“No puedo bancarlo más”, dice su propietario Claudio Brovelli. Vinculado desde muy joven a la gastronomía, comenta como incidió este tiempo de emergencia sanitaria en la vida comercial del negocio. La esquina supo cobijar las sucursales del Banco Nación y del Correo.

Sin poder soportar los efectos de la pandemia y envuelto en una situación económica compleja, el bar y confitería El Cabildo cerrará sus puertas por estas horas. Su propietario, Claudio Brovelli, describe la situación con claridad. “Lamentablemente no puedo bancarlo más. Este año de pandemia me llevó ahorros, me había podido comprar una camioneta cero en 2019 que también me la llevó casi en su totalidad… estoy con deudas. Es lamentable la decisión pero tengo que cerrar”, dice en tono acongojado.

Respecto del personal que quedará sin su fuente de trabajo, Brovelli destaca que comprendieron la situación. “Tres de ellos consiguieron otro trabajo y estoy viendo si podemos lograr lo mismo con el resto”, agrega. Al propietario del Cabildo se le vienen a la memoria un montón de recuerdos. Desde los 14 años comenzó a relacionarse con los “boliches”, como le gusta llamarlos. Ha sido lavacopas, estuvo detrás de barras como las de DEVA o Jucalá. Pero con el correr del tiempo consiguió convertirse en dueño, en patrón. En unos meses iba a cumplir 25 años de esos comienzos: 6 años en La Perla y desde el 2002 en el Cabildo. “Lamentablemente se cierra un ciclo, pasé más de treinta años de mi vida relacionado a la gastronomía… es una vida. Si bien he tenido muchas rabietas, el rubro me permitió criar a mis hijos, de tener una casa o de darme algún gusto. Pero no me da más el cuero, no puedo seguir manteniéndolo”, agrega a punto de quebrarse.

En esos recuerdos que le afloran le surgen agradecimientos. Y en ese plano quiere decirle gracias a “todos los chicos y chicas que pasaron por El Cabildo como empleados, los que en su gran mayoría se han portado muy bien conmigo, yo creo tampoco haberme portado mal con ellos… También al Municipio en general… a todos. Yo empecé a trabajar para el municipio cuando estaba Gioscio, después la gestión Selva y ahora con Juani (Ustarroz) que me ha dado grandes manos”, destaca. También a quienes define como “parroquianos”. “No eran clientes, a mí me gusta llamarlos parroquianos, gente que he visto pasar su vida, gente que lamenté cuando fallecieron y eran habitués, aquellos que llevaron sus alegrías y también sus penas…”, continúa. Uno de esos parroquianos llegó a decirle que el día que falleciera quería que su bicicleta esté colgada en El Cabildo. “Le dije que no va a poder ser, que me alegraba que esté vivo, pero primero me voy yo”, cuenta. Su nuevo rumbo significa un volantazo en su vida comercial. Ha comenzado con un local en la vecina ciudad de Navarro. Una pañalera. Algo diferente. “Voy a seguir adelante y cuando vaya a Mercedes extrañaré no poder tomarme el café en ese lugar que me deja grandes recuerdos”, añade.

Histórico lugar

El inventario del patrimonio urbano arquitectónico de Mercedes encuentra en el bar restaurant El Cabildo, un importante valor. El edificio de dos plantas, con vivienda en planta alta, data de antes de 1888. La fachada y su ornamentación exterior son puntos relevantes de esa evaluación. El trabajo realizado comenta que esta construcción en 26 y 29 es de fines del siglo 19. Recuerda el mismo que se la llamaba poco antes de esta construcción, la esquina de la sal, debido a que desde ese punto partían carreta en busca de sal a las Salinas Grandes. También referencia que a principios del siglo XX funcionaron en esta esquina las sucursales del Banco de la Nación Argentina, de la empresa de Correos y Telégrafos y más tarde el bar – restaurante, cuyo primer dueño fue Nicolás Raymundo. Los historiadores y profesionales han recomendado su preservación por sus valores testimoniales y estético arquitectónicos. La esquina tiene un interesante pasado, pero también un futuro hasta la actualidad desconocido. Lo cierto es que el bar baja sus persianas. Quien sabe cuándo se vuelvan a levantar.





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