Hace tiempo, en mis épocas de universitario, mi querido profesor Sebastian Bertucelli me hizo sentar en su oficina y me mostró un libro con bellas ilustraciones de la naturaleza en robustas y laminadas hojas.

¿Qué ves? Me preguntó. No mucho, respondí. Formas, formas naturales. Vegetales, acuáticas, animales. Los dibujos estaban en serie página tras página y, tras un examen cuidadoso, pude comenzar a descubrir patrones. Formas ordenadas, vida organizada.

Los movimientos concéntricos expansivos en un estanque tras la caída de una piedra se asemeja mucho a la dispersión de aire en ascenso hacia el cielo. Las líneas que atraviesan la hoja de una planta se continúan en la espalda marcada de un camaleón que la trepa. Nada es azaroso, todo es la naturaleza auto-organizándose.

Los seres humanos, además de ser creados por esa fuerza natural, podemos ser artífices de nuevas construcciones. Pero: ¿cómo construimos? ¿Acaso tenemos en cuenta lo que nos antecede? ¿o por el contrario, es nuestro ego el que quiere dejar la marca que más le gusta, que más enfatice su paso por este mundo, y entonces ignora que estamos incluidos dentro de un devenir histórico, en un contexto determinado, como simples piezas de un rompecabezas mayor?

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El buen arquitecto de sus patrones mentales

¿Cómo actúa un buen arquitecto? Pues no ignora el contexto, no destruye y comienza de cero. Por el contrario, sigue la marca y la perspectiva del entorno, se inspira por las formas de lo que allí hay. Nosotros debemos actuar de manera similar. No podemos crear fuera del cuadro, prescindiendo de lo que nos rodea y las leyes que nos gobiernan.

Debemos crear entendiendo el estilo y la dirección de la obra.

¿Por qué nos salimos tanto de la creación natural? ¿Por qué nuestros hábitos y patrones vitales vulneran grotescamente las leyes naturales? ¿Por qué corremos todo el día, por qué hablamos cuando es necesario callar o destruimos donde hay que cuidar?

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¿Es nuestro descarado ego el que arrasa con todo sin tener visión de futuro? ¿Expresaremos, como Groucho Marx, “no me importan las futuras generaciones porque ellas no han hecho nada por mí”, en alusión al cuidado y protección de nuestro mundo?

Lo primero que necesitamos construir (o reconstruir) son nuestros patrones mentales. Debemos despertar la consciencia de conexión y entender. Lo contrario es la ignorancia, el desconocimiento de la trama de la vida.

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Es urgente reconstruir y cocrear: con el mejor arquitecto de compañero, la naturaleza, y el mejor plan de obra, nuestro sentir altruista. Modelando amorosamente y fluyendo cuando sea necesario. Para ello, un plan de trabajo, una guía de construcción de nuestros patrones mentales, es necesaria. Comenzá con la tuya propia, puede ser un sistema como el mindfulness, el yoga​, una práctica de cuidado de tu mente y tu corazón, lo que quieras…pero que puedas seguirlo, y te permita entender cómo todo se enlaza, como la vida se conecta. Es urgente, no hay más tiempo.

¿Cómo será la línea de patrones que construyas en tu vida?

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de «Mindfulness, la meditación científica».



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