Entrevista a Debora Plager
Debora Plager en la intimidad de su casa, en entrevista con Infobae (Gastón Taylor)

Luego de haber vivido una experiencia única en Showmatch y de su decisión de no continuar en el histórico programa Intratables, a partir del próximo lunes 16, la periodista será la nueva incorporación de La Nación +, en el programa El diario de Leuco.

Débora nos recibe en la intimidad de su casa para hablarnos de este nuevo desafío. “Me encuentro en un momento de seguridad personal y de seguridad respecto de mi trabajo y en esa certidumbre encuentro un espacio para tomar decisiones con libertad”, dice.

En pleno proceso de instalación –apenas lleva dos semanas de haberse mudado–, la periodista recibió a Infobae en un luminoso piso en el barrio de Belgrano. Una sofisticada biblioteca se lleva todas las miradas del amplio living. Café y palmeritas de por medio, en una charla distendida, Plager habló de todo. Dura con la dirigencia política, lamenta la falta de estatura intelectual y de empatía con la gente. De Alberto Fernández dijo: “Además de haber quedado desempoderado, se ha ridiculizado él mismo en muchas ocasiones; es un presidente falto de autoridad”. Sobre la Argentina afirma que va hacia atrás: “Me parece que todos advertimos el país que pudimos ser y no somos”.

—¿En qué momento personal te encontrás hoy?

—En un buen momento. Yo lo decía a raíz de algunas notas que había hecho a propósito de mi diversificación laboral, porque estaba en un momento de mucha seguridad personal y que eso me daba mucha libertad para tomar decisiones. Creo que tiene que ver con la madurez, qué sé yo, con lo construido en la vida y en la profesión.

—¿Cuándo o qué situaciones te hicieron contar con esa seguridad?

—Quizás no fue algo de lo que yo me diera cuenta en un momento, pero cuando aparecieron propuestas laborales distintas como, no sé, La Academia, pasando por decisiones como cambiar de un trabajo a otro, lo hice con naturalidad, no me resultó complejo decidir. Cuando lo hice me di cuenta de que lo había hecho desde esa libertad, y yo uso mucho la palabra libertad porque a veces uno no tiene la libertad de elegir, porque no está seguro de las decisiones que va a tomar; y ahí me di cuenta de que lo hacía desde esa seguridad y desde esas bases sólidas construidas. Cuando transcurrió el tiempo y vi que las decisiones que había tomado habían sido correctas, adecuadas, dije “bueno, evidentemente sí, era ahí, era esa seguridad que yo tenía, estaba bien fundamentada”.

debora plager portada la academia showmatch
Debora Plager y su participación en la Academia

—¿Esa seguridad puede también deberse a que no le tema a las críticas?

—Puede ser. No sé si a recibir críticas solamente, sino a saber que no hay un precio por pagar por decisiones que uno tome un poco disruptivas, si querés. Yo sigo teniendo el feedback del otro lado de: “Débora ¿qué está pasando con tal tema de la actualidad, qué va a pasar en las elecciones, qué pasa con la economía?”. Eso sigue estando, la gente me sigue preguntando por eso, no por otras cosas, entonces logré conectar desde ahí, desde el oficio de periodista con la gente, y eso está.

—A días de haber dejado Intratables, ¿cómo le llegó la propuesta de incorporarse a La Nación +?

Estoy muy contenta de incorporarme a La Nación +. La propuesta me llegó por Juan Cruz Ávila después de que yo renuncié a América. La verdad es que participar junto a Alfredo Leuco de su programa, el Diario de Leuco, estar en el pase con Jonatan Viale, es un placer, porque los considero dos colegas muy prestigiosos y respetados. Y la idea para el año que viene es hacer más proyectos para esa pantalla. Así que estoy muy feliz, me siento muy honrada, realmente.

Entrevista a Debora Plager
(Gastón Taylor)

—¿Cómo empezó tu romance con los medios ?

—El amor por el periodismo no sé cuándo empezó, pero yo sí sabía que era por el lado de la comunicación, entonces siempre supe que era por ahí. Me gustaban mucho los idiomas, pensé en traductorado público, pero más ligado a lo político. Yo quería ser traductora de presidentes. Me imaginaba en la ONU, donde están todos los balconcitos con los traductores simultáneos, o en una reunión bilateral entre dos mandatarios y yo en el medio tratando de hacer la traducción. Me imaginaba ahí, pensaba en Ann Brown y en tantos famosos y famosas traductores y traductoras de esas situaciones tan importantes. Y después empecé a pensar en el periodismo… y ahí en ese tiempo empezó a ser una carrera, porque hasta entonces, cuando yo era chica y estaba en la secundaria, era un oficio, no había una carrera que la institucionalizara. Y yo venía de una familia en donde había que estudiar en una universidad y demás, y bueno, apareció la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires, y ahí me metí, y una vez que arranqué no paré más.

—¿Cuál fue tu primer trabajo?

Mi primer trabajo como periodista fue en Radio Rivadavia, hace como 25 años. Empecé como productora en el programa Sexta edición, de Enrique Llamas de Madariaga. Después trabajé un tiempo en el de la mañana que hacía Santo Biasatti en aquel tiempo, y luego empecé, de a poquito, a hacer móviles y me fueron dando la oportunidad, cada vez que Enrique de pronto no estaba o tenía que viajar, de hacer la conducción. El reemplazo de conducción, y ahí fue mi escuela, realmente fue mi escuela.

—Hoy conducís el programa Modo Plager en la radio que te vio nacer ¿cómo lo vivís?

—Estoy muy contenta, para mí Radio Rivadavia tenía un significado muy importante en mi vida y en mi profesión, y volver después de tantos años con mi programa es un honor, un orgullo, estoy feliz de hacer radio.

Debora Plager radio

—¿Cómo llegaste a la televisión?

—Mi primera experiencia fue en Canal 9, cuando Daniel Hadad compra el canal, hicieron un casting para el programa, El Primero de la Mañana, cuando no había muchos programas de noticias en ese horario. Fue uno de los primeros, y en ese contexto, que arrancaba muy temprano, a las 7 de la mañana, estaban buscando periodistas. Y yo fui al casting, me presenté, y quedé. Y bueno, empecé a cubrir Casa de Gobierno. Fue también un poco el momento en que decidí para qué lado quería perfilar mi trabajo, que era para la política.

—¿Cómo era hacer periodismo político en esa época, a diferencia de la actualidad?

—No sé si era muy diferente, el acceso a las fuentes siempre fue para nosotros los periodistas todo un tema. Cuando trabajás en la actividad política tener la posibilidad de que te reciban ministros, presidentes, funcionarios de Gobierno, legisladores, funcionarios de la Justicia para acceder a información de primera mano, eso siempre fue un trabajo complejo. Tratando siempre de tomar distancia del personaje con el cual te estás reuniendo para obtener información, porque ahí hay un doble juego complicado para nosotros los periodistas respecto del vínculo con la fuente; y al mismo tiempo lo que hay que evitar es dejarse operar por esa fuente. Poder tamizar información que uno recoge de cada una de ellas, eso me parece que no cambió, yo por lo menos sigo haciendo el trabajo de la misma manera que hace veinte años.

—¿Sentís que hoy en los medios hay más opinión que información?

—Sí. Hay más opinión que información porque se ha puesto un poco de moda esto del panel de debate, entonces todos opinamos ahí. Mientras que yo soy de las que prioriza la información, también, entonces me parece que el periodismo profesional tiene que estar basado en datos y tiene que fundamentarse en hechos. Cuando hay datos y hechos, no hay discusión posible, un vaso es un vaso, una mesa es una mesa, y esto sucedió y esto no sucedió. Después, una vez que corremos eso de la discusión, que no debería ni estarlo, está la opinión, y para poder opinar me parece que hay que tener un poquito de espalda en qué sostener la posición política, la editorialización o la opinión en el debate público.

—¿Cuándo te diste cuenta de que tu opinión tenía peso propio?

—Con el tiempo. Llegar a Intratables para mí fue un poco eso. Yo venía de hacer noticieros, y los noticieros, por lo menos en aquel tiempo, era menos la opinión y más la información. Entonces no estaba tan acostumbrada a ponerle mi impronta personal, si bien yo ya había estado en C5N, había tenido algunas experiencias interesantes en las que me di cuenta de que lo que venía conmigo, que eran mis opiniones, mis valores personales, mi ideología, podía ponerse en juego y era interesante. Había pasado en un cruce muy fuerte que había tenido con un doctor que estaba impidiendo la realización de un aborto en el marco de la ley para una mujer abusada y víctima de trata, y ahí, sin saberlo, porque era en vivo, empezó un cruce donde estuvieron mi opinión y mis valores puestos sobre la mesa, y fue muy interesante y tuvo mucha repercusión. Me pasó en el caso Ángeles Rawson, también, cuando sin saberlo terminé cruzándome con un perito de la causa que quería poner en la víctima una carga sexual en su vínculo con Mangeri, y entonces ya venía yo teniendo la posibilidad de poner algo mío en el momento de estar en un estudio de televisión. Pero cuando llegué a Intratables eso se potenció y estuvo atravesado, además, por mis posiciones políticas personales. Opino desde la defensa de valores, no cuestiones partidarias, y ahí me di cuenta de que lo podía poner en juego y de que eso generaba mucha identificación con el otro, con el público.

—¿Qué opinás de la dirigencia política actual?

—Cuando pregunto a los candidatos cómo están llevando este comienzo de campaña de elección de medio término, todos me refieren algo parecido: que cuando hacen las recorridas ven en la gente mucha apatía, mucho desinterés, decepción respecto de la clase dirigente en su conjunto; por eso me parece que va a ser una elección distinta a muchas otras que hemos conocido. Algunos incluso equiparan ese humor social con algún momento de 2001 a pesar de que la extrema polarización hace que los núcleos duros de cada una de las fuerzas políticas tengan mucha vocación de participar y de ir a votar. El resto de la ciudadanía creo que se encuentra en un momento de decir “bueno, a ver si alguna vez hay alguien que pueda resolver los problemas que tenemos todos los días”. Más allá de lo discursivo, hay muy pocas propuestas hoy en la campaña, yo todavía no escuché ninguna.

—¿Por qué pensás que la gente siente esa desilusión?

—Bueno, por los resultados de lo que hoy es la Argentina en materia de empleo, en materia educativa, en la manera en que está encarando la pandemia desde el punto de vista sanitario; la deuda educativa que tenemos; la falta de previsibilidad para tomar cualquier decisión económica. [La Argentina] es un país, realmente, que se ha desmodernizado, que ha involucionado en relación con otros países del mundo. Eso la gente lo advierte. Hoy con la globalización la gente puede saber sin necesidad de viajar siquiera cómo funciona el mundo, y la Argentina va hacia atrás, es un fenómeno realmente único de un país que se ha desmodernizado y desinstitucionalizado en muchos aspectos. Todos advertimos el país que pudimos ser y no somos, y se responsabiliza a la clase dirigente en su conjunto. Por eso me parece que hay cierta apatía y decepción respecto de la dirigencia política que, además, salvo algunas excepciones, es la misma desde hace muchos años, si ves hoy la oferta electoral… los personajes… hay muy pocos nuevos en de la vida pública.

—¿Qué te avergüenza de la política?

—La mezquindad, la falta de estatura intelectual. Tenemos pocos dirigentes con una formación sólida intelectualmente, con esa capacidad de estadista que hemos conocido a lo largo de la historia, y la falta de empatía con el otro. La dirigencia política, desde hace muchos años, se ha convertido en una suerte de burocracia, y hoy parte de la movilidad social ascendente en la Argentina es acceder a un cargo público, porque muchos de nuestros dirigentes hace 20 ó 30 años que viven solo de la política, que no han conocido lo que es buscar un trabajo o tener un emprendimiento y tener que pagar sueldos a fin de mes; eso los ha alejado de la gente. Están lejos de la problemática de la gente común.

—¿Qué opinás de la foto del festejo del cumpleaños de Fabiola Yañez en Olivos?

La imagen de Olivos es de altísimo impacto, porque es un signo de los tiempos, es la imagen de la flagrancia, de la eventual comisión de un delito por parte del propio Presidente de la República y de todas aquellas personas que compartieron esa reunión social. Marca que tenemos un Gobierno cuyos integrante sienten que no tienen las mismas obligaciones que el resto de los ciudadanos, que pertenecen a una especie de casta monárquica, que pueden hacer las leyes para que las cumplan los demás pero no cumplirlas ellos mismos. Es absoluamente violatorio tanto del artículo 205, que se utilizó para sancionar a muchos argentinos durante la cuarentena y también el DNU que impartió. Es realmente bochornosa, dolorosa, sobre todo para tantas y tantas personas que durante todo este tiempo no pudieron acercarse a sus seres queridos, no pudieron despedir a un familiar si tuvieron la desgracia de perderlo durante este año y medio, no pudieron abrir sus negocios, perdieron fuentes de trabajo. La verdad es que es una afrenta para todos ellos.

—Por tus trabajos conociste a Alberto Fernández antes de que fuese presidente. ¿Cómo era ese Alberto Fernández y cómo lo ves hoy?

—Alberto Fernández siempre fue un operador político, así se desempeñó cuando fue jefe de Gabinete del gobierno kirchnerista, y la verdad es que siguió siendo un operador político en el comienzo de su gestión. Hoy lo veo como una caricatura de aquel que fue. Realmente a mí me parece que el Presidente, además de haber quedado desempoderado en muchos aspectos, vinculados con el ejercicio de la primera magistratura, además de que se ha ridiculizado a sí mismo en muchas ocasiones, es un presidente falto de autoridad, falto de una carga intelectual sólida a la hora de comunicar. Es un Presidente errático en su discurso, que se equivoca cuando hace citas bibliográficas o referencias históricas; que puede decir que los argentinos descendemos de los barcos y los brasileños de la selva y al mismo tiempo está haciendo un discurso antinorteamericano porque cree que eso le puede dar algún rédito en su núcleo duro. Y después cambia radicalmente de posición cuando tiene que enfrentar alguna situación preelectoral como ésta y correrse al centro; poco creíble.

Veo a Alberto Fernández como una caricatura de aquel que fue

Creo que ha perdido la credibilidad, y al mismo tiempo creo que muchas de las decisiones que toma o muchas de las posiciones públicas que emite en su discurso son solo para agradarle a Cristina. A veces se excede en algunas posiciones sin siquiera que se lo pidan, solo para agradarle a la vicepresidenta. Y ahí hay algo que excede el análisis político, y tiene que ver más con el ámbito de la psicología o de la psiquiatría, de la estructura de la personalidad: cuando tomó algunas posiciones públicas convalidando las violaciones de los derechos humanos en la Nicaragua de Ortega, en la Venezuela de Maduro, en Cuba, condenando, cito textual, “el uso desproporcionado de la fuerza por parte del Estado de Israel”, sin hacer ninguna condena al grupo terrorista Hamas. Creo que estaba buscando agradar a quien lo eligió para el cargo que hoy detenta.

Alberto Fernández siempre fue un operador político, y hoy lo veo como una caricatura de aquel que fue

—¿Qué opinás de Cristina Fernández de Kirchner y qué pensás que piensa ella de Alberto?

—Es difícil decirlo, no sé, no hablo con Cristina, no lo sé. Ella debe pensar que pudo haber llegado nuevamente al poder sin necesidad de recurrir a Alberto Fernández. Alguna vez alguien cercano me dijo que lo había pensado, y al mismo tiempo creo que también Cristina es muy pragmática, y en ese pragmatismo entendió que en este proceso preelectoral necesitaba un Presidente un poco menos debilitado; entonces le estuvo dando un poco de juego en este tiempo, le ha permitido hacer o tener algún protagonismo en la campaña. Se vio en estos días en diversos actos, le permitió, cuando hubo vacantes en los ministerios, como Desarrollo Social, poner un hombre propio, y no tomar ese ministerio para gente de ella. Me parece que le está dando a Alberto un poco de plafón porque lo necesita, no solamente a los efectos de pasar este turno electoral de la manera más exitosa posible, sino porque le quedan dos años por delante.

Cristina entendió que necesita un presidente menos debilitado, por eso le permite tener algún protagonismo en la campaña

—¿Cómo ves a la oposición y quién es el líder?

—En el espacio opositor hay muchos que han mostrado su vocación presidenciable: desde Horacio Rodríguez Larreta hasta Facundo Manes, pasando por Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal. Lo dijo también hace unos días el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, “hay muchos en el espacio opositor que tienen vocación de ser candidatos a presidente”. Hoy me parece que eso está más centrado en la figura de Rodríguez Larreta, porque tiene una función ejecutiva de Gobierno, y porque ha mostrado en el armado de las listas que pudo, de alguna manera, correr la figura de Mauricio Macri del centro de la escena. Muchos nos preguntábamos si el parricidio político iba a ser posible, que era una condición necesaria para que Rodríguez Larreta pudiera eventualmente pensar en su carrera presidencial, y me parece que está en ese camino.

Entrevista a Debora Plager
(Gastón Taylor)

—¿Qué aprendiste de la pandemia ?

—Aprendí qué significaba la palabra resiliencia, esta capacidad de adaptación que tenemos los seres humanos ante las situaciones más diversas y más adversas e impensadas. Porque nunca nos imaginamos vivir una situación así. Aprendí a revalorizar el hoy, algo que era una frase hecha, un poco de moda, y yo la escuchaba, la veía, pero aprendí que es hoy entonces el momento para hacer menos proyectos a largo plazo; a decir “hoy tengo esto, lo disfruto, lo aprovecho, lo llevo adelante”, eso aprendí de la pandemia.

—¿Cómo es Débora Plager cómo mamá?

—Ay, no sé, creo que soy un poco controladora, bastante exigente, eso debe ser un poco plomo para mis hijos, pero bueno, trato también de hacerlo desde el amor, y cuando uno lo hace desde ese amor tan especial, absoluto y único que tiene por los hijos, creo que todo eso se perdona y los hijos lo entienden y abrazan a esa mamá un poco idishe mame que está siempre ahí preguntando todo, queriendo estar atrás de todas las cosas que hacen. Lo que más me gratifica es ver bien a mis hijos, que sean felices, que hagan lo que sea que elijan, y que eso los gratifique como personas, que puedan formar una familia, que estén bien.

—¿Cómo ves el futuro para tus hijos?

—Me preocupa que no puedan encontrar en Argentina un lugar para realizarse como personas y profesionalmente o laboralmente, porque es un país difícil la Argentina, me preocupa que Argentina no les dé las mínimas condiciones de seguridad para saber que si salen a tomar un café a una esquina y tienen un celular en la mano no los van a atacar o a matar para robarles. Me preocupa que no puedan encontrar esas condiciones de vida elementales, simples, no mucho más que eso.

—¿Tu propósito laboral?

—Lo que hice en este tiempo, casi sin proponérmelo, pero se dio así, es buscar una dualidad, una combinación que a mí me pareció interesante, que es combinar lo popular con mi trabajo profesional, periodístico, si querés, con un sesgo más intelectual, qué sé yo, más de formación personal. Y combinar eso, combinar lo popular con mi trabajo periodístico, si querés, más duro, y ahí lo hice, lo fui haciendo estando en un programa de los más populares de debate político en la tele, como Intratables en su momento. Haciendo magazines televisivos, trabajando con Mariano Iúdica, que entiende la cuerda de lo popular como nadie, y combinar siempre esas dos cosas.

Ping pong

—¿Alberto Fernández o Cristina Kirchner?

—Alberto Fernández es un blanco más fácil.

—¿Horacio Rodríguez Larreta o Macri?

—Y… Horacio Rodríguez Larreta es el futuro, y Macri creo que el pasado.

—¿Patricia Bullrich o María Eugenia Vidal?

—Bueno, ambas son mujeres muy interesantes, pero prefiero la moderación, María Eugenia Vidal.

—¿Sergio Massa o Máximo Kirchner?

—Bueno, no los conozco demasiado, pero creo que podría entender mejor la lógica de Máximo Kirchner, que sé siempre hacia dónde va.

—¿Hacia dónde va?

—Bueno, uno entiende que hacia el mismo lugar que le enseñó su madre, ¿no? Hacia los proyectos absolutos de poder.

—¿Facundo Manes o Diego Santilli?

—Es difícil, me parece interesante la figura de Manes, hablando un poco de la clase dirigente cuando decíamos “bueno, la mayoría ya estuvo”. Es algo nuevo, bueno, sí, es lo nuevo, le pondría una ficha.

—¿Gustavo Silvestre o Víctor Hugo Morales?

—Víctor Hugo Morales, porque su voz me cautivó siempre, y los relatos de Víctor Hugo, sobre todo el del gol a los ingleses, todavía me conmueven.

—¿Cristina Pérez o Luciana Geuna?

—Uh, dos grandes colegas, la verdad que me encantan las dos, pero tengo que elegir una, ¿no?

—Sí.

—Cristina Pérez.

—¿El mejor presidente que tuviste?

—Mirá, uno ha revalorizado en este último tiempo, justamente por los valores, que es lo que decíamos que quizá faltan, la figura de Raúl Alfonsín.

—¿Qué persona viva admirás más?

—Qué difícil, a quién admiro que esté vivo hoy, y seguramente algún ser anónimo, algún médico, no sé… Hace poco leí la historia de Sarah Gilbert, si no me falla la memoria respecto de su nombre, que es una investigadora británica que fue de las primeras que logró la vacuna o tener una vacuna hoy para el COVID, trabajando en Oxford. Y es mamá de mellizos, y bueno, tuvo una vida dura como científica para llegar al lugar que ocupa, y su historia me impactó.

—La Argentina es…

—La Argentina un país muy difícil.

Entrevista a Debora Plager
(Gastón Taylor)

Foto y video: Gastón Taylor. – Edición de video: Mariano Llanes.

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