Ese hormigueo en los dedos, la falta de fuerza para acciones cotidianas como abrir una botella; la imposibilidad de flexionar bien las extremidades o la pérdida de sensibilidad en la zona no siempre son atribuibles a una lesión pasajera o un mal movimiento. Muchas veces representan el llamado de atención de una serie de trastornos que afectan a las extremidades superiores y que, detectadas a tiempo, pueden mejorar su diagnóstico.

Lesiones como los quistes sinoviales, el síndromes del túnel carpiano, la enfermedad de Dupuytren, el dedo en resorte y la rizartrosis del pulgar se consideran las patologías más comunes que alteran el funcionamiento y la movilidad de las manos.

De diversa gravedad, «son producto de la repetición de un mismo movimiento de manos y dedos por largos períodos de tiempo, y de la consecuente inflamación de los tendones y nervios», refiere el traumatólogo Carlos Lupotti, especialista en cirugía de hombro, codo, muñeca y mano. En detalle, éstas son las cinco enfermedades más comunes: 

Quistes sinoviales

De aparición frecuente en muñecas y manos, estas tumoraciones de carácter benigno son de causa desconocida, aunque se los vincula con trastornos biomecánicos de las articulaciones y/o debilidades de músculos del antebrazo. Habitualmente contienen un líquido espeso o gel transparente.

«Pueden doler, y cuando eso ocurre llegan a provocar limitación en los movimientos de flexión y extensión de muñecas. Su tamaño puede variar según la actividad realizada, e incluso desaparecer de manera espontánea ante un mal movimiento o un esfuerzo», describe Lupotti.

Un examen clínico basta para diagnosticar esta patología, y determinar la ubicación y el aspecto del nódulo. El especialista también puede recomendar una imagen radiográfica para descartar que las articulaciones vecinas hayan sido alcanzadas por el trastorno, o bien una ecografía de la lesión en sí.

Generalmente, el tratamiento se basa en el control periódico del nódulo. 

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Síndrome del túnel carpiano

Con mayor incidencia en mujeres que en hombres (3 o 4 de ellas por cada uno de ellos), este trastorno se caracteriza por el adormecimiento, hormigueo o entumecimiento de los dedos pulgar, índice, medio y mitad del anular, y se produce por la compresión del nervio mediano a la altura del túnel.

De origen idiopático (espontáneo, de causa desconocida), se presume que pueden desencadenarlo aquellos factores hormonales que promueven la retención de líquidos, así como la repetición de movimientos y el uso de herramientas que vibran. Escribir con computadoras y utilizar el mouse periódicamente, tocar instrumentos o realizar ciertas actividades deportivas no han podido establecerse como «responsables» de este trastorno.

No obstante, la inflamación de los flexores (tendinitis) y/o la bursitis que pueden ocasionar estas actividades, llegan a disminuir el calibre del túnel carpiano y provocar síntomas.

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Son las mayores de 40 las más predispuestas a desarrollar esta patología. La predisposición congénita, el hipotiroidismo, la diabetes, la artritis reumatoidea y la obesidad, así como los casos de secuelas de fracturas de muñeca, menopausia o embarazo también pueden considerarse factores de riesgo para adquirir este trastorno.

A medida que avanza, el síndrome puede causar la pérdida de sensibilidad, fuerza y grandes molestias que aumentan durante la noche. Un diagnóstico precoz puede evitar estas molestias y trabajar sobre una terapia no quirúrgica (colocación de una férula nocturna que limite el movimiento de la mano, prescripción de antiinflamatorios o aplicación de esteroides). Caso contrario, es posible que la solución esté atada a una cirugía. 

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Enfermedad de Dupuytren

​Lo primero que se observa es una irregularidad en la piel o un nódulo duro con o sin molestias, que no son otras que las manifestaciones físicas de una fibrosis en la palma de la mano. Además, puede progresar hacia los dedos en forma de cuerdas que se palpan y que, con el tiempo, promueven la retracción y el cierre progresivo e irreversible de las falanges.

«Si bien habitualmente, afecta más al anular y al meñique, los demás dedos también pueden verse involucrados, y con el tiempo se vuelve imposible extenderlos de manera completa», detalla Lupotti. 

Para los especialistas, reconocer esta enfermedad se hace posible mediante el tacto y la observación del aspecto de las manos (si existen arrugas en las palmas o presencia de algún bultito compatible con nódulos).

En ese sentido, será necesario un tratamiento cuando sus síntomas no permitan al paciente continuar con su actividad normal, y provoquen dolor. Lo importante es controlar su avance, y para ello es útil una prueba casera que consiste en extender la mano e intentar apoyar palma y dedos abiertos sobre una mesa.

De recurrir a la terapia médica, una punción que descontracture el dedo, las inyecciones de enzimas que actúan sobre la tensión de la palma, o la cirugía en los casos más agudos se apuntan como las opciones recomendadas.

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Dedo en resorte o dedo gatillo

Es la patología en donde uno de los dedos de la mano se bloquea en posición flexionada. Se puede extender con un resalto, produciendo la sensación de un resorte, lo que da el nombre a la enfermedad. Si esto se produjera a repetición ocasionando rigidez o bloqueo, hay que consultar con el especialista.

«Algunos de los síntomas son bloqueo del dedo durante la noche y dificultad para extenderlo en la mañana. Los casos más avanzados se bloquean durante la mayoría del tiempo, y se produce un resalto al extenderlo. También se puede palpar un nódulo en la palma de la mano», menciona el traumatólogo. 

Su diagnóstico y tratamiento no revisten complejidad. La observación ocular de la zona, y la consigna de las molestias por parte del paciente permiten detectarlo. Descansar las manos, realizar ejercicios de estiramiento o entablillar el dedo durante la noche para mantenerlo extendido favorecen su recuperación.

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Rizartrosis del pulgar

Es común que esta afección se perciba con dolor en las actividades conocidas como “de pinza”, como lo son destapar frascos o retorcer. En algunos pacientes incluso hay deformación en la base de ese dedo. «Se alteran las superficies articulares, se pierde cartílago y, por lo tanto, hay deformidad, dolor, merma de fuerza y limitación de movimientos del pulgar al realizar la pinza», enumera el especialista.

Al igual que el túnel carpiano, suele ser más frecuente en mujeres. También las personas con antecedentes de fracturas o luxaciones en esta extremidad tienen más chance de desarrollarla, y de ver afectadas las articulaciones vecinas durante estadíos más avanzados. 

Durante una consulta, el médico buscará determinar si el cartílago está desgastado, si determinados movimientos producen dolor o causan chasquidos, al tiempo que investigará la presencia de bultos. Y puede apelar a una radiografía.

Las herramientas clínicas para tratar la artrosis del pulgar son similares a las de los demás trastornos, iniciando con un tratamiento alternativo a la cirugía mediante la indicación de analgésicos, el uso de férulas o la aplicación de inyecciones. El último recurso será el quirófano.



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