y continúa: «Vale decir que el hecho de que exista una habilitación ‘externa’ no necesariamente coincide con la habilitación ‘interna’, con el hecho de que realmente cada uno esté realmente preparado para desenvolverse o transitar los mismos espacios de antaño con total naturalidad».

Cecilia cree que «no podemos ser los mismos que antes de la pandemia; esto ha sido algo que irrumpió en nuestra cotidianeidad y nos ha cambiado las coordenadas, la forma de trabajar, el concepto del tiempo y los vínculos, no sólo para con nuestros afectos, sino también con nosotros mismos»

«Y más aún -agrega-: el estrés postraumático, el burnout y en muchos casos el duelo que muchas familias transitan puede configurar cuadros de angustia, fobia, ansiedad y depresión también”.

Franco Tornello, participante de una investigación del Consejo de Investigaciones de la Universidad Católica de Salta en el NOA de nuestro país, dice que «es muy notable la presencia de ansiedad, depresión y dolor psicofísico en el grupo que experimentó la enfermedad por Covid-19 o perdió un ser querido durante la pandemia, en comparación con el grupo exento de estas variables».

Es decir, dos realidades dentro de la misma experiencia. Igualmente, en todos surge que la pandemia «nos trajo gran incertidumbre, miedo y cambios profundos en el estilo de vida», remata.

Aprender a cuidarnos: flexibilidad y tolerancia

Claramente necesitamos ser más conscientes del combo emocional que vivimos y de cuidarnos en este paso tan importante de retomar espacios.

Algunos tips a considerar en este proceso son:

Establecer nuestras prioridades en términos de propósitos y luego de objetivos: ser cuidadosos y realistas en la manera que estructuramos el regreso a lo que dejamos atrás en la pandemia, y especialmente no sobreestimar nuestra capacidad de hacer cosas y poder con todo. En este sentido, pedir ayuda en lo que necesitemos, no tengamos miedo a mostrarnos vulnerables.

Asumir y aceptar plenamente que hay un mundo nuevo, y un nosotros nuevo también, y ello implica aprender a reconocernos en estos cambios y en la sociedad.

Cambiar la autoexigencia por el autocuidado, tal como Carolina Muñoz sugiere al decir que «podemos observar con más profundidad lo que nos sucede, podemos hacer un espacio a esto y permitirnos sentir con aceptación lo que nos ocurre».

«Solo desde ahí -sigue- cada uno podrá ensayar acciones que lo acerquen a una vida con sentido para este tramo de la vida. Esta cualidad surge desde la plena consciencia de lo que a cada uno nos sucede y del compromiso de aliviar -en la medida de nuestras posibilidades- ese dolor a partir de la acción comprometida con lo que es valioso para nuestra vida.»

Utilizar los recursos que tengamos a favor progresivamente, tal cual dice Luciana Talassi, psicóloga clínica, «como por ejemplo en los casos que necesitemos hacer salidas o exposiciones cortas y que sean posibles de ser cumplidas (por ejemplo ir caminando de un lado a otro primero, más adelante subir a un taxi, luego tomar un colectivo vacío, todo en principio en tramos cortos y luego más largos).

«Reconocernos seres distintos los unos de los otros, respetar las decisiones de los demás», agrega la profesional.

Y suma: «Aceptar que la evolución de cada uno será indefectiblemente diferente y que podamos mirar con tolerancia y ofrecerle una mano al otro, una mirada compasiva al que no pueda lograr lo que desea o lo está intentando en esta vuelta a la normalidad, eso ya es un paso gigante de amabilidad que nos ayudará a seguir adelante».

✔»Compartir estos sentires dentro de lo que llamamos en el mindfulness la cualidad de humanidad compartida -coinciden Carolina y Cecilia-, que tanto alivio trae al disminuir en cada uno de nosotros el sentimiento de inadecuación y soledad que se acrecienta cuando la vida nos plantea desafíos que sentimos no podemos resolver».

✔»Aprender a reconocer que somos resilientes«, concluye Franco Tornello. «Resiliencia que en gran parte deberá gestionarse aprendiendo a transitar el malestar, sin anteponer las exigencias del regreso a la normalidad».

Todo un proceso inmenso a desarrollar con paciencia, mucho autocuidado y amabilidad. En nosotros está poder transitarlo más eficazmente.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de «Mindfulness, la meditación científica».



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