Hay quienes dejan su nariz afuera, los que lo llevan colgando del cuello y hasta los que se lo bajan para hablar. En esos casos, el barbijo, mascarilla o tapabocas, todas palabras que hacen referencia al insumo ícono de la pandemia de coronavirus, está definitivamente mal usado. Pero también hay personas que cubren desde la nariz al mentón, tal como se aconseja, y que pueden estar fallando en un aspecto clave: el ajuste.

En momentos en los que en Europa, por ejemplo, se debate la posible necesidad de que la población general empiece a usar barbijos de alta protección y no los caseros, dado el mayor riesgo de transmisión que presentan las nuevas variantes, un estudio reciente publicado en la revista PLOS Science subraya que el material con el que están hechos los barbijos no es lo único que importa.

Un equipo de investigadores que estudia la efectividad de diferentes tipos de mascarillas concluyó que para brindar la mejor protección contra Covid-19, el ajuste del barbijo es tan importante, o más importante que la tela.

Los investigadores, de la Universidad de Cambridge, llevaron a cabo una serie de diferentes pruebas de ajuste y descubrieron que cuando una máscara de alto rendimiento, como una máscara N95, KN95 o FFP2, no se ajusta correctamente, no funciona mejor que un barbijo casero de tela. Las diferencias menores en los rasgos faciales, como la cantidad de grasa debajo de la piel, provocan diferencias significativas en qué tan correctamente se ajusta un barbijo.

Barbijos de tela colgados en Atenas, Grecia. Foto EFE/ Orestis Panagiotou.

Barbijos de tela colgados en Atenas, Grecia. Foto EFE/ Orestis Panagiotou.

Los resultados también sugieren que la rutina de verificación de ajuste utilizada en muchos entornos de atención médica tiene altas tasas de falla, ya que las fugas menores pueden ser difíciles o imposibles de detectar por el usuario. Hace meses ya que quedó establecido que la transmisión por el aire, a través de pequeñas partículas (aerosoles) mucho más diminutas que las gotas pesadas que se expelen al hablar, toser, estornudar o cantar, es una de las -vías principales -sino la principal- de transmisión del SARS-CoV-2.  Esas partículas pueden escapar con mayor facilidad con un mal ajuste.

Si bien el tamaño de la muestra fue pequeño, los investigadores esperan que sus hallazgos ayuden a desarrollar nuevas pruebas de ajuste que sean rápidas y confiables, en el caso de futuras emergencias de salud pública. El estudio actual solo evaluó el impacto del ajuste en el usuario del barbijo; pero el equipo tiene planeado analizar cómo el ajuste afecta la protección de otros en investigaciones futuras.

La pandemia de Covid-19 convirtió a los barbijos en un equipo de protección vital para los trabajadores de la salud y la población en general. Si bien se demostró la importancia de usar máscaras faciales para frenar la propagación del virus, sigue existiendo una falta de comprensión sobre el papel que juega un buen ajuste para garantizar su efectividad.

«Sabemos que a menos que haya un buen sellado entre la máscara y la cara del usuario, muchos aerosoles y gotitas se filtrarán por la parte superior y los lados de la máscara, como lo sabrán muchas personas que usan anteojos», dijo Eugenia O’Kelly del Departamento de Ingeniería de Cambridge, primera autora del artículo. «Queríamos evaluar cuantitativamente el nivel de ajuste ofrecido por varios tipos de máscaras y, lo que es más importante, evaluar la precisión de la implementación de controles de ajuste».

Para el estudio, siete participantes evaluaron primero las máscaras N95 y KN95 realizando una verificación de ajuste, de acuerdo con las pautas del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS). Luego, se sometieron a pruebas de ajuste cuantitativas, que utilizan un contador de partículas para medir la concentración de partículas dentro y fuera de la máscara, mientras usaban máscaras N95 y KN95, máscaras quirúrgicas y máscaras de tela. Los resultados evaluaron la protección del usuario de la máscara, que es importante en entornos clínicos.

Una mascarilla FFP2, de alta protección. Foto LENNART PREISS / AFP.

Una mascarilla FFP2, de alta protección. Foto LENNART PREISS / AFP.

Las máscaras N95, que son un estándar similar a las máscaras FFP3 disponibles en el Reino Unido y el resto de Europa, ofrecieron mayores grados de protección que las otras categorías de máscaras probadas; sin embargo, la mayoría de las máscaras N95 no se ajustaron adecuadamente a los participantes.

En su estudio, los investigadores encontraron que cuando se ajustan correctamente, las máscaras N95 filtran más del 95% de las partículas en el aire, ofreciendo una protección superior. Sin embargo, en algunos casos, las máscaras N95 mal ajustadas solo eran comparables con las máscaras quirúrgicas o de tela.

«No es suficiente asumir que un solo modelo N95 se ajustará a la mayoría de la población», dijo O’Kelly. «La mascarilla de mayor ajuste que examinamos, la 8511 N95, se ajusta sólo a tres de los siete participantes de nuestro estudio».

Barbijos caseros reutilizables en Madrid, España. Frente a nuevas variantes, en Francia y Alemania aconsejan utilizar las de alta protección. Foto GABRIEL BOUYS / AFP.

Barbijos caseros reutilizables en Madrid, España. Frente a nuevas variantes, en Francia y Alemania aconsejan utilizar las de alta protección. Foto GABRIEL BOUYS / AFP.

Una observación que hicieron los investigadores durante su estudio fue que el ancho del reborde de la mascarilla -la zona del material que entra en contacto con la piel- puede ser una característica crítica para el ajuste. Las máscaras que se ajustaban al mayor número de participantes solían tener esos bordes más anchos y flexibles.

Además, se observó que las pequeñas diferencias faciales tienen un impacto significativo en el ajuste. «Ajustar la cara a la perfección es un desafío técnico difícil y, como mostró nuestra investigación, pequeñas diferencias como una nariz un centímetro más ancha o mejillas ligeramente más llenas pueden hacer o deshacer el ajuste de un barbijo», dijo O’Kelly.

Los investigadores esperan que sus resultados sean útiles para quienes están trabajando en nuevas tecnologías y programas para evaluar el ajuste, de modo que la atención médica y otros trabajadores de primera línea estén adecuadamente protegidos en el caso de futuras pandemias. Además, esperan que estos resultados llamen la atención sobre la importancia del ajuste en los barbijos de uso clínico, especialmente si serán ampliamente utilizadas por el público. 



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