La diabetes es una enfermedad que viene en aumento de la mano de la obesidad y el sedentarismo. Según comprobó la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo realizada en 2018, la padecía un 12,8% de los argentinos, un índice que era del 8,4% en 2004 y que había subido al 9,8% casi una década después.

El estudio también reveló que la mitad de los pacientes tenía más de 35 años y recibía tratamiento, que afectaba más a mujeres que a hombres y que una de cada tres personas ni siquiera sabía que padecía la enfermedad. Aquí explicamos diabetes tipo 1 y 2: cómo diferenciarlos, qué síntomas tienen y qué los causa.

Diabetes tipo 1 y 2: cómo diferenciarlos, qué síntomas tienen y qué los causa

La diabetes mellitus es un trastorno por el cual los valores de glucosa en sangre son elevados porque el organismo no produce insulina o la utiliza de manera inadecuada, según explica el Manual Merck de información médica para el hogar.

El páncreas es el órgano encargado de producir esa hormona, responsable de mantener los valores adecuados de azúcar en sangre. Gracias a la insulina, la glucosa puede ser llevada a las células para que estas produzcan energía o la almacenen hasta que sea necesario.

En la denominada diabetes mellitus tipo 1 (diabetes insulinodependiente o DM1) la producción de insulina es nula o escasa. Alcanza al 10% de los diabéticos, siendo mayoría los que la desarrollan a partir de los 30 años, aunque también afecta a niños y adolescentes.

Ejercicio regular y una alimentación sana, claves para combatir o controlar la diabetes.

Ejercicio regular y una alimentación sana, claves para combatir o controlar la diabetes.

El National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases informa que en la DM1 el sistema inmune destruye las células que producen insulina en el páncreas, por causas no del todo establecidas. Una infección vírica durante la infancia o adolescencia, o una predisposición genética pueden desencadenar la DM1, que avanza con rapidez y no puede prevenirse.

Los síntomas, como sed y micción excesivos, pérdida de peso, náuseas o vómitos, aparecen de forma súbita. A pesar del alto nivel de azúcar en sangre, las células no pueden utilizarla sin la insulina y entonces recurren a otras fuentes de energía. Las células grasas, al descomponerse, liberan cuerpos cetónicos (compuestos químicos tóxicos) que pueden producir acidez en sangre (cetoacidosis).

Una vez detectada, la DM1 implica un tratamiento de por vida, con dosis de insulina que deben aplicarse a diario para suplir la falta o deficiencia de la hormona.

La diabetes mellitus tipo 2 (diabetes no insulinodependiente o DM2) implica que el páncreas produce insulina, incluso a niveles más elevados que lo normal. Sin embargo, el organismo desarrolla una resistencia a sus efectos lo que desemboca en un déficit de insulina.

La DM2 afecta a más adultos y personas mayores y tiene relación con la obesidad, el sedentarismo y factores genéticos. Las personas obesas representan entre ocho y nueve de cada diez diabéticos tipo 2. Por eso, a diferencia del tipo 1, se puede prevenir e incluso prescindir de tratamiento farmacológico.

La diabetes también conlleva un riesgo cardiovascular asociado, que muchos ignoran.

La diabetes también conlleva un riesgo cardiovascular asociado, que muchos ignoran.

El paciente siente los efectos de la DM2 cuando el valor de azúcar en sangre supera 160/180 mg/dl y la glucosa pasa a la orina. Entonces, los riñones secretan más agua para diluir la glucosa perdida. Esto lleva a sentir una sensación de sed superior a la habitual.

Por otra parte, como a través de la orina también se eliminan calorías, se registra pérdida de peso y, como compensación, el paciente siente más hambre de lo habitual. La visión borrosa, la somnolencia y las náuseas son algunos de los síntomas. Además, si la DM2 no está bien controlada, aumenta la vulnerabilidad ante infecciones.

Sin embargo, su lento avance a través de los años explica por qué muchos diabéticos del tipo 2 no saben que padecen de esta enfermedad, salvo que realicen los siempre recomendables análisis periódicos para conocer los niveles de azúcar en sangre.

En cualquier de sus formas, la diabetes es peligrosa porque produce numerosas complicaciones relacionadas con enfermedades cardíacas o de los riñones, accidentes cerebrovasculares, problemas en los ojos, los dientes y los pies, y lesiones en los nervios.

¿Cuál es el tratamiento?

Lógicamente, aquí se trata de mantener estables los niveles de azúcar en sangre. Los pacientes con DM1, como dijimos, deberán recibir insulina de por vida.

La insulina de acción rápida (insulina cristalina) disminuye el azúcar en unos 20 minutos y alcanza su máxima acción a las dos o cuatro horas, con una duración de entre seis y ocho horas. Suele inyectarse 15 minutos antes de las comidas.

La insulina de acción intermedia (por ejemplo, zinc en suspensión o isofano) comienza a actuar entre 1 y 3 horas luego de ser administrada, con una acción que dura entre 18 y 26 horas. Generalmente, se aplica por la mañana.

La insulina de acción prolongada (zinc en suspensión prolongada) tiene un efecto muy reducido en las primeras seis horas, pero su cobertura puede extenderse a 36 horas.

El régimen más cómodo es una sola inyección diaria, de acción intermedia. Pero esto implica un control mínimo de los valores de azúcar en sangre. Para mayor control, los médicos recomiendan la combinación de las formas rápida e intermedia en una dosis matinal.

Uno de los tratamientos más usados, la inyección diaria de acción intermedia.

Uno de los tratamientos más usados, la inyección diaria de acción intermedia.

En los casos de DM1 resulta fundamental, entonces, el control diario de los niveles de azúcar y también de la presión arterial y del colesterol. También habrá que controlar la dieta del paciente, a quien se le recomendará realizar actividad física para prevenir complicaciones.

En la DM2, en cambio, el tratamiento podría evitarse si los pacientes obesos pierden peso y hacen ejercicio con regularidad. Por supuesto, también deben evitar o ingerir menos alimentos con azúcar y como muchas veces presentan altos niveles de colesterol limitar las grasas saturadas.

En este caso, suelen ser eficaces algunos medicamentos suministrados por vía oral. Al bajar los valores de azúcar, estos remedios estimulan al páncreas a liberar insulina. Algunos de ellos son acarbosa, acetohexamida, clorpropamida, glimepirida, glipizida, gliburida, metformina, tolazamida y tolbutamida, con coberturas que superan las 24 horas en algunos casos.



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