Un grupo de jóvenes de fiesta en Fort Lauderdale, Florida, en medio de la cuarentena (AP/Brynn Anderson)
Un grupo de jóvenes de fiesta en Fort Lauderdale, Florida, en medio de la cuarentena (AP/Brynn Anderson) (Brynn Anderson/)

En la lucha cotidiana contra la expansión de la pandemia de coronavirus en el mundo, las autoridades sanitarias y los expertos comenzaron a hablar de un nuevo problema: los jóvenes despreocupados. En efecto, la semana pasada, mientras las autoridades tomaban medidas para restringir las reuniones sociales, los bares y restaurantes de ciudades como Nueva York, Barcelona y Berlín se llenaron de jóvenes con ganas de divertirse, surgieron las “fiestas de encierro” ilegales en Francia y Bélgica, y los campus universitarios en los Estados Unidos se iluminaron para las “fiestas del fin del mundo”.

Hasta ahora, lo que se sabe sobre el virus es que la mayoría de los pacientes jóvenes de COVID-19 han experimentado síntomas leves o nulos, mientras que los casos más graves se concentran entre los mayores de 50 años. Los datos publicados la semana pasada por el Instituto Nacional de Salud en Italia, actualmente el país más afectado del mundo, muestran tasas de mortalidad que comienzan en 0% para pacientes de 0 a 29 años y alcanzan un pico de 19% para los mayores de 90 años. Sin embargo, los científicos dicen también que las pruebas han demostrado que los niños y los adultos jóvenes no son menos propensos que las personas mayores a infectarse y, más importante, a transmitir el virus.

De acuerdo con un artículo del Wall Street Journal publicado el miércoles, los expertos están cada vez más preocupados por la resistencia que están poniendo los millennials a las medidas de distanciamiento social, y afirman que el surgimiento de una división generacional sobre cómo se percibe la enfermedad podría echar por tierra todos los esfuerzos para frenar la propagación del virus.

Pese a las recomendaciones y las restricciones cada vez mayores de las autoridades en EEUU, Francia, Italia, España y varios países más, hasta el momento, opinan los expertos, los jóvenes no parecen estar escuchando. Cuando las redes sociales se llenaran de informes de que los bares y restaurantes estaban llenos en Nueva York, la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, de 30 años, se vio obligada a tuitear un mensaje a sus millones de seguidores.

“Para todos en Nueva York, pero ESPECIALMENTE personas sanas y personas menores de 40 años (que por lo que estoy observando que son quienes necesitan escuchar esto de nuevo) POR FAVOR, dejen de abarrotar bares, restaurantes y espacios públicos en este momento. Cenen en casa”, escribió.

Una pareja conversando en una parque de Miami (REUTERS/Carlos Barria)
Una pareja conversando en una parque de Miami (REUTERS/Carlos Barria) (CARLOS BARRIA/)

Lo ocurrido en la Universidad de Princeton, por caso, es uno de los ejemplos que preocupan a las autoridades sobre los comportamientos de los jóvenes. La semana pasada, después de anunciar que reemplazaría las clases presenciales por clases online, en el campus se vivió una explosión de reuniones y fiestas, según dijeron los estudiantes y el personal citados por el Wall Street Journal.

“La gente no estaba lista para renunciar a su estilo de vida sin un último festejo”, dijo Ben Weissenbach, un estudiante de inglés de Princeton que cuestionó lo ocurrido. “En un lugar realmente privilegiado como Princeton, ni siquiera tendemos a considerar la posibilidad de que explote nuestra burbuja”.

En un correo electrónico enviado a todos los estudiantes el viernes pasado, la universidad anunció medidas y sanciones más estrictas para quienes no cumplan las reglas, y agregó: “Estamos desanimados al ver que tantos estudiantes ignoran estas medidas de protección y se involucran en conductas disruptivas”.

En un despliegue de humor juvenil, el hashtag #BoomerRemover, un apodo para el nuevo coronavirus, apareció brevemente en Twitter el pasado fin de semana, haciendo referencia a “sacarse de encima a los viejos”, conocidos como “boomers”, reportó a su vez el diario económico.

En Europa, donde la vida social se está cerrando más rápido que en Estados Unidos, también surgió la brecha generacional entre los jóvenes -muchos de los cuales dicen que no temen al virus-, y sus mayores, incluidos políticos y científicos, cuya alarma sobre la enfermedad crece día a día.

En Berlín, el epicentro de las discotecas europeas, las autoridades ordenaron el cierre de todos los bares y clubes el sábado pasado. Sin embargo, muchos establecimientos ignoraron el decreto, obligando a la policía a cerrar por la fuerza a unos 63 establecimientos en toda la ciudad. La noche del anuncio, el bar del sótano Ernst en el moderno distrito de Kreuzberg estaba lleno de clientes que disfrutaban de la música electrónica. El domingo, funcionarios de salud de la capital alemana dijeron que creían que al menos 42 personas se habían infectado en los clubes de Berlín. Algunos de ellos salieron del club y propagaron el virus en otros ambientes.

La semana pasada, la propia canciller alemana, Angela Merkel, en su primera conferencia de prensa sobre la epidemia, instó a los jóvenes a respetar las nuevas restricciones sociales por el bien de sus abuelos. Pero a pesar de los retos y los excesos ocasionales, muchos jóvenes se enfurecen ante las acusaciones de egoísmo, explicando que las nuevas restricciones sociales son desproporcionadas y apuntan injustamente a su generación.

Gente joven en un restaurante de Ocean Drive durante la pandemia global por coronavirus (Joe Raedle/Getty Images/AFP)
Gente joven en un restaurante de Ocean Drive durante la pandemia global por coronavirus (Joe Raedle/Getty Images/AFP) (JOE RAEDLE/)

“Nos están previniendo de vivir”, dijo Timothée Thierry, un estadístico de 30 años de edad que trabaja en el Ministerio de Salud de Francia. Habló el domingo, después de que el gobierno cerrara los bares, pero antes de que se decretara la cuarentena obligatoria todo el país.

En Italia, que ha estado cerrada durante días, los jóvenes, especialmente los estudiantes, oscilan entre regresar a las casas de sus padres o permanecer encerrados en pequeños apartamentos, desesperados por una salida social. Una estudiante de la región del Piamonte, en el noroeste de Italia, dijo que salió a hurtadillas de su apartamento para asistir a una cena porque se sentía deprimida por los días de aislamiento. La fiesta estaba a solo 10 minutos a pie. Una vez allí, se unió a otras cuatro personas, bebió vino y compartió la cena con sus amigos. Antes de la medianoche, la policía llamó a la puerta y pidió las identificaciones y los números de teléfono de todos en el grupo. Ordenaron a todos regresar a sus hogares, advirtiéndoles que la violación a las órdenes quedaría registrada.

Otro de los testimonios recopilados por el Wall Street Journal es el de Mónica Rubio, una joven de 19 años que vive en Barcelona: “Si me enfermo, pasaré algunos días en casa para evitar contagiar a otros (…) De lo contrario, no cambiaré mi vida por eso. No puedo imaginar que la gente dejara de estrecharse la mano, besarse o abrazarse. Está profundamente arraigado en nuestra sociedad».

En Asia ha habido menos quejas de las autoridades sobre personas jóvenes que no respeten las reglas de distanciamiento social, pero con el epicentro de la pandemia ahora desplazándose a Europa, la sensación de urgencia en China ha comenzado a retroceder. Mong Kok, un concurrido centro comercial en el distrito Kowloon de Hong Kong, ha estado notablemente más concurrido que en las semanas anteriores, y muchos jóvenes intentan de a poco regresar a sus rutinas de fin de semana previas al coronavirus. A pesar de las grandes multitudes, muchos transeúntes todavía usan barbijos y mantienen desinfectante para manos cerca.

“Me quedé en casa por dos meses. Ya no me quedaré más», dijo Ryan, de 26 años, que caminaba con sus amigos por la avenida principal de la cercana Lan Kwai Fong, una serie de calles llenas de bares y clubes. “La vida continua”, añadió.

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