La culpa es aprendida. Desde que tenemos uso de razón nos enseñaron a tener culpa por comer un chocolate o una pizza. Algunos nutricionistas, el entorno de cada uno y la sociedad en general enseñan a tener miedo de comer cierto alimento por esa falsa creencia de que vas a engordar, cuando lo que modifica el peso es la frecuencia y la cantidad.

Cuando hay culpa es porque nos enseñaron a tenerla, por lo tanto hay que pedir ayuda profesional. El deseo va a estar siempre porque somos seres humanos y deseamos cosas que nos generan placer. Ahora, si esto es muy elevado y no podemos parar, habrá que ver la causa: puede ser restricción, hambre emocional, causas neurobiológicas.

La falta de placer hace que se genere el descontrol y desequilibrio en nuestras comidas. Si mi alimentación es aburrida y si encima no me doy esos gustos como una pizza con amigos o un chocolate cuando tengo ganas, viene el descontrol porque el cerebro no aguantará más. Ahora bien, hay desequilibrios neurobiológicos que hacen que la persona necesite «más dosis de comida» porque no llega a alcanzar el placer necesario. Pero esa es otra cuestión, que se trata junto con psicólogos y psiquiatras.

Por otro lado, tener antojos no se puede evitar. Los alimentos son recuerdos, placer, olores, momentos vividos. Ya conocemos lo que es por ejemplo un chocolate, y si nos gusta, claramente va a haber un antojo. No podemos evitar tener ganas de comer cierto alimento, y el evitar comerlo cuando se nos presenta el antojo, sólo hará que venga un descontrol posterior. Lo que le hace mal a nuestro organismo es el exceso. Si nos prohibimos, comeremos en exceso. Un alfajor no hace mal, comerme 15 claramente hará mal. Entonces, lo que hace mal al organismo es: un mal hábito, la restricción y la obsesión.

La restricción aumenta el deseo, dice Murcho. Foto ilustrativa Shutterstock.

La restricción aumenta el deseo, dice Murcho. Foto ilustrativa Shutterstock.

Para reconocer el límite entre el permitido y el exceso, hay que identificar el momento en que uno llega a sentirse mal, a tener distensión abdominal, cuando se da cuenta que no puede parar.

Sin embargo, para no caer en excesos, hay que sacarnos la palabra «permitido», ya que suena a algo malo, a esperar ese día para «transgredir», ya que así se genera el descontrol. Cuando uno sabe que puede comer, no va a comerse 12 medialunas, se comerá 2. Obviamente que el descontrol tiene como causa otros factores, pero acá estamos hablando de la restricción previa.

Qué es el craving 

El «craving» es el deseo irrefrenable por querer comer algo. Este término se usa mucho en las adicciones. Es ese deseo incontrolable por querer esa sustancia o alimento en ese mismo momento. La restricción aumenta el craving.

Llega a ser algo patológico cuando interfiere en nuestras vidas, como las personas que tienen atracones. Pero uno puede tener un deseo, comer ese alimento y seguir su vida normal. Otras personas con trastornos alimentarios, no pueden dejar de comer y necesitan ese alimento todo el tiempo.

Cuando todo gira en torno a la comida hay que pedir ayuda. Foto ilustrativa Shutterstock.

Cuando todo gira en torno a la comida hay que pedir ayuda. Foto ilustrativa Shutterstock.

Lo que dicen las redes sociales pueden influir en nuestras decisiones sobre qué métodos usar para vernos bien y aumentan la presión por la delgadez. En personas inseguras y vulnerables, estos mensajes pueden derivar en trastornos alimentarios.

Cuando la comida empieza a condicionar tu vida, cuando ves que solo pensás en qué comer y en qué no, cuando dudás mucho de si comer un alimento, o si después de comerlo necesitás usar un método compensatorio porque te dio culpa, es momento de consultar con un profesional. A veces ni siquiera hay que llegar a tanto. Si uno detecta que está empezando a tener pensamientos muy intrusivos con la comida y el cuerpo, es momento de pedir ayuda.

Por Agustina Murcho. licenciada en nutrición especializada en trastornos alimentarios.



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