En las últimas semanas y a partir del terrible evento ocurrido en Villa Gesell -el homicidio del joven Fernando Báez Sosa a manos de un grupo de rugbiers-, surgieron distintos debates sobre la crueldad que pueden desarrollar algunas personas y la posibilidad de que ciertos deportes , como el rugby​, potencien esa actitud.

Empecemos diciendo algo simple pero contundente: el deporte (y en especial el de alto rendimiento) desarrolla habilidades de destreza, fortaleza y movimiento que aumentan claramente la posibilidad de hacer daño a otros. El brazo hábil de un tenista, las piernas de un karateca o el salto de un jugador de básquet no son los mismos que los de un no-deportista. Potenciado el músculo y la habilidad que éste tiene, más posibilidad de destrucción.

Pero no es sólo el músculo el que se desarrolla. La mente, en su estimulación continua en el deporte, en pos de alcanzar objetivos relevantes al juego, también se tonifica y se activa. Busca golpear más fuerte, ejecutar con más precisión, equilibrar más dinámicamente…o sea, le da fundamento al cuerpo.

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Cuando hacía karate en mis épocas de púber fui testigo de eso: muchos practicantes utilizaban sus nuevas habilidades en pos de pelear, desafiar a otros o experimentar la adrenalina de la violencia. Pero curiosamente otros fortalecían su autoconfianza, sentían más calma y hasta sus mentes estaban más enfocadas. Esos no peleaban.

¿Qué ocurría en uno y otro caso? Intentemos explicarlo.

Trascendencia y cerebro

El prolífico y excelso psicólogo Erich Fromm, psicoanalista y filósofo humanista también, dice que hay dos maneras de trascender: a través de la destrucción o de la creación. En el primer caso, la persona siente poder al imponerse sobre otro y eso lo hace encontrar un sentido (negativo, pero sentido al fin) y en el segundo, la persona desarrolla una actitud altruista hacia la sociedad que lo hace encontrar bienestar y reciprocidad.

Facundo Sava, profesional integrante de nuestro equipo de Alto Rendimiento en Train Your Brain Argentina y ahora técnico del club Quilmes, refiere a un filósofo, César Torres, argentino viviendo en Estados Unidos que va en el sentido de la trascendencia creativa de Fromm al decir que «es necesario y posible tomar al adversario deportivo como alguien que nos va a ayudar a ser mejores, que deberíamos agradecer eso y que así el deporte se transforma en tranquilizador y encuadrante” .

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Si tuviéramos que enfocarlo desde la perspectiva de la neurociencia podríamos decir, tal cual lo afirma Verónica Franco, neuropsicóloga de nuestro equipo, que «está en la naturaleza del deporte la competencia y su valencia ganar-perder. Depende de nosotros si educamos en una disposición pro-social de las personas con su función inhibitoria de la impulsividad y la agresividad, entrenando deportistas íntegros, o si por el contrario transmitimos la agresión y el triunfo a cualquier precio a los educandos”.

Natali Gumyi, psicóloga del equipo de Motivación Compasiva, manifiesta en esta misma línea que «el cerebro está diseñado para sobrevivir, no para hacernos felices, por lo que cuenta con mecanismos muy antiguos para lidiar con amenazas y aprovechar oportunidades que promuevan dicha supervivencia y reproducción de la especie. Contamos con ‘motivaciones’ que son estrategias y algoritmos innatos que hacen que dirijamos la atención a determinado estímulo e iniciemos una respuesta adecuada».

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Y agrega que «el modelo CFT (compassion focused Therapy) –que ella y su equipo desarrolla- hace hincapié en la importancia de la relación que surge entre nuestras motivaciones y emociones (competencias cerebrales antiguas) y las nuevas competencias (pensamientos) ya que del vínculo que surja entre ambas va a emerger una u otra versión de nosotros mismos».

De alguna forma, según lo que prevalezca en el deportista, si el cerebro más viejo o el más nuevo, será la respuesta. Entonces vamos llegando a una de las claves del tema.

No sólo el cuerpo, la mente también debe entrenarse.

No sólo el cuerpo, la mente también debe entrenarse.

Los formadores de los deportistas

La coordinadora de nuestro equipo de Alto Rendimiento, la psicóloga Andrea Vazquez, se pregunta: ¿Cómo pueden pasar estas cosas?¿qué es lo que nos pasa? ¿Qué hay que hacer para que no sucedan más?

Ella es psicóloga deportiva de las divisiones formativas del club Boca Juniors y comprende que todos estamos implicados en este tipo de conductas violentas en el deporte. Pero también considera que, claramente, la violencia no es exclusiva de este ámbito sino que es un patrón que atraviesa nuestra vida social en general.

«Tenemos que darnos cuenta que sólo por el camino de la amabilidad, la comprensión y la empatía vamos a lograr que esta cultura violenta, en la que prevalece el más fuerte, se puede cambiar. Es necesario transmitir a los niños y jóvenes valores diferentes», dice. «¡Hay que educar para el crecimiento, hay que educar para conectarse con las emociones y enseñar a gestionarlas«, enfatiza.

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Andrea considera que el rol de los formadores es fundamental: «Los formadores, docentes, profesores, técnicos, todos aquellos que tienen el privilegio de trabajar con jóvenes tienen el deber de transmitir no sólo conocimientos académicos o deportivos sino también el desarrollo de mentalidades altruistas, prosociales. Tenemos el deber de enseñarles valores de respeto, solidaridad, confianza, empatía, y por supuesto el valor que tiene la vida del otro. Esto no es exclusivo del rugby, es un problema de todos».

Pero: ¿cómo enseñar valores concretamente? Lo primero, lo que enseñamos en la práctica de la Atención Plena desde el inicio y siempre, es tener una Intención adecuada, altruista. Tener una intención de ese tipo implica valorar más procesos que resultados. Enfocarnos en competir bien, en superarnos, en desafiar nuestros límites sin poner mi objetivo en el otro. Si hiciera eso, estaría atando mi satisfacción a un número, a una estadística, y no a mi esfuerzo y mi intención.

Además, el formador debe valorar y alentar la expresión de conductas que fortalezcan el crecimiento y el aprendizaje e ir corrigiendo y haciendo reflexionar sobre actitudes y conductas de sometimiento, ventajismo y abuso de poder.

Ocurren miles de pequeñas situaciones en cada competencia que pueden ser expresadas de manera agresiva o amable. ¿Cómo actuaremos en ellas? Si le pego con la pelota a mi oponente en un partido de tenis: ¿me daré vuelta y me iré sin más al fondo de la cancha, o expresaré una disculpa sentida por ello? Si mi salto en un partido de fútbol me da la posibilidad de levantar un codo y de manera pícara lastimar a mi adversario a espaldas del árbitro: ¿lo haré o me privaré de eso?

Son miles las situaciones para corregir, cuidar, enseñar. El silencio cómplice de un formador exitista, la arenga despiadada de un entrenador obsesionado son alimento dañino para una mente en desarrollo. ¿Qué queremos cultivar? ¿Qué deportistas queremos entrenar? Es cierto que el entorno nos presiona a obtener resultados a cualquier costo, pero: ¿aceptaremos eso? ¿compraremos sin más?

Por supuesto, nos queda una matriz fundamental para completar el análisis: la familia del deportista. Es tan condicionante este espacio de formación, que amerita una columna aparte. Será en la próxima oportunidad.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de «Mindfulness, la meditación científica».



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