«Si pude cambiar todo lo que cambié en el 2020 porque la realidad me obligó, puedo cambiar mucho más en el 2021 porque yo lo decida. Es un hecho, cierro el local. Trabajo solo por plataformas virtuales. Mi cabeza y mi bolsillo no dan más. Y tomé muchas más decisiones, importantes todas. Armé una red de padres y madres del cole para tener aire nosotros y los chicos. Vamos a hacer burbujas en cada casa así todos descansamos. No puedo contar con mi mamá. Y yo sola no puedo. No quiero volver al 2019, y creía que tenía una buena vida. Pero no. No quiero trabajar como trabajaba, quiero inventar un futuro mejor. Quiero más tiempo para mí, para estar con los chicos, me da miedo pero ya lo decidí. Y en un par de años, quizás, me voy a la costa y me instalo ahí. ¿Es mucho? Jaja, ¡difícil, pero no imposible decís vos! Eso quiero: ¡Una vida más linda!»

Reflexiones desde el diván virtual, en tiempos de pandemia de coronavirus, de una mujer decidida a hacer algo distinto con su vida.

Y claro que no es mucho. Si no es ahora, ¿cuándo?

La pandemia da revancha. ¿Suena raro, no? Pero lo explico.

Da revancha en este segundo año y da revancha en aquellas cuestiones de nuestras vidas que posponemos como si fuéramos inmortales.

Sigue sonando extraño, pero ya me explicaré.

Porque la pandemia, sigue, aunque estemos hartos, sigue. Aunque tengamos muchas ganas de que termine, sigue.

Y no tenemos muchos de los problemas que tuvimos allá por marzo del 2020 cuando entró el coronavirus a nuestro país. No tenemos el factor sorpresa. El «esto no puede estar pasando», la incredulidad de vernos y ver el mundo con barbijo.

No tenemos el miedo de los primeros meses. La enfermedad covid es parte de nuestro cotidiano.

Adiós al efecto sorpresa, adiós al desconcierto y el impacto de los primeros meses. Adiós a la expectativa de los anuncios presidenciales para ver si la cuarentena sigue o no, a creernos epidemiólogos de tanto oír noticias. Pero sigue.

Hemos perdido también la certeza colectiva de que esto es problema de todos, volvió la grieta, y volvió con fuerza. Dejamos de aplaudir a los trabajadores de salud a las 21. Pero ellos no dejaron nunca de trabajar por todos nosotros. Y eso me duele, me duele mucho en lo personal, les debemos disculpas.

Conversando con mi amiga, la licenciada Giselle Grossi, sobre esta nota debatíamos si este es el segundo año de pandemia, o si la segunda etapa comenzó en setiembre con el distanciamiento y la salida del aislamiento.

Finalmente, creo que podemos pensar en las distintas etapas de la pandemia.

Primera etapa: Confinamiento. Sorpresa. Shock. Home office-home schooling. Insomnio. Crisis de pareja. Miedo/pánico.

Segunda etapa: Distanciamiento social. Negación. Omnipotencia. Llegada gradual de las vacunas, relajamiento social.

Y aquí me detengo. Hace algunas semanas escribí sobre adolescentes en pandemia y responsabilidad de los padres, y se generó un debate muy interesante.

«En el velorio de Maradona no hubo pandemia ¿y ahora nos acusan a nosotros?»

«¿Para el debate sobre la ley del aborto no les importó el virus, no?»

Y es cierto que el gobierno despertó amnésico el día de la muerte de Diego, yo tampoco pude creer la invitación masiva a despedirlo. Y es cierto que no debieran haber alentado las marchas de verdes y celestes de manera presencial. Pero un disparate no habilita otro disparate.

Y esto es mal de estos tiempos, mucho más grave y profundo que el coronavirus. No aprendemos más, ¿o sí?

«Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero, tampoco me importó. Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde.»

Hace un año mirábamos por las pantallas el avance de la pandemia en China y Europa. «Acá no va a llegar», decíamos. No de esa manera. Y llegó.

Hace unos meses mirábamos a los europeos relajados llenar las playas en la apertura de la pandemia y decíamos: «Mirá que imbéciles, después de lo que pasaron».

Ahora, en este momento, los argentinos inundan playas de la costa atlántica y los chicos con ojotas y bermudas hacen fila en las guardias de los centros médicos para hisoparse.

No aprendemos más. Hoy en Europa están con una explosión similar o peor a la primera, fronteras cerradas, terapias colapsadas, nuevas cepas del virus.

Sigue la pandemia, sigue muriendo gente por covid, siguen los trabajadores de salud agotados. No aprendemos más, ¿o sí?

La pandemia modificó hábitos y costumbres. Foto ilustrativa Shutterstock.

La pandemia modificó hábitos y costumbres. Foto ilustrativa Shutterstock.

Les cuento un cuento:

Un día la peste se corporizó y visitó al monarca en un condado lejano. Voy a atacar tu ciudad, van a morir 10.000 personas. Y se desvaneció.

Al cabo de un año, las muertes fueron muchas más. Vuelve a hacerse presente la peste personificada en el palacio y el rey le dice:

-Me mentiste, murieron más de 100.000 personas. ¿Por qué hiciste esto?

-No te mentí, yo solo maté al 10%, el resto murió por miedo e imbecilidad.

Algo de este cuento se reproduce en nuestro golpeado planeta tierra, Muere mucha gente por covid, pero los mecanismos de negación y omnipotencia de los seres humanos traen más desgracias que el virus mismo.

La empatía, la sensación y convicción de que esto lo remamos entre todos, eso se ha perdido y pido que lo recuperemos. Podré ser un soñador, pero no soy el único.

Mucha gente la sigue pasando muy mal en estos tiempos, la pandemia sigue.

Schujman propone plantearse el interrogante: ¿Qué puedo hacer distinto para que mi vida sea diferente? Foto ilustrativa Shutterstock.

Schujman propone plantearse el interrogante: ¿Qué puedo hacer distinto para que mi vida sea diferente? Foto ilustrativa Shutterstock.

Podemos ser protagonistas de nuestra historia

Pregunté en las redes sociales qué resultaba más difícil en estos tiempos de pandemia, y a esta altura de las circunstancias, en el segundo año de covid.

Tuve infinidad de respuestas. Me dijeron: extraño los abrazos a la gente que quiero (esta fue lejos la N° 1 en el ranking), no poder besar a mis padres; no soporto el encierro de los chicos, la crisis económica (muchas respuestas contando situaciones de estar al borde de la quiebra), la incertidumbre respecto del futuro, la gente que no se cuida y pone en riesgo a todo el resto, el home office, seguir postergando la vida social porque cuido a la gente mayor, la falta de empatía, no tener contacto con los alumnos, el miedo a que mueran padres y abuelos por el virus, la sensación de estar en peligro cuando salgo de casa, lo que me impide disfrutar.

Aunque muchos lo nieguen, la mayoría sigue cuidándose y esperando que vuelva la normalidad. Hay mucha gente sufriendo. Éramos tan felices y no nos dábamos cuenta.

¿Qué podemos hacer distinto para que nos pase algo diferente?

Volvamos a la mujer del relato inicial. Podemos tomar esta crisis como oportunidad. Yo creo que sí.

Imagino las miradas escépticas y más de un lector dejando la nota en este momento. Sigan leyendo por favor.

Miremos mitad de vaso lleno. Como les decía, no tenemos el efecto sorpresa y, lentamente, las vacunas empiezan a llegar.

Tuvimos en muchos casos el mayor cimbronazo en nuestro cotidiano y los que estamos aquí hemos sobrevivido.

Tuvimos que cambiar, entender y modificar hábitos y costumbres, y sin romantizar de ninguna forma la pandemia, ¿quién no descubrió y develó aspectos esenciales de su vida?

Entonces: ¿Qué decisiones distintas podemos tomar para el tránsito sea más llevadero? ¿Qué podemos prevenir?

Vuelvo a decir lo del principio: tenemos revancha en este segundo año de pandemia para prever lo que en el 2020 fue sorpresa y repentino, y también aquellas cuestiones de nuestras vidas que posponemos como si fuéramos inmortales.

Un ejercicio

Les propongo un ejercicio. Cada uno tome por separado las diferentes áreas de su vida (área social, familiar, laboral, relaciones interpersonales, con uno mismo, cables a tierra)

  • Piensen y visualicen cómo eran antes de la pandemia
  • Luego como son ahora en tiempos de covid.
  • Y por último, cómo quisieran que sea si pudieran modificar aspectos esenciales.

Y aquí la enunciación esencial. ¿Qué puedo hacer distinto para que mi vida sea diferente? Y aquí el desafío: ¿Estoy viviendo en el lugar que elijo realmente? ¿Mis vínculos son los que yo decido o los que la realidad me impuso? ¿Tengo pasión en alguna de las cosas que hago? ¿Dedico el tiempo necesario a mis afectos? ¿Y a mi cuerpo?

Imagino las expresiones de contrariedad, pero digo y les cuento.

Estoy escuchando en estos tiempos muchas historias como la de la mujer del principio, gente que se anima a más porque se dio cuenta de que puede más.

Los invito a pensar, los invito a un replanteo profundo en todos los ejes.

Por un lado, definir qué pueden alivianar en estos tiempos para que el transito sea más amoroso y amable. Y por otro pensar, soñar, y decidir cambiar, dar el salto.

Crisis como oportunidad además de dificultad. La revancha en definitiva, es nuestra potestad. Así de sencillo, así de complejo difícil pero no imposible.

Gracias a la Licenciada Giselle Grossi por sus aportes en esta nota.

*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.​





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