Suben al auto, bajan las ventanillas y desde la vereda de enfrente se escuchan gritos de felicidad. Puedo imaginar lo que esa familia está viviendo, me emociono con ellos mientras le abro la puerta trasera del auto a mi viejo (tiene la traba de niños puesta y él desde adentro no puede). Caminamos hasta la esquina donde está la escuela que le asignaron para vacunarse. El día más esperado en casi un año amaneció soleado y agradable.

Durante la noche, chequeé al menos dos veces haber colocado bien la alarma para llegar a tiempo. Y revisé varias veces el trayecto desde mi casa hasta la de mis padres y desde ahí al colegio.

Los había preinscripto el 25 de diciembre a través de la página que la Provincia de Buenos Aires acababa de habilitar. Completé el registro y reenvié al grupo familiar de WhatsApp la constancia y un «ojalá lleguen rápido!!». Le siguieron emoticones y stickers con aplausos y caritas felices. Y un bitmoji de mi mamá sonriente con el mensaje «La mejor noticia».

Cuando se anunció el inicio de la vacunación en mayores de 70, descargué en mi celular la aplicación Buenos Aires Vacunate. Entraba varias veces por día en forma compulsiva a revisarla. De a uno por vez (también lo hacía con mi suegro), llenaba de memoria el campo del DNI y copiaba y pegaba los números de trámite (esos todavía no los retengo). Cuando el reiterado mensaje SIN TURNO empezaba a desmotivarme, un tuit de la médica Mariana Lestelle me hizo probar una vez más. Aconsejaba entrar a revisar, porque ya se estaban asignando fechas. Lo hice en forma mecánica, sin demasiada expectativa. Pegué un grito desaforado cuando comprobé que mi papá (77) y mi mamá (72) tenían citas con las vacunas. A él le tocó el sábado. A ella, el domingo.

Mi papá entró raudo por la puerta principal del colegio. Salió casi una hora después por otra situada a unos metros, me vio y levantó el carnet. Volví a gritar, aplaudí, se me cayeron las lágrimas, agité los brazos e instintivamente apoyé mi cabeza en su pecho y le di un abrazo brevísimo: llevaba casi un año sin hacerlo y sé que hay que seguir cuidándose y cuidándolos. Simplemente reaccioné sin pensar.

Las hijas de una mujer que también había sido vacunada compartieron mi emoción. Éramos todo sonrisas detrás de los barbijos. «¿Ya está hablando en ruso?», bromeó una de ellas.

Antes, me había angustiado con una señora muy mayor que llegó acompañada por su hija pero que no pudo vacunarse porque no aparecía en la lista. Y con otro que tenía turno para el día anterior, pero que se había enterado tarde y ahora le tocaba esperar una reprogramación. Decía que le habían avisado el mismo día.

El Gobierno bonaerense alcanzó los 40 mil ciudadanos mayores de 60 años inmunizados con la primera dosis de la vacuna Sputnik V/ Télam

El Gobierno bonaerense alcanzó los 40 mil ciudadanos mayores de 60 años inmunizados con la primera dosis de la vacuna Sputnik V/ Télam

Pensé en todos los viejos que no pueden acceder a anotarse a través de internet o de la aplicación y que no tienen a alguien que lo haga por ellos o que esté pendiente de si les asignan un turno. También pensé en aquellos a los que se les dificulta trasladarse: los centros de vacunación no suelen quedar cerca. Veo las barreras y también la complejidad de organizar una campaña de estas dimensiones, cuando las vacunas son escasas. Y me volví a enojar con los privilegios de algunos.

Observé, durante la espera, al personal que asistía con amabilidad y calidez, a hijos ansiosos y felices, a viejos esperando su turno en sillas escolares dispuestas a lo largo de la vereda apretando en sus manos el papelito con sus datos, a los que llegaban con bastones y andadores, a los que aguardaban atentos el remis de vuelta, a los que se sacaban fotos con el certificado sellado, a los vecinos que pasaban y se alegraban porque estuvieran vacunando. Y a los que querían anotarse. Vi bajar desde un camión una heladera que conservará más dosis.

Pensé, incluso, en quienes desarrollaron las vacunas que ese sábado soleado se estaban aplicando en una escuela de un rincón de La Matanza.

La vacunación de adultos mayores ya arrancó en Provincia y CABA./ Télam

La vacunación de adultos mayores ya arrancó en Provincia y CABA./ Télam

Sonreí varias veces y se me cayeron las lágrimas otras tantas. Agradecí. Y deseé -y deseo- profundamente que las vacunas lleguen en el menor tiempo posible y en forma equitativa a las personas que están en mayor riesgo.

El domingo volví con mi mamá. Mis hermanos se ofrecieron a relevarme, pero yo no iba a perderme otro día para celebrar que, gracias a la vacunación, estamos cada día un poquito más cerca de ponerle fin a la pandemia que tanto dolor todavía nos causa.



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