«Que nos suelten las riendas, pero nunca las manos.» Pedido a sus padres de una jovencita de 17 años

«Yo, como una boluda fascinada con mi hija de 12 años que había crecido tanto, toda potra ella, haciendo chistes con mis amigas, festejando como si fueran gracias de una nena chiquita, y ahora me enteró que es una hot-star en las redes. Le hice sin darme cuenta la producción general, fui la gestora de esto que hoy me parte la cabeza… Soy un desastre.» Confesiones de una madre que se dio cuenta tarde.

***

Informe de situación:

-Tiene ocho años y me enfrenta como si tuviera quince…¡la que me espera!

-Discute como si fuera un adulto, va a ser buen abogado.

-¡A los 15, con la nena, prepará la escopeta!

Cuántas veces escucho en mi consultorio padres y madres orgullosos que bromean con «las gracias de sus hijos».

Cuántas veces oigo adultos perder el norte de lo esencial, el acompañar a los hijos en el camino del crecer.

Estudié mi carrera en la UBA, año 1983. De lo que en aquel entonces aprendí hasta acá puedo concluir que: las etapas evolutivas comienzan cada vez más temprano en la infancia y terminan cada vez más tarde.

Púberes y adolescentes precoces, y como consecuencia del mismo fenómeno la salida de la adolescencia y la entrada a la adultez temprana se demora.

Al mismo tiempo, y este es un dato que suma, el aumento de la longevidad ayuda también a que la entrada a la tercera edad se postergue.

En esta sociedad, la fuente de la juventud eterna es el tesoro al otro lado del arcoiris y esto no es sin consecuencias.

Los "adolescentes precoces" suelen confrontar con padres y madres permanentemente.

Los «adolescentes precoces» suelen confrontar con padres y madres permanentemente.

Algunas de las características de un adolescente precoz:

✔Opina en la mesa familiar como si fuera un adulto más.

✔Tiene mucho peso en las decisiones familiares (cambio de auto, lugares de vacaciones, etc.).

✔Confronta a sus padres con absoluta impunidad.

✔Decide sobre sus tiempos y acciones sin importar lo que tiene que hacer, lo que importa es lo que quiere. Ya habrá tiempo de sufrir.

✔Se enoja con absoluta convicción y vehemencia cuando es contradicho por la palabra de sus adultos.

Todo esto es resultado de la acción u omisión de los padres en la crianza. La buena noticia: los padres y las madres pueden asegurarse tanto la crianza de hijos precoces que quemen etapas, o pueden hacer las cosas bien.

Entonces, ¿qué hacer y qué no hacer para evitar este fenómeno?
Ustedes eligen, tomen lápiz y papel.

4 cosas que padres y madres no deben hacer

1. Poner acento en los resultados y evitar que sus hijos atraviesen los procesos.

Lo que importa es que sea rápido. Vivimos en el mundo del todo ahora, no hay procesos, solo resultados; una especie de carrera contra el tiempo. Nuestros hijos sufren por eso.

La rapidez en los procesos de adquisición de conocimientos y habilidades es un trofeo.

«Adelgaza en dos semanas», «aprendé a ser feliz en dos semanas». Todo ya, venta directa de utopías líquidas. Los procesos de crianza no están al margen de esta cultura.

Los padres y las madres quedan en la trampa de la sobreestimulación y de apurar etapas obnubilados en lo porvenir en un exceso de futuro.

-¡Aprendió a caminar a los 9 meses!

-Tiene 4 años y ya lee.

-Habla como un nene grande, me muero de amor.

 Y celebran los padres, abuelos y tíos.

Carreras contra el tiempo, estimulando logros que llegan temprano en la marca evolutiva, pero que arrastran etapas que no son vividas.

Niños sobreestimulados, recibiendo un flujo de información mucho mayor del que pueden manejar.

El resultado, la precocidad que se celebra en los primeros años de vida se sufre en las etapas que siguen.

Los padres y madres se embelesan con la precocidad de sus hijos y después no saben qué hacer con el Frankenstein que ellos mismos crearon.

Hijos precoces, padres apurados. Los chicos hoy van muy rápido en cuestiones en las que deberían ir lento, y se atoran en otras en las que deberían tomarse un tiempo, respirar y disfrutar el viaje.

Montaña rusa acelerando la entrada a la pubertad y adolescencia y después se quedan sin nafta para entrar el mundo adulto.

Las etapas evolutivas comienzan cada vez más temprano en la infancia, afirma Schujman.

Las etapas evolutivas comienzan cada vez más temprano en la infancia, afirma Schujman.

2. Borrar la asimetría esencial del vínculo con sus hijos.

Son pares y no padres. Ya hablé en otras notas sobre el «síndrome de los padres copados», y esto es clave en la formación de niños y niñas precoces.

La posición de los adultos define la de los hijos. Si los padres se ubican como espectadores o «compinches», los hijos quedan literalmente huérfanos de figuras que los acompañen.

Una vez más, cerca para cuidarlos y lejos para no asfixiarlos.

3- Dejan que nenes y nenas accedan a toda la información que deseen a través de las apps y redes sociales.

«Me gustaba, pero no entendía nada de lo que pasaba.» (Muchachito de 11 años que le hackeó la cuenta de canales premium porno al padre)

Nuestra historia reciente como país sabe de tiempos oscuros, represión, oscurantismo, dictadura y muerte. En los años de genocidio la sexualidad era vivida como tabú, los cuerpos desnudos debían ser sancionados. Recuerdo en mi adolescencia las revistas eróticas cubiertas con papel negro, triste y siniestro ejemplo de la represión en todas sus formas.

En 1983, con la llegada de la ansiada democracia viene el destape, con oleada y vientos de Europa, la sexualidad y el erotismo empezaban a ver la luz en una sociedad silenciada y reprimida.

Bienvenida esa naturalización de un aspecto esencial y saludable de la vida humana. Pero hoy estamos en un punto complejo. Se han perdido referencias esenciales. Y los padres encogen hombros y dicen: «Estos son los tiempos en los que nos toca criar a nuestros hijos». En este contexto, el erotismo y los cuerpos desnudos han perdido todo misterio.

Y los chicos experimentan de manera compleja y peligrosa con su sexualidad y su genitalidad, al ritmo de las hormonas y no de las emociones.

La precocidad en los hijos es directamente proporcional al corrimiento de los adultos de la posición esencial como padres y como madres.

Es preciso hombres y mujeres, figuras de cuidado que marquen territorio y pongan límites: «esto todavía no, no hay apuro».

Es urgente acotar desde el cuidado el impulso de lo hormonal en beneficio de los tiempos emocionales.

Aunque tengan cuerpos de hombres y mujeres, siguen siendo nenes y nenas.

Los chicos sufren por la atención puesta en los resultados.

Los chicos sufren por la atención puesta en los resultados.

4- Viven en la adolescencia de sus hijos todo lo que no pudieron en la propia.

Una vez más el maestro Serrat: «Les transmitimos nuestras frustraciones en la leche templada y en cada canción».

Y este es el trampolín por excelencia para crear «lolitas» y «adonis», sin tiempos de espera, sin diques que pongan pausa en los impulsos.

Muchas veces en el intento de reparar viejas frustraciones los padres viven lo que no pudieron ellos a través de sus hijos. Tengan entonces especial cuidado los adultos en transmitirles frustraciones y vivir a través de ellos una segunda juventud.

«La adolescencia es una etapa sobrevalorada», dice mi amiga Giselle.

Es una etapa a la que queremos llegar temprano e irnos tarde. Y se convierte en arma de doble filo. Y en ese borde, nuestros hijos, ni más ni menos.

Hasta acá, todo lo que NO hay que hacer.

Los adultos son padres, no pares, subraya Schujman.

Los adultos son padres, no pares, subraya Schujman.

Caja de herramientas: 8 cosas que sí hay que hacer 

1-Crianza a fuego lento. Que los niños sean niños, que jueguen, que saboreen el viaje, y nosotros con ellos.

2-Mantener la asimetría esencial del vínculo. No somos pares, somos padres y madres.

3-Alentar la curiosidad infantil, para que experimenten saludablemente con sus cuerpos y el mundo exterior, para que desarrollen la pasión y las ganas de aprender.

4-Que jueguen juegos de niños. Y nosotros con ellos que también fuimos niños y niñas alguna vez.

5-Dejemos lugar para la sublimación, es decir, la canalización posible de aquellos instintos sexuales que no pueden ser llevados a cabo por uno u otro motivo. Hagamos lugar y propiciemos lo artístico, que pinten, bailen, canten.

6-Pongamos límites y no naturalicemos el disparate del «todos lo hacen», «todas van», «todos los hijos e hijas son así». Este es un triste consuelo para legitimar una realidad que podemos cambiar entre todos.

7- Dejemos en claro que siguen siendo niños, que pueden opinar pero que hay decisiones que no les pertenecen, y esto no es ser autoritarios. Es ser adultos y ejercer como tales.

8-Administremos la información que reciben nuestros niños. Hagamos control parental saludable y prudente de las redes sociales, seamos cuidadosos de la información que consumimos delante de nuestros hijos, parece que no ven pero están alertas todo el tiempo.

Que vistan ropa de grandes cuando sean grandes, que hablen como niños cuando lo son, no los disfracemos porque el costo no es menor y los exponemos a riesgos complejos, entre otros el crecer de golpe para después clavar los frenos y no poder avanzar.

En la línea de salida, cuando tienen 17 años y el trabajo de pasar al mundo adulto, quedan atorados porque les es imposible construir proyectos individuales ligados al trabajo, a la educación y al mundo afectivo.

En esta «montaña rusa» del crecer no han logrado adquirir las herramientas necesarias para lo esencial y una vez más, lo urgente tapa lo importante.

Crecer de golpe es una triste y peligrosa manera de crecer, y de algunos lugares, no se vuelve.

Somos responsables, somos adultos, somos los padres y madres.

Hagamos las cosas bien, podemos hacerlo, debemos hacerlo.

(Al pie de esta nota, en los comentarios, podés sugerir temas que te gustaría que abordemos en futuras columnas)

*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.

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