Una de las primeras certezas que se tuvo sobre los efectos y alcances del Covid-19, el nuevo coronavirus que frenó al mundo con su pandemia, es que tiene muchísimas más puertas de entrada al organismo de aquellas personas con patologías de base, sobre todo respiratorias y cardiovasculares. Pero también entran en la lista de pacientes de riesgo las que tienen diabetes, los enfermos renales, quienes reciben tratamientos con corticoides y personas infectadas con VIH. ¿Qué tienen todos ellos en común? Un sistema inmunitario debilitado por sus comorbilidades o por el tipo de tratamiento, de carácter crónico, que deben mantener para controlar su enfermedad.

Sin embargo, hay un alarmante y creciente número de la población que, aunque no está incluida en la lista, podría considerarse altamente sensible a un contagio de Covid-19. Son las personas con obesidad, en quienes las defensas están muy por debajo del valor deseado, y que a su vez, arrastran un conjunto de otros trastornos que los dejan expuestos frente a todo tipo de virus. Uno de ellos es la diabetes tipo 2, que los convierte en candidatos perfectos para el coronavirus.

«Las personas afectadas por la obesidad y diabetes poseen alteraciones en la función inmune. Los hallazgos incluyen disminución de la producción de citoquinas (proteínas antiinflamatorias), función alterada de monocitos y linfocitos (glóbulos blancos que integra el sistema de defensa), disfunción de las células killers o asesinas que destruyen células infectadas, función reducida de macrófagos, células encargadas de degradar bacterias y virus y una respuesta disminuida a la estimulación antígenos para enfrentar infecciones», enumera la doctora Mónica Katz, licenciada en Nutrición.

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Esta enfermedad crónica posee una multiplicidad de factores causales, entre ellos, un exceso de consumo calórico y sedentarismo casi obligado, más una diversidad de desencadenantes de riesgo emergentes como la deuda de sueño, altos niveles de estrés, una microbiota intestinal alterada y sustancias que afectan las vías hormonales. Todos estos efectos nocivos son, precisamente, los que en un periodo de aislamiento pueden exacerbarse de la peor manera.

La deuda de sueño es una de los riesgos emergentes de la obesidad, que puede dispararse en tiempo de confinamiento.

La deuda de sueño es una de los riesgos emergentes de la obesidad, que puede dispararse en tiempo de confinamiento.

«Que esta cuarentena no genere una mayor prevalencia de obesidad, estamos frente a una epidemia infecciosa aguda pero detrás sigue estando la epidemia silenciosa, la de la muerte lenta que es la obesidad», alerta Katz, con cifras que apoyan su llamado de atención: según un informe del Banco Mundial, del total de la población que asciende a 7.500 millones de habitantes, más de 2.000 millones se encuentran afectados por esta enfermedad. Esto representa a más de un cuarto de las personas del planeta.

¿Cómo mantenerse a raya y con las defensas en alto durante el confinamiento? Las recomendaciones son similares que a las del resto de las personas, solo que con mucho más énfasis en la calidad de los alimentos y en la obligación de moverse, como sea y donde sea.

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«Es de vital importancia remarcarlo, hay que hacer algo de movimiento en casa, lo que puedan, si tienen una cinta o una bicicleta la usan a diario, si tienen una soga y son jóvenes pueden saltar con ella, inventen lo que sea. Pongan música y bailen, los papás jueguen con los chicos, caminen alrededor del pasillo o limpien la casa con la técnica del doble balde: primero agua y detergente y después agua y lavandina. Pero muévanse. Y manejen las emociones, recuerden que respetar las emociones es vivir mejor y entender que es lo que me pasa para tomar decisiones», lanza la nutricionista.

En paralelo se encuentra la dieta, que más en este contexto tiene sus imprescindibles. «Recordemos que la mitad de la comida debe ser fruta y verdura, la que les guste y variado. Reforzar la vitamina C en nuestro organismo es muy importante, ya que es lo único que tiene cierta evidencia de mejorar el desarrollo de células T, linfocitos T, de mejorar toda la formación y el aumento de Interferón (que evita la entrada de virus al cuerpo) y de mejorar Interleuquinas antinflamatorias. Otra vitamina muy importante es la A que esta básicamente en lo que tenga caroteno, es decir zanahorias, calabazas, zapallos, duraznos», menciona Katz.

La médica aconseja a los que no puedan tener acceso a verduras y frutas porque no tienen la posibilidad de salir de sus casas, que complementen su refuerzo con suplementos vitamínicos minerales, que tienen un poco de todo, al menos tres veces por semana. También vitamina C sola.

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«Hay que incorporar proteínas a nuestra alimentación, que son elementos fundamentales para defendernos. Todos los anticuerpos y muchas otras sustancias importantes como las citoquinas que participan de la inflamación derivada de un virus o bacteria son proteínas, con lo cual, el que come carnes debe continuar haciéndolo, preferentemente pescados grasos. El vegetariano puede ingerir clara de huevos, quesos y lácteos, y los veganos deben considerar un buen aporte de semillas, nueces y cereales con legumbres, como por ejemplo arroz con arvejas y quinoa o soja», detalla la especialista.

El Omega 3 presente en variedades de pescados como caballa, atún, sardinas y salmón son necesarios para la respuesta inmunitaria. (Photo by MIGUEL RIOPA / AFP)

El Omega 3 presente en variedades de pescados como caballa, atún, sardinas y salmón son necesarios para la respuesta inmunitaria. (Photo by MIGUEL RIOPA / AFP)

Las «grasas buenas», derivadas del Omega 3 y presente en pescados como sardina, caballa, atún y salmón son parte de la dieta, y para quienes no sean gustosos de estos platos, o padezcan alergia, existe la versión en comprimido. «Un elemento que consta de mucha evidencia sobre inmunidad son los betaglucanos, un tipo de hidrato de carbono que está en la avena y la cebada, así que, en estos momentos todo lo que se pueda consumir con estos ingredientes es una buena manera de reforzar defensas», agrega.

Para cerrar la lista de fundamentales Katz cita a los probióticos, un grupo de alimentos poco experimentado por paladares argentinos, pero de enormes propiedades. «Son gérmenes muy benéficos para la salud, tienen la capacidad de sobrevivir más allá de la acidez del estómago en nuestro intestino y reforzar nuestra inmunidad. La manera de incorporarlos es con alimentos fermentados, cualquiera de ellos, como lo son el chucrut, kimchi, kéfir, kombucha, miso y la versión más común en Argentina es un yogurt que los contiene», dice Katz.

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Lo que para las personas activas se torna un encierro al borde del colapso, para las personas obesas muchas veces representa su diaria realidad, de la cual luchan por salir para activar su cuerpo y su mente contra el sedentarismo. Esta cuarentena generalizada, donde los «acompaña» la sociedad toda, puede tornarse contraproducente para cualquier plan saludable que estuvieran encarando. Por ello, puede que ante la situación de ansiedad e incertidumbre generalizada, necesiten un refuerzo.

«Si no podés con esto, con tu estilo de vida comiendo bien, alimentándote de una manera lógica, ejercitando desde tu casa, manejando las emociones y sin usar comida, hay dos fármacos nuevos en el mercado: un inyectable y por otro lado un comprimido, por supuesto ambos con receta médica», sugiere Katz, siempre poniendo a la dieta y a la actividad física como primeras medidas.



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