Es una de esas charlas que muchos padres intentan sortear la mayor cantidad de años posible pero que, empujada por la cantidad de información que circula libremente en internet y en los medios, y por la propia presión que imponen los pares, se torna cada vez más necesaria y urgente a edades tempranas. Y como en el resto de los tópicos que a educación y vínculos se refieren, lo ideal es que la primera vez que los chicos hablen de sexo, sea con quienes están a cargo de su crianza.

La recomendación es que, sea cual sea la edad del menor, al hablar sobre este tema no sea al pasar, sino dejar por un instante lo que se está haciendo y conversar con los chicos mirándolos a los ojos. «Así como se los cuida al cruzar la calle o cuando están enfermos, de la misma manera hay que enseñarles a cuidar su sexualidad, independientemente de la edad que tengan», menciona la Dra. Celeste Celano, médica pediatra y disertante de las charlas de Educación Sexual Integral (ESI) en escuelas de los tres niveles.

Descubrirse en la primera infancia

«Pero si todavía no sabe ni qué significa la palabra ‘sexo'», es una respuesta muy común a la consulta de los especialistas en niñez sobre cómo los adultos le plantean el tema a sus hijos durante la primera infancia. «Es necesario hablar de sexualidad, tan necesario como para prevenir problemas. Y hablar de sexualidad no es hablar de cómo se tienen relaciones sexuales, abarca una innumerable serie de sucesos que acompañan a lo largo de toda la vida», diferencia Celano.

Hablar de sexualidad es importante desde la primera infancia, y es una herramienta clave contra los abusos.

Hablar de sexualidad es importante desde la primera infancia, y es una herramienta clave contra los abusos.

Desde los primeros años de vida, los niños están en pleno proceso de descubrimiento. Durante el jardín de infantes se les debe hablar con oraciones cortas y con su lenguaje, contándoles sobre sus partes íntimas, tratando de llamarlas por su verdadero nombre y enseñándoles que nadie puede tocarlas, que ellos deciden quién puede mirarlos, por ejemplo, mientras se bañan o se cambian.

«Es en esta edad, cuando se perpetúan los abusos sexuales con más facilidad porque el niño no puede poner en palabras lo que le están haciendo. Muchas veces se recurre al famoso «esto es un secreto entre nosotros, nadie debe saberlo». Por eso, hay que generar una confianza tal para que, en el caso de que algo así suceda, ser los primeros a quienes recurran. Sin temor y sin vergüenza«, advierte la especialista.

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Igual de importante es enseñarles a respetar el cuerpo del otro, que no está bien tocar las partes íntimas de los amigos, a no compartir el baño y a no mostrarse desnudos.

Reconocerse durante la niñez

En el ingreso a la etapa primaria, el niño entra en un período que se denomina latencia. La sexualidad entra en un compás de espera y se desarrollan más los aspectos intelectuales y sociales. Por eso, no es habitual encontrar conductas sexuadas en ellos.

«En cambio, en torno a los 8 o 9 años pueden llegar a aparecer cambios corporales que muestren la presencia de caracteres sexuales secundarios, como el crecimiento de mamas y genitales», apunta la especialista.

Durante la pre adolescencia aparecen los primeros cambios corporales que despiertan inquietud en los chicos.

Durante la pre adolescencia aparecen los primeros cambios corporales que despiertan inquietud en los chicos.

Hablar de estos cambios sin pudores les ayuda a reconocer su propio cuerpo y a entender que están creciendo y que eso no es nada malo. Es en esta etapa en donde, sobre todo con las niñas, es importante conversar sobre la menstruación y todo lo que esta nueva etapa implica, pero sin generar incertidumbre. Más adelante también conviene incluir a los varones.

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Pueden surgir preguntas sobre sexualidad, del estilo “¿Cómo hice para nacer’” o “¿Cómo entra un bebé en la panza’”. Son interrogantes que hay que contestar con paciencia y verdad, en un lenguaje que comprendan, sin necesidad de abordar en detalle lo que implica una relación sexual. Y siempre responder puntualmente sobre lo que preguntan. Si uno se explaya en el tema, tal vez dé respuestas para las cuales aún no están preparados.

Adolescencia libre y protegida

Los años de secundaria son tal vez la etapa más difícil de abordar para los padres, por el simple hecho de que los chicos preguntan poco. Ya bastante incomodidad les generan sus cambios corporales, y tienen tantas herramientas para consultar, que las palabras de los adultos no las creen necesarias. «Eso es un gran error. Muchas veces, el exceso de información a través de internet promueve más deformación y es allí donde nos empantanamos», marca Celano.

El uso del preservativo es uno de los tópicos infaltables en una charla de sexo con hijos adolescentes.

El uso del preservativo es uno de los tópicos infaltables en una charla de sexo con hijos adolescentes.

En Argentina, la edad promedio de inicio de relaciones sexuales es de 14 años y 9 meses para los varones, y 15 años y 5 meses para las mujeres (según datos de la última Encuesta de Salud Sexual y Reproductiva (ESSyR), que data de 2013). Edades que año tras año están bajando considerablemente, lo que hace a esta conversación absolutamente imprescindible.  

Muchas veces, los adolescentes inician su contacto con el sexo por la vía oral sin saber que varias enfermedades de transmisión sexual también se contagian de esta forma. Desconocen la importancia del uso del preservativo como método de protección también para estas prácticas, y están más pendientes de evitar un embarazo que de contraer una enfermedad. No obstante, no en todos los casos lo logran, ya que uno de cada seis bebés nacidos en el país tiene una madre adolescente.

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«Pero no sólo hay que hablar del cuidado a través de métodos anticonceptivos y de barrera (preservativo), sino del amor propio. De que para que exista una relación sexual (sea cual fuere) tiene que haber consenso de las partes. Que nadie puede obligarlos a tener sexo ni a hacer cosas con las que no están de acuerdo», resalta la profesional.

Generar entrega hacia los hijos, seguridad en ellos mismos y en los padres es una tarea de todos los días. Brindarles herramientas de conocimiento no va a generar pensamientos morbosos ni los va a alentar a tener sexo de inmediato. Se trata, simplemente, de transmitirles confianza y regalarles amor. 



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