A los 24 años, la doctora Claudia Brusco se recibió de médica; ingresó al Hospital Tornú como ginecóloga​ en 1992 –continúa ejerciendo- ; a los 28 años se animó al consultorio propio: “Estaba nerviosísima, pero mi temor no era por cuestiones médicas -tenía los años de práctica hospitalaria suficientes-, me preocupaba satisfacer las expectativas de la paciente, generar un vínculo de confianza. Me veían jovencita”.

Pasaron 36 años, 5.000 partos, cerca de 7.000 embarazos controlados y aún más pacientes ginecológicas. “Atiendo mujeres de 14 años en adelante, la más anciana tiene 96. Soy testigo de sus historias de vida; de su evolución y crecimiento. Con ellas aprendo; soy una agradecida de mi profesión”.

–¿Qué espera la mujer de su ginecóloga?

–Que resuelva su patología; pero, sobre todo, ser escuchada. Es más, muchas veces revelan su preocupación médica y enseguida cuentan que su año fue catastrófico. Es posible que la salud haya tenido algo que ver, pero lo que necesitan, en realidad, es contar qué les pasa. En relación a lo médico, no sólo se trata del control anual; para la mayoría -tanto las que vienen al hospital como al consultorio- soy la única médica de consulta. Funciono como clínica. Cuando es necesario, derivo a un especialista.

–¿Las emociones afectan la salud femenina?

–Sin dudas influyen, aparecen alteraciones en el ciclo: dejan de menstruar o menstrúan mucho. Por eso es preferible; primero, escuchar qué les pasa. Por ejemplo, podés darte cuenta que la alteración del ciclo es consecuencia de un divorcio, no una patología tumoral. La salud femenina incluye el bienestar emocional.

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–¿Qué tiene que mediar para que el vínculo médica-paciente funcione?

–Confianza. La paciente se desviste, es delicado. Es más fácil si la médica es mujer, de todas maneras, la confianza es fundamental. No sólo por la revisión, sino por lo que la paciente relata. Son cosas de índole extremadamente privada. Cuando viene una mamá con su hija de 15 años se me hace difícil, pero no puedo revelar a la madre qué le ocurre a la hija. Secreto profesional.

–¿De qué hablan?

–De todo. En general, pregunto, ¿vas bien con las relaciones sexuales? Ahí empiezan a contar. Son temáticas difíciles de abordar, no todas pueden.

–¿Notás que la lucha por los derechos de la mujer se refleja en el consultorio?

–Así es. Hasta hace diez atrás sólo una mujer me había contado que era homosexual. Hoy, todos los meses, cuando pregunto cómo se cuidan para evitar el embarazo, por lo menos una responde: “No lo necesito porque tengo pareja femenina”. La primera vez me impactó, no sabía cómo revisarla, temía que fuera a malinterpretarme. Después me di cuenta que era lo mismo. Igual, no estamos del todo preparadas. Falta.

"Aprendí a respetar a la paciente, escucharla, no imponer". (Enrique Garcia Medina)

«Aprendí a respetar a la paciente, escucharla, no imponer». (Enrique Garcia Medina)

–¿Las mujeres están mejor predispuestas para iniciar su vida fértil que para terminarla?

–En líneas generales, percibo que se espera a la menstruación como un evento feliz que moviliza a la familia, especialmente a las mamás; aunque a veces no sabés si lloran de alegría o preocupación. Creo que las entristece perder a la nena, aunque hayan ganado una mujer. En cambio a la menopausia, en general, la reciben con tristeza, sienten que pierden su femineidad, su sexualidad. Es cierto que esta etapa puede ir acompañada de malestares, pero después el organismo se estabiliza. De todas maneras, hay que aprender a transitarlo.

–¿Considerás que la menopausia tiene mala prensa?

–Sí, y no ayuda para nada. Es cierto que el reloj biológico marca el tiempo de la reproducción y el envejecimiento, pero no afecta el goce de la sexualidad; además, los cambios corporales vienen aparejados por mayor sabiduría. Es muy personal, yo acompaño. Hay pacientes que no pueden vivir sin medicación hormonal, no sólo por lo emocional, sino por cuestiones corporales. Medicás por un tiempo, el necesario; también, para aceptar los cambios.

–Además de ginecóloga, obstetra desde los 24 hasta los 53 años, ¿particularidades de la especialidad?

–Es maravilloso acompañar esta otra etapa de la mujer. Además, la obstetricia es la única rama médica que habilita el cuidado de dos pacientes a la vez: la mamá y el bebé. Los partos son otro capítulo: ver al bebé que nueve meses atrás era un puntito en la ecografía, atravesar el canal de parto es asombroso; como un milagro. Por otro lado, vivís pendiente de la mamá y el bebé los nueve meses, aún más cuando se acerca la fecha del nacimiento. Una vez compré un par de zapatos del número equivocado por salir corriendo para atender un parto. Es así, y nunca me molestó.

–¿Por qué abandonaste la práctica de la obstetricia?

–Desarrollé hipertensión arterial, por eso la dejé. La obstetricia es linda, pero extremadamente estresante. Si bien el embarazo es una situación fisiológica -no de enfermedad- cuando aparece una patología estás permanentemente evaluando a la mamá y al bebé, tratando que el bebé llegue bien y a término. Que sea una situación feliz, no siempre es así.

Muchas veces, el ginecólogo se convierte en el único médico de consulta de las mujeres (Enrique Garcia Medina)

Muchas veces, el ginecólogo se convierte en el único médico de consulta de las mujeres (Enrique Garcia Medina)

–¿La maternidad transforma a las mujeres?

–Es un antes y un después no sólo por lo que supone la maternidad, también desde lo médico: parir implica estar desnuda delante de muchas personas, exponerse. Priorizás el nacimiento de tu hijo, pasás a otro plano, eso marca. Lo he visto en todas; también en mí, yo no me desvestía delante de nadie hasta que nació mi hija.

–¿Percibís que hoy se elige no tener hijos con mayor libertad?

–Totalmente. De hecho, en el Tornú atendemos chicas de 22 o 23 años que se ligan las trompas, es un método prácticamente definitivo. Creo que es difícil decidir no ser madre a esa edad, pero lo hacen; es un derecho legal, y debe ser respetado. Si luego cambiaran de opinión, pueden hacer una técnica de fertilización asistida.

–¿Qué te enseñó la práctica médica?

–Aprendí a respetar a la paciente, escucharla, no imponer. La escuela de medicina donde me formé era machista: el paciente debía obedecer. Antes, yo decía: «Tenés un nódulo de mama, vas a hacer este tratamiento». En cambio, ahora sugiero lo que es médicamente más conveniente. Si la paciente no quiere, ofrezco alternativas. En otro momento, me hubiera costado respetar esa decisión.

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Conoció a Carlos, su marido y padre de sus tres hijos, durante la residencia. Es su ginecólogo.

–¿Sos buena paciente?

–No, hago lo que quiero.

La doctora Claudia Brusco se considera afortunada: “Porque la medicina no es una profesión, es un estilo de vida; y aún hoy me maravilla. Todo lo que me salió bien fue decidido con el corazón: casarme, seguir mi vocación”. Hasta cuándo escucha y médica de mujeres, se pregunta: “No me veo a los 80 respondiendo consultas de chicas de 15; quizá atienda mujeres acordes a mi edad”. Concluye: “No sé qué pasará en el futuro; todo tiene un límite. Las pacientes van a enseñarme, inclusive, hasta dónde puedo llegar”.



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