Más de un año después de detectarse los primeros casos de una neumonía de origen desconocido en la ciudad china de Wuhan persisten numerosas incógnitas sobre el inicio de la pandemia y una teoría conspirativa difícil de erradicar: que el nuevo coronavirus es artificial. Para intentar reunir evidencia, un equipo de epidemiólogos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) viajó a Wuhan para investigar el origen del nuevo coronavirus.

Hasta el momento, la ciencia determinó que el origen fue zoonótico (transmitido a humanos desde otras especies) y que los primeros casos se reportaron en Wuhan, pero todavía se desconoce información relevante sobre el comienzo.

De forma paralela a los estudios científicos circularon en todo el mundo un gran número de falsedades sobre el origen del SARS-CoV-2 y de la enfermedad que ocasiona, Covid-19, que ya provocó en el mundo más de 104 millones de casos confirmados y más de 2,2 millones de muertes.

Uno de los mensajes más repetidos y arraigados es el que afirma que el virus es artificial. Quienes esparcen esta teoría en las redes dicen que es un arma, que se expandió con ayuda del 5G o incluso que es extraterrestre.

La certeza del origen natural

La principal certeza científica al día de hoy sobre el origen del nuevo coronavirus es que surgió de forma natural en alguna otra especie animal antes de infectar a los humanos.

Paradójicamente, aquello que los científicos ven más claro es, a la vez, uno de los aspectos más cuestionados por teorías de la conspiración: que el origen es artificial y que se propagó de forma accidental (al escapar de un laboratorio) o intencionada.

Toda esa desinformación caló hondo en una parte importante de la sociedad. En España, según un sondeo hecho a principios de noviembre, el 64,9% de los consultados creía que el virus fue creado deliberadamente en un laboratorio.

Sin embargo, la comunidad científica descarta que el virus haya sido fabricado, ya que su secuencia genómica refleja una evolución natural, según una publicación en Nature.

Uno de los cinco autores del estudio, Robert Garry, detalló que el virus de murciélago más próximo «es sólo un 96% similar» y «no es posible completar esa distancia genética (4%) en un laboratorio».

Este grupo de científicos descubrió que las proteínas espiga (Spike), la parte exterior del virus con la que se introduce en las células, presenta dos rasgos básicos: el dominio de unión al receptor (el gancho) y el sitio de escisión molecular (la llave).

La evidencia del origen natural la hallaron al comprobar cómo el gancho de las proteínas había evolucionado para adaptarse a una característica molecular de las células llamada ACE2, que regula la presión arterial. No cabía ingeniería genética en ese caso.

El Covid-19, visto a través de  microscopio. Imagen NIAID-RML via AP.

El Covid-19, visto a través de microscopio. Imagen NIAID-RML via AP.

Mentiras sobre premios Nobel

Un mito extendido sobre la creación artificial implica al premio Nobel Tasuku Honjo, cuya identidad fue suplantada en un escrito muy compartido en redes sociales donde el científico japonés asegura supuestamente que el virus fue creado en un laboratorio chino.

Otro premio Nobel, Luc Montagnier, sí afirmó que el nuevo coronavirus había sido creado artificialmente a partir del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), pero lo dijo sin aportar ninguna prueba. Su reputación como científico ya estaba en declive por su apoyo a causas pseudocientíficas como la homeopatía.

El único documento que comparó las similitudes entre los virus que provocan sida y covid fue una prepublicación (sin revisión de pares) que se hizo en enero de 2020 y que ya tras no corroborarse fue retirada.

El genoma se secuenció correctamente

Entre los embustes sobre el origen está también el que sostiene que el coronavirus no existe como tal, sino que es solo una nueva variante del virus de la gripe.

Circulan textos que indican que el nuevo virus no ha podido ser aislado ni purificado para poder ser examinado, pero eso es totalmente falso, pues su genoma ya fue secuenciado más de 58.000 veces.

Por otro lado, la secuenciación se hizo con soporte informático, pero eso no quiere decir que el material genético fuera inventado por computadoras -como afirman otros mitos-, sino que se requiere la precisión de las computadoras para ordenar las 30.000 letras que describen su genoma para que sea más legible.

El SARS-CoV-2 fue secuenciado miles de veces. Foto Instituto Malbrán.

El SARS-CoV-2 fue secuenciado miles de veces. Foto Instituto Malbrán.

El laboratorio biotecnológico de Wuhan, fijación de los negacionistas

El ex presidente estadounidense Donald Trump apuntó a un laboratorio biotecnológico del Instituto de Virología de Wuhan como posible lugar de incubación del virus y dijo tener pruebas, pero no las aportó nunca.

Para la OMS, aún nada evidencia que ese edificio fuera el epicentro de la pandemia y el rastro de los primeros casos lleva a un mercado de mariscos y animales local, el de Huanan, situado precisamente a 14 kilómetros del laboratorio de Wuhan.

Esa proximidad alienta las hipótesis de que el nuevo virus se fugó de esos laboratorios, pero, como indica la revista Nature, «no hay evidencias» sobre esa relación y «los científicos creen que la fuente más probable del coronavirus es el mercado de animales«.

En el ámbito científico, la publicación más difundida acerca de la posibilidad de que el nuevo coronavirus surgiera de una «ruta sintética» la esbozó Li-Meng Yan, en septiembre, en la revista Zenodo.

Ese texto fue muy divulgado sin que se tuviera en cuenta que no es experta en virología, sino oftalmóloga, y que era más bien un artículo de opinión, sin pruebas científicas, además de que la publicación corriera a cargo de una fundación vinculada a Steve Bannon, ex asesor de Trump y mentor de conspiraciones.

Se sucedieron análisis de instituciones de prestigio que negaron el carácter científico de las conclusiones a las que llegaba, lo que no impidió que ella diera entrevistas en todo el mundo.

Falsos vínculos entre el laboratorio de Wuhan, farmacéuticas y Bill Gates

Sobre el laboratorio de Wuhan pesa otro mito reincidente: su vinculación a las compañías farmacéuticas que desarrollan las vacunas.

Así, pueden encontrarse mensajes que indican que este es propiedad de GSK, que a su vez lo es de Pfizer, multinacional supuestamente propiedad de grandes fondos como BlackRock y Vanguard y con vínculos con George Soros y Bill Gates.

Esa elucubración se cae desde el primer eslabón, ya que el Instituto de Virología de Wuhan es propiedad de la Academia China de Ciencias, del Gobierno de China, y aunque tienen acuerdos de cooperación con proyectos de Francia o Estados Unidos, ninguno es con GSK. Tampoco es cierto que GSK sea propiedad de Pfizer, y la única vinculación mutua es una filial conjunta que crearon para el ámbito del consumo.

En cuanto a los fondos de inversión Vanguard y BlackRock, estos tienen acciones de Pfizer y Microsoft pero son minoritarias y similares a su participación en centenares de compañías de otros sectores.

Según otro mito ampliamente difundido, el Pirbright Institute, apoyado económicamente por Bill Gates, habría patentado en 2015 el coronavirus causante de la actual pandemia, pero esa patente se refiere a una forma atenuada de coronavirus que solo afecta a pollos y no tiene nada que ver con el brote de Wuhan.

El mercado de Wuhan. EFE/ Roman Pilipey

El mercado de Wuhan. EFE/ Roman Pilipey

El paciente cero no tomó sopa de murciélago

La mayor certeza del origen del virus es la zoonosis y la pista se pierde en el mercado de Huanan, en el que se vendía marisco, pescado, faisanes, serpientes y otros animales comestibles.

Contrariamente a lo que pregonaron muchos memes, la sopa de murciélago no es un plato típico en Wuhan, aunque sí lo es en la isla micronesia de Palaos, de donde provenían algunos vídeos compartidos.

Pero este dato apenas tiene importancia. En primer lugar, porque la zoonosis no tiene por qué darse por comer el animal en el que surge un nuevo virus; basta con la proximidad física. Además, los científicos creen que el SARS-2 probablemente se originó en el murciélago, pero pasó a otra especie antes de infectar a humanos.

Así ocurrió con coronavirus anteriores, como las civetas en el SARS-1 y los camellos en el MERS. Para el SARS-2, el animal intermedio más probable es el pangolín.

En el mercado de Huanan se vendían productos congelados importados, dato al que apuntan medios de comunicación chinos, que sugieren que el nuevo coronavirus surgió en otro país, con pruebas como el hallazgo del virus en carne de vaca argentina llegada a otro mercado similar.

Hipótesis cósmicas

Si en China abundan las informaciones acerca del origen en otro país, otra teoría lo sitúa más allá, en el espacio exterior. La formuló el astrofísico Chandra Wickramasinghe, quien cree que pudo llegar en un meteorito caído en China en octubre de 2019, aunque no aportó pruebas consistentes ni esa hipótesis ha tenido eco en la comunidad científica.

Otras teorías conspirativas están igualmente alejadas del suelo científico, como la que sostiene que las redes de telecomunicaciones de 5G expanden el virus, para el que es físicamente imposible viajar a través de redes radiofónicas ni de telefonía, explican los expertos.

Militares y políticos de varios países han difundido, sin mostrar prueba alguna, acusaciones de que el nuevo coronavirus se creó como un arma de guerra. Se apuntaron así mutuamente China y Estados Unidos. Y también culpó a Washington el líder supremo iraní, Alí Jamenei.

Por lo tanto, pese a que los orígenes del nuevo coronavirus no están del todo claros para la ciencia, lo cierto es que circularon muchas falsedades sobre aspectos relacionados con su surgimiento que sí están descartadas con base científica.

Por Fernando Labrador/ Agencia EFE.



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