Una película suele tener un actor principal, uno secundario y también están los de reparto que acompañan con mucha fuerza a los protagonistas. Esta historia de resiliencia​, superación personal, de amor incondicional, de transformación, de nunca bajar los brazos y de seguir apostando por los sueños no se trata de una ficción. Es la crónica de un encuentro que cambió la vida de dos personas para siempre y un relato que inspira esperanza y fortaleza ante la adversidad.

El protagonista principal es Luis Ratene (53) que tuvo una infancia muy agradable en la ciudad de Rosario​. Como su papá trabajaba en el diario La Capital, todas las tardes le traía hojas en blanco, que al verlas él se entusiasmaba y las tomaba para hacer historietas, imaginando que lo hacía en el periódico. A veces, compartía su pasión con sus hermanas menores Marta y Marcela, mellizas, aunque a ellas les gustaba más pintar.

Los años fueron pasando y Luis comenzó a trabajar como iluminador, pero se apasionó con la posibilidad de filmar y terminó siendo camarógrafo en eventos sociales. Mientras tanto, como hobby lanzó una revista en la que fue editor, diagramador y hasta se ocupó de buscar la publicidad. Esa pasión que traía desde chico lo siguió acompañando en la juventud y en la adultez.

Vidas paralelas

A unos kilómetros de distancia vivía Andrea Guisen (37), una joven licenciada en Comunicación Social que a los 22 años había vivido una experiencia que la marcaría por el resto de su vida. Uno de sus hermanos, que le lleva nueve años, dirigía un grupo de adultos con discapacidad y una tarde le preguntó si podía ir a reemplazar a un tallerista. “Llegué y fue todo muy natural, sentí que algo me cambió adentro y eso fue irreversible. Sentí que a partir de encontrar al otro, me encontré a mí misma”, recuerda Andrea, a la distancia.

A pesar de que ya tenía un título, Andrea tenía las inquietudes de seguir estudiando por lo que se postuló para unas becas del CONICET y en 2008 realizó un Doctorado en Ciencias Informáticas, porque entendía que era una herramienta útil para la inclusión social. Y logró unir la comunicación, la discapacidad y la tecnología informática.

Cuando finalizó su beca, se dedicó a seguir investigando y se acercó a la UTN, donde está el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnologías Especiales (CEDITE) y empezó con una beca de investigación en 2017.

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El momento más duro de su vida

El 11 de octubre del 2012, Luis se encontraba esperando el colectivo a unas cuadras del salón en donde había filmado un evento. De pronto, un hombre lo sorprendió por atrás y lo golpeó fuertemente en la cabeza. A medida que transcurrían las horas y él no llegaba a su casa, sus hermanas comenzaron a preocuparse. Entonces, se comunicaron con un compañero de Luis y se enteraron que estaba internado en el Hospital Centenario de Rosario y que ya lo habían operado por un coágulo. Además, tenía hematomas importantes. “Le habían hecho un drenaje, estaba muy grave, los médicos no sabían cómo iba a quedar, el panorama no era bueno, estuvo internado en Terapia Intensiva durante tres meses, entubado, muy delicado. Luego, lo trasladaron al Hospital Español. No sabían si iba a poder caminar, a recuperar la memoria, nosotras estábamos desoladas porque no sabíamos cómo íbamos a enfrentar la situación. Las dos abandonamos nuestros trabajos para dedicarnos las 24 del día a cuidarlo”, recuerda Marcela Ratene, una de las hermanas de Luis.

Cuando en febrero del 2013 le dieron el alta siguió la recuperación en su casa. “Me acuerdo muy poco de ese momento porque lo tengo todo en el limbo, pero sé que mis hermanas me ayudaron mucho, todo lo que tengo hoy se los debo a ellas”, dice Luis.

Antes del robo que le cambio la vida, trabajando de camarógrafo.

Antes del robo que le cambio la vida, trabajando de camarógrafo.

Encuentro mágico

En enero del 2015, Luis fue trasladado al Hospital Geriátrico Provincial. Allí se encontró con la médica geriatra Nebil Goncharenco. «Él tenía requerimientos de todo tipo, solamente podía vestirse y alimentarse por sí solo. Para todas las otras actividades necesitaba de cuidados. La dependencia era importante», explica la médica.

Por iniciativa de la especialista, Luis comenzó a dibujar y de esa forma pudo expresar cuáles eran sus vivencias, hasta que surgió la posibilidad de presentarlo al CEDITE. De esa forma y por esas cosas del destino en abril del 2017 Andrea y Luis se vieron por primera vez.

“Cuando lo conocí, pedí que me permitieran trabajar con él porque sentí que había nobleza, humildad y mucha capacidad, pero percibía que él no se daba cuenta de todo eso. Me movilizó mucho el vínculo que yo sentí con él”, dice Andrea, mientras Luis asiente con la cabeza.

“Yo también lo sentí así, siempre esperaba que vinieras vos y cuando no estabas parecía que faltaba algo muy importante», le devuelve él a Andrea, mirándola a los ojos.

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En los dibujos, dice Andrea, Luis mostraba su proceso de duelo sobre quién fue y una sensación de no saber en qué iba a convertirse. Entonces, fueron ordenando esos trabajos para comenzar a cristalizar un relato. “De alguna manera trataba de respetar sus tiempos, todo lo que él dibujaba le parecía que estaba mal. De todo lo que él mostraba, yo destacaba ese poquito que era muy importante y que decía mucho sobre él, sobre su realidad. Yo trataba de que él pudiera verse en el espejo de sus dibujos y de subirle el techo porque él se veía muy limitado y con muy poca confianza en sí mismo, le costaba soñar en grande y ver la maravilla que podía transmitir”, se emociona Andrea.

“Cada vez que él daba un pasito más, yo lo registraba y de a poco fue animándose a más, todo lo que fuimos construyendo siempre fue de él, le decía que tenía mucho para dar, que era un gran artista y que iba a haber mucha gente a la que le iba a gustar”, agrega.

“Todos me ayudaron a reencontrarme conmigo mismo, yo veía que mis dibujos estaban desprolijos, malhechos, que les faltaba algo hasta que me di cuenta que como los hacía estaba bien. Sentía que me había hundido hasta que empecé a resurgir de a poco”, afirma Luis, que es usuario de silla de ruedas.

—Yo quiero tener una actividad productiva — le dijo una tarde Luis a Andrea.

—¿Y qué es una actividad productiva? —le preguntó ella.

— Hacer algo que al otro le interese, no quiero estar siempre en el lugar pasivo de recibir.

—Escuchá lo que acabás de decir, es muy interesante esto que estás pensando —lo desafió Andrea.

—Pero yo no puedo trabajar, no puedo hacer nada porque no puedo caminar, porque no me acuerdo de algunas cosas, me cuesta ordenar los elementos—se quejó él.

—No me hables más de lo que no podés. Decime qué es lo que podés hacer.

—Dibujar.

—Entonces vamos a dibujar, pero vamos a hacer de un dibujo un producto artístico, eso implica pensar desde el punto de vista comercial —le propuso.

Luis, en pleno trabajo.

Luis, en pleno trabajo.

Despertar a través de los dibujos

Enseguida pensaron en la posibilidad de lanzar unos fascículos de lo que luego se convertiría en “Chamuyo Profundo”. “La idea es que Luis tuviera una actividad productiva desde su lugar de artista”, sostiene Andrea.

“Yo vi en eso la posibilidad de tener un ingreso monetario, por eso me entusiasmó comenzar con este proyecto”, expresa Luis.

El primero de los fascículos es Ser o no ser (que relata el proceso emocional del autor), el segundo es Fuga de imagen (hace referencia a la relación del autor con los dibujos) y el tercero Del casco a la muleta (donde se puede apreciar la parte resiliente de Luis).

A raíz de todo este proceso creativo que vienen realizando en conjunto, Luis puede reencontrarse con lo que lo apasiona desde que era chico.

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A partir de este emprendimiento, Andrea y Luis participan en eventos culturales donde relatan el antes, el durante y el después de ese encuentro. Y aprovechan para vender los fascículos.

“A nosotros nos pareció una muy buena idea porque él se sentía muy seguro con Andrea, empezó a plasmar las cosas de otra manera. Ella le daba libertad, él sentía que no estaba tan atado y que podía expresar lo que sentía. Una vez le dije que no se dibujara en silla de ruedas, que se hiciera con muletas porque él podía ir más allá”, cuenta Marta Ratene, la otra hermana de Luis.

Luis, acompañado por sus hermanas y sus pilares en salud mental.

Luis, acompañado por sus hermanas y sus pilares en salud mental.

“Volver a caminar es lo que más me entusiasma”

A principios de año se sumó al equipo Jorge Cruces, acompañante terapéutico que desde 2001 trabaja en discapacidad. “Cuando empecé a ver sus dibujos me di cuenta de que se trataba de un trabajo de reconocimiento y de transformación después de un hecho traumático. Este proceso es de elaboración de lo que le pasó, de crecimiento y el último fascículo tiene que ver con cómo él pudo reelaborar lo que le ocurrió»-

 “Volver a caminar es lo que más me entusiasma en este momento”, se ilusiona Luis.

La doctora Goncharenco explica que ahora el objetivo es evaluar si se le realizará una cirugía o un tratamiento no invasivo para ver cómo es su respuesta. “La idea es que él esté sobre sus pies y ver cuánta marcha logra por sí solo”.

Cuando sale los viernes del hospital, Luis concurre a su clase de dibujo y luego pasa el fin de semana en su casa en el barrio Fisherton, acompañado generalmente por la cálida compañía de sus hermanas.



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