Juan Antonio Pizzi en el partido frente al San Pablo por la Copa Libertadores. Foto: REUTERS/Fernando Bizerra
Juan Antonio Pizzi en el partido frente al San Pablo por la Copa Libertadores. Foto: REUTERS/Fernando Bizerra (FERNANDO BIZERRA/)

Juan Antonio Pizzi comenzó con el pie izquierdo su ciclo en Racing. La vara elevada que había dejado el Chacho Coudet, acompañada de las hazañas de Sebastián Beccacece en el clásico con 9 y la inolvidable clasificación en el Maracaná frente al Flamengo, impusieron una presión inconsciente y colectiva que recayó sobre el nuevo entrenador.

Su primera presentación fue un espanto. Y se dio en la final de la Supercopa ante River en Santiago del Estero. La humillante goleada adversa ante el conjunto de Gallardo representó el puntapié inicial de un camino minado cargado de broncas, reclamos y chicanas. El doloroso golpe no justificó la sorpresiva reacción de algunos dirigentes, quienes liderados por el Oso Fernánez (uno de los responsables del Fútbol Amateur e Infantil) intentaron ingresar al vestuario con una actitud agresiva. El DT sólo había estado al frente en un partido y ya tenía a algunos miembros de la Comisión Directiva en su contra. La razón fue simple: la elección del estratega estuvo 100% a cargo del Mago Capria, reemplazante de Diego Milito en la Secretaría Técnica.

En todas las catástrofes hay víctimas. Y en la de Santiago del Estero, la principal fue Nicolás Reniero, quien había sido titular y de inmediato pasó a la lista de los marginados (en los últimos partidos ni siquiera integró el banco de suplentes).

El clima caldeado no mermó. Su debut en la Copa de la Liga también fue con derrota (2 a 0 frente a Banfield), en un choque que continuó cobrándose a los soldados de la vieja guardia. En el Florencio Sola las bajas tuvieron los nombres de Alexis Soto y Maximiliano Cuadra.

Los días pasaban y el malestar se instalaba con mayor intensidad. Los empates frente a Aldosivi (2 a 2) y Estudiantes (0-0) llevaron a que Juan Antonio Pizzi afrontara “su último partido” contra Rosario Central. Fue la primera vez que se habló de la posible salida del técnico si el equipo no conseguía un resultado favorable. Y los jugadores respondieron desde el resultado, pero no desde el funcionamiento. El gol de Enzo Copetti le dio una vida más al Macanudo.

Una seguidilla de victorias sirvió para que Pizzi recuperara un poco de oxígeno. Del mismo modo que contra el Canalla, la Academia le ganó a Platense y Sportivo Belgrano (por Copa Argentina) con mucho sufrimiento y sin merecerlo. Recién con Argentinos, en la sexta fecha, logró superar a un rival desde el juego.

Con su planteo inteligente ante River en el Monumental, el técnico consiguió algo más de crédito. De a poco comenzaba a darle forma a su proyecto. Sin embargo, en el siguiente encuentro frente a Godoy Cruz volvieron a aparecer los fantasmas que pedían su dimisión.

Así lo demostró Daniel García (vocal y presidente de las actividades amateurs del club) con su recordado grito de “¡Copetti de 9!” en el entretiempo con el Tomba, que provocó la bronca de los protagonistas que se encontraban en el campo de juego. “Cierren el culo”, había sido la respuesta de Gabriel Arias mientras se dirigía al túnel, acompañado de Darío Cvitanich, quien exigía silencio y tranquilidad al sector donde se encontraban los directivos .

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La división entre algunos miembros de la CD y el plantel era perceptible. Una situación nada recomendable en los días previos a disputar un clásico. Sin embargo, el grupo siempre se mantuvo unido y sacó adelante otro importante triunfo contra Independiente. Una victoria que se opacó por la pésima actuación de Mauro Vigliano, dado que los medios masivos de comunicación pusieron el foco principal en el penal que inventó el Chino Maggi y no en la producción de un equipo que se mostró claramente superior a su rival (sobre todo por lo hecho en el segundo tiempo).

El veranito duró poco. El punto con San Martín de San Juan por Copa Argentina (2-2), la derrota con Arsenal (2-1) y el decepcionante debut en la Copa Libertadores frente a Rentistas (1-1) volvieron a poner a Pizzi en el ojo de la tormenta. “Si no gana hoy, posiblemente deje el cargo”, fue la frase que se repitió en el Cilindro en la previa del partido con Colón por la undécima fecha del campeonato…

Otra vez los jugadores respondieron y vencieron al Sabalero con jerarquía (2-1); pero cuando llegó el choque con Sporting Cristal reaparecieron las interrogantes. A los peruanos le ganaron jugando mal (2-1) y cuando todo parecía indicar que la clasificación a la Fase Final de la Copa de la Liga se iba a dar ante Central Córdoba, Santiago del Estero volvió a convertirse en el peor escenario para Racing: derrota, decepción y bronca.

Como si se tratara de una película repetida, Juan Antonio Pizzi volvió “a dirigir su último partido” contra el San Pablo. La producción de la Academia (0-0) le dio continuidad a su proyecto que se confirmó definitivamente cuando superó a San Lorenzo en un duelo bisagra en la estadía del DT en Avellaneda.

Los goles de Chancalay confirmaron que el Macanudo por fin había encontrado el equipo. Confeccionar solidez en la defensa a base del sacrificio, darle mayor protagonismo a Piatti y ubicar a Cvitanich como acompañante de Copetti fueron algunas de las claves en el camino hacia la final. Para esas alturas Melgarejo ya no jugaba de lateral por izquierda, Rojas había perdido la titularidad, Juan Cáceres se había afianzado como cuatro y Mauricio Martínez se había ganado un lugar como volante central después de probar a Kevin Gutiérrez, Aníbal Moreno y Julián López.

Cuando tuvo que poner suplentes (como contra Sporting Cristal y San Pablo por la Copa Libertadores) el equipo respondió a la perfección para sumar dos victorias que le permitieron tomar el liderazgo de la zona.

Tanto con Vélez, en los cuartos de final, como con Boca, en las semifinales, Juan Antonio Pizzi dejó en claro su propósito: mantener el cero. Con esa fórmula acumuló un invicto de 7 partidos sin recibir goles en contra, una marca que Racing logró por primera vez en todo el profesionalismo. Si a ello se le agrega que la última vez que la Academia había eliminado al Xeneize de una competición nacional había sido en 1947, la hazaña del Macanudo cobrará mayor valor si finaliza festejando en el duelo decisivo ante Colón.

A la distancia, todo tiene más sentido. El propio entrenador había manifestado que le hubiera gustado tener más apoyo por parte de la dirigencia. También se había referido a “una campaña irrespetuosa y descarada” hacia su trabajo. Él sólo pedía tiempo. Y el tiempo le dio la razón. Ahora será el tiempo para que los hinchas, dirigentes y periodistas aporten su trozo de tela para comenzar a bordar la bandera que debiera verse en el Bicentenario de San Juan. La que diga “Perdón Pizzi, sos Macanudo”.

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