Hay algo de tristeza cuando se deja el lugar de origen para establecerse en otro lugar. No importa cuántas fronteras haya que atravesar. Tampoco si se trata de una cuestión temporal o definitiva. Migrar suele arrastrar dolor. O, al menos, eso es lo que le sucede a las personas.

Para algunas aves, sin embargo, ir de un lugar a otro es lo más natural del mundo. Es supervivencia. Es parte de su ADN. Son aves que han desarrollado adaptaciones impresionantes en su genética –tanto en su peso como en su alimentación– con un propósito central: tener la energía suficiente para volar miles de kilómetros.

Estas especies migran de forma regular. Esto es: no lo hacen ocasionalmente, sino que realizan viajes en determinados momentos del año. Por otra parte, no vuelan solo algunos pocos individuos: viajan todos (hay excepciones y estas obedecen a algún problema puntual).

Su plan de millas tiene beneficios que llenarían de envidia a no pocos humanos: van allá donde hay verano (estacionales). Eligen lugares cálidos, con días largos y que puedan ofrecerles mucho alimento. ¿Cuáles son las aves migratorias de la Argentina?

Las golondrinas viajan en marzo hacia Estos Unidos o Centroamérica.

Las golondrinas viajan en marzo hacia Estos Unidos o Centroamérica.

Aves migratorias de la Argentina

Golondrinas, chorlos, playeros y playeritos, falaropos, becasas. En la Argentina, son muchas las aves migratorias. De hecho, se calcula que más del 35 % de las especies de aves de nuestro país realiza algún tipo de migración. Algunas especies se reproducen en el hemisferio norte, en la tundra ártica.

Rica en alimentos y en otros recursos, durante la primavera y el verano, la tundra ártica se torna uno de los ambientes más inhóspitos del mundo durante el invierno. Muchas de las aves que viven y se reproducen allí, migran al hemisferio sur cuando acá comienza la primavera.

Otras aves hacen solo vuelos de cabotaje, como el chorlo cabezón, que se reproduce en la estepa patagónica y, no bien empieza el otoño, migran al centro del país, hacia los pastizales pampeanos, donde las temperaturas son más agradables y hay más alimento disponible.

Chorlo pampa. Aves que viajan por Sudamérica.

Chorlo pampa. Aves que viajan por Sudamérica.

“Si bien son muy diversas, hay algo que todas tienen en común: su lugar de origen”, precisa Laura Dodyk, coordinadora de Rutas Migratorias en Aves Argentinas, una organización que nació hace más de cien años con el fin de proteger las aves silvestres y la naturaleza de nuestro país

 Junto con un grupo de investigadores, técnicos y una amplia red de voluntarios trabajan para la conservación de cerca de mil especies de aves silvestres y de sus ambientes. Las aves migratorias también están dentro de su preocupación, que uno puede seguir a través de la página web de la organización. Algunas de esas aves migratorias son las siguientes:

• Las golondrinas

Golondrina patagónica. Vuelan 200 km por día.

Golondrina patagónica. Vuelan 200 km por día.

Hacen sus nidos en la Argentina durante la primavera y, al terminar el verano, migran hacia el norte de América del Sur. Vuelan en bandada a 60 kilómetros por hota. Y recorren 200 kilómetros antes de descansar. Tienen un viaje de 7 mil kilómetros. El churrinche, el suirirí real, la tijereta y el benteveo rayado hacen, al igual que otras especies, un recorrido similar al de las golondrinas.

• Chorlos, playeros y playeritos, falaropos y becasas

Becasa argentina de mar. Viajan hasta 12 mil kilómetros.

Becasa argentina de mar. Viajan hasta 12 mil kilómetros.

Están dentro del grupo de las aves playeras. El playero rojizo, por ejemplo, migra desde el hemisferio norte, donde se reproduce, hasta las costas de Tierra del Fuego, en un recorrido a lo largo de la costa atlántica.

Otros playeros, como el chorlito cabezón, se reproducen en la estepa patagónica y migran al centro del país durante la primavera. El falaropo común pone sus nidos en humedales del norte canadiense y, en primavera, viene en bandadas a las lagunas salitrosas de la Argentina.

• Aguiluchos langosteros

Aguilucho langostero. Ave rapaz. Va de Canadá al sur argentino.

Aguilucho langostero. Ave rapaz. Va de Canadá al sur argentino.

Pertenecen al grupo de aves rapaces. Son aves de gran porte que realizan migraciones largas: viajan en bandadas desde América del Norte hasta los pastizales del centro de nuestro país. Se alimentan de insectos que cazan en vuelo.

• Gaviotines

Una gaviota pica una ballena en Puerto Pirámides. Son del Hemisferio Norte.

Una gaviota pica una ballena en Puerto Pirámides. Son del Hemisferio Norte.

Es posible divisarlos en bandadas, en las costas argentinas, descansando y alimentándose antes de emprender su migración de regreso al hemisferio norte.

• Corbatitas y capuchinos

El capuchino iberá. Entre Argentina y Colombia.

El capuchino iberá. Entre Argentina y Colombia.

Pequeñas, a estas aves se las puede ver durante la primavera y el verano en pastizales y bordes de caminos de nuestro país. Viajan hacia latitudes más cálidas dentro de América del Sur, como, por ejemplo, Colombia.

• Monjitas chocolate

Monjita Chocolate. Migración de cabotaje. Dentro del país.

Monjita Chocolate. Migración de cabotaje. Dentro del país.

Al igual que el chorlo cabezón, se reproducen en el sur de la Patagonia y migran hacia el centro de la Argentina durante el invierno para evitar las bajas temperaturas.

Rutas migratorias de las aves argentinas

Muchas especies de aves migran siguiendo las costas oceánicas, mientras que otras lo hacen atravesando el continente. “En el continente americano, existen tres rutas migratorias para las aves: la del Pacífico, la del Atlántico y la mid-continental. En nuestro país, hay paradas estratégicas, como las de Punta Rasa, en la Bahía de Samborombón o la laguna de Mar Chiquita, en Córdoba, entre otras. Se trata de estuarios o lagunas, que son ricas en alimento”, cuenta Dodyk, cuyo trabajo central es coordinar las iniciativas de conservación que involucran aves migratorias en Argentina.

“Desarrollar estrategias juntas con colegas de otros países es clave: muchas de las aves que llegan a nuestro país pueden estar sufriendo amenazas en otras latitudes”, dice la especialista. Y explica que una de las medidas es colocar anillos en las patas de algunas aves migratorias para estar al tanto de sus recorridos.

Parada obligada. Las aves migratorias pasan por la laguna Mar Chiquita, Córdoba.

Parada obligada. Las aves migratorias pasan por la laguna Mar Chiquita, Córdoba.

Debido a la adaptación genética, es muy difícil que una especie abandone su condición de ave migratoria. Sin embargo, en los últimos años, los científicos han estado registrando cambios en las conductas de algunas especies.

“Muchos de los sitios de reproducción, los de descanso o los de alimentación, así como también las rutas migratorias, están sufriendo modificaciones. El cambio climático y ciertas actividades humanas, como el turismo masivo no sectorizado y el avance de urbanizaciones mal planificadas, entre muchos otros factores, pueden ser las razones que estén amenazando a las aves migratorias”, alerta Dodyk.

Esto se viene registrando con el playero rojizo y la becasa de mar. Ambas son aves migratorias de larga distancia y, desde hace algún tiempo ya, se están quedando a pasar el invierno en nuestro país.

Según el estado actual de conservación de especies en la Argentina, más del 10 % de las 48 especies de aves playeras, dentro de las cuales están el playero rojizo y la becasa de mar, registran un alto grado de vulnerabilidad y problemas de conservación.

Concluye Dodyk: “Todos podemos aportar nuestro granito. Cuando, por ejemplo, vayamos de vacaciones a la playa o otros humedales de nuestro país, sería ideal evitar el uso de vehículos sobre la arena y cuidar que nuestras mascotas no alteren a las aves”.



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