No podemos seguir siendo los mismos en una vida diferente. Desde el inicio de la pandemia de coronavirus, caminamos por un mundo que no es el que era, pero tampoco es el que será. Es como si estuviéramos en un largo pasillo tal vez triste, sombrío, solitario y algo desolador, que nos lleva desde donde estábamos, hacia donde estaremos.

La incertidumbre se hace carne.

Tomar decisiones, por un lado necesario para cambiar el rumbo; y por otro lado, difícil por el gran desconcierto.

A su vez, tampoco nosotros somos los que éramos, y en muchos casos cuestionamos las verdades que nos rigieron y las formas de vida que adoptamos.

Sentirnos ya incómodos en la ex comodidad de nuestras dinámicas y vínculos, sumado a la necesidad de encontrarnos con «algo diferente», forma parte de un nuevo hábito en muchas, muchísimas personas.

Proceso de cambio

Estamos en el cambio. Estamos inmersos en este proceso movilizante y a veces doloroso. El dolor viene por la necesidad de «deconstruir» lo que hemos construido en nosotros mismos.

Es desolador tirar abajo los peldaños con los que nos hemos identificado tanto tiempo. Es desolador tirar abajo eso que creímos ser nosotros, o eso de lo que nunca habíamos dudado.

Pero que sea doloroso o difícil, no significa que sea malo.

A continuación, algunas pautas que pueden ayudarnos en el camino.

Observar sin juzgar

Es importante poder vernos, observarnos sin juzgarnos, incluso hacer un balance de nuestra vida hasta hoy (cómo nos hemos estado comportando, qué queremos sostener y qué queremos modificar).

Cuando hacemos este tipo de ejercicio, es clave, dejar de lado la culpabilidad y el «debí haber hecho algo que no hice». La culpa nos exige castigo, y si no hicimos algo diferente, pues no supimos hacerlo en ese momento.

El objetivo de observarnos es más bien saber dónde estamos parados frente a nosotros mismos. Y dónde debemos trabajar.

Qué se quiere sostener y qué modificar, una pregunta clave. Foto ilustrativa Shutterstock.

Qué se quiere sostener y qué modificar, una pregunta clave. Foto ilustrativa Shutterstock.

Maqueta del futuro

Por otra parte es importantísimo mirar hacia adelante y hacer «una maqueta» de nuestra vida futura.

Proyectar, planificar y decretar, pero atención con este punto, porque la maqueta de la vida que queremos deberá depender de nosotros, no podremos contar con condimentos que escapen a nuestra previsibilidad. Esto significa que nadie vendrá a salvarnos, y nadie vendrá a hacernos felices si es que no lo somos por nosotros mismos. Nadie nos dará la seguridad ni la alegría que no encontremos dentro. Y luego si, podemos compartir, pero desde nuestra abundancia del alma. 

Esta parte del ejercicio nos demanda dos puntos clave:

1) recuperar nuestro poder personal, ser los protagonistas de nuestra propia vida. E ir para adelante creciendo y potenciando nuestras habilidades tanto espirituales como profesionales. No importa qué hagamos, lo importante es el cómo y desde qué lugar estamos haciéndolo.

2) no menos importante, necesitamos hacer las paces con nuestro padre y nuestra madre.

Sé que muchos se preguntarán «¿qué tiene que ver?» Y mi respuesta es todo. Sin estar en paz con ellos (ya fuere que estén vivos o no, e independientemente de que en la historia familiar, haya habido drama o no) no podemos ver la vida con plenitud.

Estar en paz con nuestros progenitores significa aceptarlos, aceptar su vida, su historia; darles las gracias de corazón, por habernos dado la vida, y soltarlos. Con mucho amor mirarlos aunque sea en fotos. Y luego mirar siempre hacia adelante.

Especialistas suelen aconsejar escribir los deseos y planes de cambio. Foto ilustrativa Shutterstock.

Especialistas suelen aconsejar escribir los deseos y planes de cambio. Foto ilustrativa Shutterstock.

Preguntas

Otro tema no menor es actualizarnos. Cómo comenté antes, ya no somos los que éramos, pero nos cuesta a veces hacer el switch. Seguimos apegados a un viejo yo, a viejos vínculos, a viejas dinámicas que ya no nos representan. Y ahí nuevamente perdemos nuestro poder personal.

El hecho de preguntarnos una y otra vez por qué hacemos lo que hacemos, y si lo que pensamos o cómo actuamos, es nuestro o no, ayuda.

Lo que también ayuda muchísimo es preguntarnos ¿quién quiero ser? ¿cómo quiero que sea mi vida? ¿como quiero sentirme? ¿cómo quiero responder frente a ciertos estímulos que me descolocan? ¿Qué quiero para mí? y preguntas de este tipo, son las que ponen en funcionamiento a una parte del cerebro llamada lóbulo frontal, la actividad del lóbulo frontal se activa cuando hay una novedad. Y activar ese área es lo que también nos ayuda a actualizarnos y a identificarnos con aquello que queremos ser.

Nuevo hábito

Manos a la obra, vamos a anotar todo en un cuaderno. Recuerden que es importante la repetición. Si lo hacemos una sola vez, para el cerebro no existe. Necesitamos repetirlo hasta que se vuelva hábito.

*Anna Fedullo es terapeuta transpersonal e instructora de meditación y mindfulness. Forma parte del equipo de Comer despierto.



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