Escribo a este consultorio porque me siento muy avergonzado y no sé a quién acudir. Hace unos 2 años que empecé a tener experiencias sexuales. Soy un chico de 22 años y me gustan las chicas, pero cada vez que tengo una primera cita me pongo nervioso. No consigo disfrutarla ni estar relajado; todo el tiempo estoy pendiente de cuándo llegará el momento de tener que dar el paso del beso o de ir a la cama. Pienso que no sabré hacerlo, que no será lo que ella espera… y me bloqueo, me asusto, y evito toda posibilidad de que pueda haber sexo.

Esto me bloquea mucho, pero lo peor es que no lo hablé con nadie. No me atrevo a decírselo a mis amigos porque ellos siempre dicen que lo pasan genial y explican situaciones que para mí es imposible que ocurran. Me siento solo y perdido. Parece que soy un inepto en ese terreno. Gracias por la atención. Saludos.

Cuando hablamos de sexualidad, seguimos intentando aparentar que todo es maravilloso: somos los mejores amantes y tenemos relaciones pasionales y placenteras en pareja como las que se muestran en las películas.

Pocos reconocen sus limitaciones, fallos, dudas e inseguridades en la cama. Como si hacerlo fuera un motivo de burla para los demás o condicionase lo válido que uno es para el sexo. Parece que admitir una vacilación o un simple malestar en el terreno sexual suponga una debilidad como persona. Pero tal vez deberíamos planteárnoslo justo al revés: ser capaz de mostrar vulnerabilidad y exponer los puntos sensibles de uno mismo es signo de una gran fortaleza de carácter.

En consulta me encuentro habitualmente con pacientes que me cuentan vivencias de este tipo. Muchos de ellos afirman sentirse “raros” y creen que a nadie le pasa lo que a ellos les ocurre en el terreno íntimo. Se sienten muy solos por no poder compartirlo y por no conocer casos similares al suyo en su entorno. Pero en realidad, quizás hay más de los que nos imaginamos.

Huir de expectativas imposibles

Todas estas presiones provocan que la sexualidad no se afronte con normalidad. Mostramos un falso ideal que fomenta el engaño y la ocultación de la verdadera sexualidad. Bastaría que intentáramos hablar de los aspectos relativos al sexo con naturalidad y honestidad. Esto implicaría un gran cambio en la forma de vivir el sexo y de pensar en él, reduciría las expectativas imposibles y permitiría una comunicación cómoda y sincera que ayudaría a la conexión con la pareja sexual y al bienestar mutuo.

Se sigue sin educar en el sexo, en el afecto y en las emociones y esto pasa factura. Lo que más preocupa a la mayoría es “no dar la talla”, no ser un buen amante, no cubrir ese ideal irreal. Eso provoca una elevada presión, no dejarse llevar y una mala vivencia que fomenta la inseguridad. Muchas de las dificultades que veo en terapia parten de mitos y estereotipos idealizados que provocan una exigencia imposible de cumplir, desencadenando disfunciones sexuales.

Una buena comunicación es clave. Foto: ilustración Shutterstock.

Una buena comunicación es clave. Foto: ilustración Shutterstock.

Bueno o malo dependerá de con quién

Cada vez más, estamos fomentando socialmente modelos sexuales perfectos. Definimos qué significa ser una persona “sexual”, ser “bueno en la cama”, saber conquistar o ser atractivo. Todo ello genera unos patrones estrictos de lo que se supone que es apropiado y lo que no lo es desde el punto de vista de la sexualidad. Esto, en vez de liberarnos nos atrapa, nos condiciona y nos anula, porque si no entrás dentro del canon establecido ya no sos válido.

En realidad, la sexualidad no es algo que deba estar sometido a pautas. Ser “bueno” o “malo” en la cama dependerá de con quién conectes, si compartís gustos y estilos similares con la persona con la que compartís momentos íntimos o no.

Por ende, debemos dejar de vender una idea irreal de la sexualidad en todos los sentidos. Nada es correcto o incorrecto por definición, ni nadie es un buen o mal amante en cualquier circunstancia. Pero lo más importante es ser capaces de compartir, mostrar de forma honesta la propia vivencia de la sexualidad, normalizar nuestras limitaciones, dificultades y malestar en la actividad sexual. Porque si nos dedicamos a hacer lo que toca o a mostrar lo que parece correcto, estaremos viviendo una falsa sexualidad y no dejaremos de experimentar la infelicidad en ese terreno.

© NÚRIA JORBA Sex coach, sexóloga clínica, terapeuta de parejas. LA VANGUARDIA.



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