Más de 3,5 millones de muertes confirmadas a causa de Covid-19 se produjeron desde el inicio de la pandemia. En Argentina, ya son más de 76 mil. La crisis sanitaria diezma familias, grupos de amigos, equipos de trabajo y pone a la muerte en el centro de la escena. Un contexto en el que el proceso del duelo adquiere características diferentes, marcado por el aislamiento y las dificultades para las despedidas tal como las conocíamos.

«El duelo es una reacción emocional, física y espiritual en respuesta a la muerte de un ser querido. Es un acontecimiento de la vida que se convierte en un estresor de primer orden, considerándose que la muerte de un ser amado una situación muy angustiante a la que podés estar sometido», dice el licenciado en psicología Flavio Calvo.

El duelo puede provocar cansancio físico y psíquico, señala. «Es natural sentir dolor y angustia ante una situación de pérdida. «Para aceptarla es preciso realizar una serie de procesos, que muchas veces se hacen de forma inconsciente e involuntaria. Hay personas que no pueden realizarlas naturalmente, y esto da lugar a un duelo complicado, que puede tornarse un duelo patológico«, explica.

El duelo produce cansancio písquico y físico. Foto Shutterstock.

El duelo produce cansancio písquico y físico. Foto Shutterstock.

Cinco fases

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross describió cinco fases, o etapas frente al duelo: negociación, ira, negación, depresión y aceptación.

«La realidad es que cada ser humano es diferente, es individuo, y por lo tanto, no todos pasan y viven las etapas del duelo de la misma manera. No obstante, la aceptación de la pérdida es lo que permite elaborar el duelo y poder continuar. Al hablar de estas fases pareciera que se ubica a la persona en una posición pasiva frente a la pérdida, por lo que otros autores prefieren hablar de ‘tareas frente al duelo’ lo que la ubica en un rol más activo en el proceso de aceptación», plantea Calvo.

Cuatro tareas

¿Cuáles son esas tareas? El psicólogo las enumera:

1- Aceptar la realidad de la pérdida

«Esta tarea es la de afrontar la realidad de que la persona amada ya no está. Hay una diferencia entre la aceptación intelectual, es decir, el conocimiento que se posee sobre una muerte o pérdida, y aceptación emocional, en la que es necesario reconocer y vivir las emociones que la pérdida ha generado», dice.

Y añade: «Hay personas que niegan que se haya producido una pérdida o el significado que ésta supone para ellas, lo que hace que esta tarea sea más difícil. Cuando la pérdida no es el caso de una muerte, como puede ser, por ejemplo, una ruptura amorosa, la expectativa de que la persona vuelva, puede extender en el tiempo esta tarea, obstaculizando la elaboración del duelo. Por eso es conveniente aceptar la realidad de la pérdida y las emociones que genera».

2- Reconocer las emociones y el dolor de la pérdida

«Para poder elaborar las emociones generadas durante el período de duelo, se necesita ser consciente de cuáles son y es bueno permitirse sentirlas. Hay personas que no se permiten expresar o sentir algunas emociones que se perciben como difíciles de enfrentar, pero es importante manejarlas, como es el caso del dolor, la angustia, o el sentimiento de soledad. Otras emociones brotan más claramente, como la ira o el enojo», sostiene Calvo.

El profesional señala que durante el duelo se experimentan todo tipo de emociones, que no tienen siempre una lógica comprensible.

«Es necesario aceptar en todo momento los sentimientos, aunque a veces no parezcan lógicos, o se sienta que duele demasiado, o demasiado poco«.

Y aconseja: «Tal vez no te permitas sentir ciertas emociones, posiblemente por evitar la angustia, o por miedo al rechazo social. De todas maneras es preciso que reconozcas y trabajes todo sentimiento que estés viviendo».

Quienes no quieren reconocer sus sentimientos y emociones frente a la pérdida, muchas veces acuden a medicamentos, drogas, alcohol, intentando negar sus propias emociones o «apagarlas», advierte.

Recolocar emocionalente a la persona que ya no está, una de las tareas. Foto Shutterstock.

Recolocar emocionalente a la persona que ya no está, una de las tareas. Foto Shutterstock.

3- Adaptarse a un medio en el que la persona está ausente

Hay tres formas de adaptarse, afirma Calvo:

Adaptación externa: es decir, cómo influye esta pérdida en tu rutina diaria.

Adaptación interna: cómo influye esta pérdida en la imagen que tenés de vos mismo, en tu sensación de eficacia personal.

Adaptación espiritual: cómo influye la pérdida en tus creencias, valores y tus supuestos sobre el mundo.

«Para completar esta tarea, es sano aprender a asumir roles a los que no estás acostumbrado, desarrollar habilidades que nunca habías tenido y seguir adelante con un nuevo sentido de vos mismo y del mundo», dice el psicólogo.

4- Recolocar emocionalmente a esa persona y continuar viviendo

«La última tarea consiste en encontrar un lugar para la persona que se ha ido que te permita estar vinculada con ella, pero de forma que no te impida continuar con tu vida«, plantea el psicólogo.

«Esto significa priorizar lo que esta persona dejó en vos, dejando en un segundo plano lo que perdiste. No es renunciar u olvidar a quien murió, sino encontrar un lugar adecuado para él en tu vida emocional. Es común quedarse pensado en cuánto de vos se fue con esa persona, y lo importante es llegar a tener en cuenta cuánto de esa persona quedó en vos«, concluyó.



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