Es sabido que la actividad física tiene beneficios innegables. Y estos beneficios podrían alcanzar también a pacientes con cáncer: según una investigación de la Universidad Edith Cowan (ECU) el ejercicio puede ser una valiosa herramienta en pacientes que atraviesan la enfermedad.

La investigación, llamada «Expresión de mioquina y efecto supresor de tumores del suero después de 12 semanas de ejercicio en pacientes con cáncer de próstata en ADT» fue publicada en Medicine and Science in Sports and Exercise .

La relación entre la actividad física y y el cáncer estaría determinada por las proteínas llamadas mioquinas, secretadas en nuestra sangre por los músculos, según explican desde el Instituto de Investigación de Medicina del Ejercicio de la ECU.

Precisamente las mioquinas serían las responsables de ayudar a suprimir el crecimiento tumoral, e incluso colaborar activamente contra las células cancerosas.

Un ensayo realizado en pacientes con cáncer de próstata

El hallazgo se dio mediante un ensayo clínico, por el cual pacientes obesos con cáncer de próstata se sometieron a un entrenamiento de ejercicio regular durante 12 semanas. Tanto antes como después del programa se les tomaron muestras de sangre.

Posteriormente, los investigadores tomaron esas muestras para aplicarlas  directamente sobre las células vivas del cáncer de próstata.

La actividad física ayuda a reducir las complicaciones clínicas que generan los tratamientos, como la sarcopenia. Foto Shutterstock.

La actividad física ayuda a reducir las complicaciones clínicas que generan los tratamientos, como la sarcopenia. Foto Shutterstock.

Los resultados ayudan a explicar por qué el cáncer progresa más lentamente en los pacientes que hacen ejercicio según Robert Newton, supervisor del estudio: «Los niveles de mioquinas anticancerígenas de los pacientes aumentaron en los tres meses», afirma.

Además, el científico brinda detalles del procedimiento mediante el cual pudieron dar con el hallazgo.

“Cuando tomamos su sangre antes y después del ejercicio y la colocamos sobre células vivas de cáncer de próstata, vimos una supresión significativa del crecimiento de esas células a partir de la sangre posterior al entrenamiento» afirma.

Y agrega: «Eso es bastante importante, e indica que el ejercicio crónico crea un entorno supresor del cáncer en el cuerpo».

Beneficios innegables

En tanto, el doctor Martín Angel, médico oncólogo del Instituto Fleming y miembro de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, confirmó a Clarín los efectos positivos de la actividad física en pacientes con cáncer.

«Entre los distintos factores de riesgo asociados del cáncer se encuentra el sedentarismo y los estilos de vida sedentarios, por lo que se recomienda la actividad física habitual. Eso sirve para todos los tipos de tumores», destaca.

Y agrega: «Por otro lado, la actividad física ayuda a reducir las complicaciones clínicas que generan los tratamientos a largo plazo como es la sarcopenia, la pérdida de la masa muscular asociada a los tratamientos de quimioterapia como de hormonoterapia, por eso es que a todos los pacientes les recomendamos la actividad física aeróbica», afirma.

El rol de las mioquinas

El trabajo de estas proteínas sería el siguiente: si bien las mioquinas pueden indicar a las células cancerosas que crezcan más lentamente, o se detengan por completo, no pueden matar las células por sí mismas, según explica Jin-Soo Kim, candidato a doctorado y líder de investigación.

Sin embargo, sí pueden asociarse con otras células en la sangre para combatir activamente el cáncer, explica el especialista.

El sedentarismo es uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades no transmisibles. Foto ilustrativa Shutterstock.

El sedentarismo es uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades no transmisibles. Foto ilustrativa Shutterstock.

“Las mioquinas en sí mismas no indican a las células que mueran, pero sí envían señales a nuestras células inmunitarias, las células T, para que ataquen y destruyan las células cancerosas», aclara.

En tanto, Newton agrega que el ejercicio también complementa otros tratamientos para el cáncer de próstata, como la terapia de privación de andrógenos, que es eficaz y se prescribe comúnmente, pero que también puede conducir a una reducción significativa de la masa magra y un aumento de la masa grasa.

Esto, según detalla, puede derivar en que el paciente padezca obesidad sarcopénica (ser obeso con baja masa muscular), lo cual implica un empeoramiento de su salud, así como peores resultados respecto al cáncer.

Un amplio impacto

Si bien este estudio se centró en el cáncer de próstata -según indican, por ser el cáncer no cutáneo más común entre los hombres y debido también al alto número de muertes de pacientes-, Newton confía en que los hallazgos tengan un impacto más amplio.

«Creemos que este mecanismo se aplica a todos los cánceres«, afirma.

Mientras tanto, ECU está llevando a cabo más estudios, incluido un ensayo en el que los pacientes con cáncer de próstata en estado avanzado se someten a un programa de ejercicio de seis meses. Aunque los resultados aún están pendientes, Newton adelanta que los hallazgos preliminares son alentadores.

“Estos hombres tienen una alta carga de enfermedad, muchos efectos secundarios del tratamiento y se encuentran muy mal, pero aún pueden producir medicamentos contra el cáncer desde adentro«, asegura.

«Es importante, ya que esto podría ser un indicio de por qué los hombres, incluso con cáncer avanzado, si son físicamente activos, no empeoran tan rápido«, concluye.



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