Primero fueron 15 días, a los que el anuncio del presidente Alberto Fernández la noche del domingo le sumaron otras dos semanas, y a las que, supeditados a la evolución del coronavirus en el país, hasta se le podrían sumar otras más. El aislamiento social preventivo se alarga, y saber que la limitación de movimientos no se resolverá pronto supone una vuelta de tuerca más a momentos ya cargados de tensiones, miedos e incertidumbres.

Lo que algunos vislumbraban como unos días diferentes, excepcionales, trabajando en casa o de mini vacaciones, lejos están de serlo. Y cuando la excepción se convierte en norma, la curva de estrés se altera, juntos a las emociones y sentimientos, y la experiencia se transforma. Ver una serie en modo maratón está bien, pero la segunda comienza a hacerse pesada. Y hasta esos memes que llegan por Whatsapp y que tanto divertían al estreno de la cuarentena, ahora empiezan a cansar. 

“Hemos de aceptar que cerramos una etapa, la de la respuesta inicial al confinamiento, y entramos en otra, de mantenimiento, donde debemos seguir adaptándonos”, afirma Rafael Penadés, vocal de la junta del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña (COPC), y miembro del servicio de Psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona. 

Pero, ¿cómo adaptarse? ¿qué estrategias son útiles para afrontar una situación que no sabemos cuándo acabará? “Lo mejor es no aventurarse a pensar cuánto durará el aislamiento o qué vendrá después; lo más adaptativo es fijarse metas según la información real, según las fechas que nos van imponiendo y buscar cómo gestionar y organizar estos próximos 15 días”, dice Oscar Asorey, psicólogo de Isep Clínic Reus.

Rafael San Román, psicólogo, subraya que no hay una receta única en estas situaciones. “A las personas controladoras, por ejemplo, les irá bien tener una fecha, y como nadie les puede decir el día que acabará, se la pueden ir marcando ellos, de día en día o de semana en semana, porque eso les ayuda a poner orden en el caos; en cambio, hay personas más flexibles y espontáneas que van fluyendo día a día”.

Acotar objetivos

Penadés opina que la máxima en la actual situación es pasar de preocuparse a ocuparse, y para ello no importa la fecha sino acotar objetivos a largo, corto y medio plazo. “Hemos de hacer lo posible para no estar todo el día preocupados, y eso pasa por ocuparnos de lo que podemos hacer, y no por lo que no podemos resolver, como saber si esto durará semanas o meses; preocuparnos de lo que no podemos resolver solo nos va a hacer daño”, advierte.

En tiempos de aislamiento los objetivos deben ser acotados, así como lo son nuestros recursos. 
Foto Juano Tesone

En tiempos de aislamiento los objetivos deben ser acotados, así como lo son nuestros recursos.
Foto Juano Tesone

Su consejo es «distinguir las preocupaciones en el corto plazo (planificar el día, comidas, trabajo y aquellas cosas que puedes resolver), el medio plazo (ver qué cosas puedes ir avanzando de trabajo o para resolver los pagos pendientes), y el largo plazo, y estas últimas aparcarlas y dejarlas en suspenso porque no sabemos qué pasará”.

Sustituir emociones

El especialista cree también que es hora de empezar a controlar los sentimientos negativos que provoca la crisis del Covid-19. “Podemos sentir inseguridad, falta de confianza en el futuro, dificultad para concentrarnos. Son sentimientos normales, pero hay que dejarlos pasar porque luchar contra ellos no es efectivo y recrearnos en ellos nos va a hacer daño”. Y aconseja que cuando surgen esas emociones negativas, las aceptes pero hagas cosas para sustituirlas: darte una ducha, hacer ejercicio, escuchar música, preparar la cena. Cualquier cosa menos quedarse anclado en ellos.

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Asorey apunta que una de las emociones que sin duda surgirá a medida que el aislamiento se alargue es la frustración. “Sentirse frustrado es normal e incluso sano: nos puede ayudar a reaccionar y a preparar un nuevo plan de confinamiento” para estas dos próximas semanas que nos quedan por delante. 

Enfatiza, además, que vinculamos confinamiento con emociones negativas pero también puede ser un buen momento para experimentar emociones agradables (estabilidad, ilusión) derivadas del reencuentro con la familia y del contacto digital con el grupo social.

La extensión de la cuarentena supone un desafío que debemos aprender a canalizar, y que tendrá sus altibajos. 
Foto: Rolando Andrade Stracuzzi

La extensión de la cuarentena supone un desafío que debemos aprender a canalizar, y que tendrá sus altibajos.
Foto: Rolando Andrade Stracuzzi

San Román puntualiza que la evolución de las emociones no sigue una pauta lineal –hay días buenos y días malos – y depende tanto de nuestra personalidad o subjetividad –“cuanto más controladora, miedosa o rígida sea la persona peor lo va a llevar, y cuanto más flexible, alegre o tranquila, mejor asumirá los cambios”–, como de las circunstancias y la experiencia de cada uno.

Y en eso coinciden los psicológos: esta situación de emergencia nos pasa y pasará factura a todos, pero hay colectivos más afectados, como las personas con trastornos mentales previos, aquellas cuyo trabajo o fuentes de ingresos están comprometidas, las que están enfermas, tienen a alguien cercano ingresado en una clínica o las que lo pasan solos.

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“La experiencia interna depende de cada uno y sus circunstancias, y hay que dejar espacio para que cada individuo se vaya transformando. Unos empezaron preocupados y se van relajando, otros arrancaron animados y se van desesperando conforme pasan los días”, reflexiona San Román.

El reto, dice, es aprender a manejar la indefinición relativa en cuanto a plazo. “Con las luces cortas no vemos una fecha concreta para que esto acabe, pero, si ponemos las luces largas, sabemos que tiene un límite, que no va a durar seis años, y eso hay que recordarlo para tranquilizarse“, enfatiza.

Para ese tranquilizarse y ocuparse en lugar de preocuparse, los psicólogos consultados también plantean algunas estrategias y consejos útiles.

Rutinas y obligaciones

La primera recomendación para afrontar esta fase de prórroga aislados, y las que puedan llegar en el futuro, es fijar rutinas y obligaciones. Quizá nos sirvan las que hemos aplicado los últimos 15 días o quizá hayamos de adaptarlas, dependerá de cada uno y sus circunstancias.

Mantener las rutinas de sueño, trabajo y tiempo libre, aunque adaptadas, es la manera más saludable de pasar la cuarentena. 
 Foto: Shutterstock

Mantener las rutinas de sueño, trabajo y tiempo libre, aunque adaptadas, es la manera más saludable de pasar la cuarentena.
Foto: Shutterstock

Lo que tienen claro los psicólogos es que es necesario organizarse, porque tanto si cumples home office como si no, tu día a día debe tener una estructura mínima de horarios de higiene, sueño, comidas, obligaciones (es importante mantener la casa limpia y en orden para facilitar las cosas y sentirse cómodo, que el espacio sea agradable) y ocio.

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“No es un periodo de vacaciones ni un fin de semana largo, así que hay que llevar un ritmo de vida “normal”, no ser totalmente permisivo: hemos de trabajar o estudiar y, si no se tiene trabajo, realizar alguna actividad que tenga que ver con el desarrollo laboral o personal, y luego reservar un rato de ocio, de actividades placenteras, y otro de vida social”, dice Penadés.

No aislarse

La segunda estrategia básica que destacan todos los expertos consultados es no aislarse. “Hablar con compañeros, con amigos, con familiares; compartir sentimientos y pequeñas planificaciones personales o laborales ayuda”. Las redes sociales y las videollamadas (ver caras y oír voces) pueden ser un gran espacio de apoyo emocional estos días.

Las videollamadas acercan mucho porque son en tiempo real, y favorecen la sensación de contacto inmediato.
Foto: Shutterstock

Las videollamadas acercan mucho porque son en tiempo real, y favorecen la sensación de contacto inmediato.
Foto: Shutterstock

“Tenemos vinculada nuestra vida social a salir y al tiempo de ocio, y eso nos limita; pero las redes y las videollamadas pueden ser un buen espacio para escuchar preocupaciones e inquietudes y descubrir cosas de nuestras relaciones familiares y compartirlas”, comenta Asorey.

No pretendas ser un «súper confinado»

El tercer consejo es “hacer todo eso que cuida de ti”, en palabras de San Román, que es partidario de centrarse estos días en las cosas que nos sientan bien y no hacer aquellas “que nos ponen malos” para no añadir tensión a la situación.

Durante el periodo de confinamiento uno no debería esperar ni pasarlo muy bien ni tampoco vivir una tortura. Todo dependerá, dicen los psicólogos, de lo que cada cual tenga en casa, porque habrá personas con problemas y circunstancias graves y otros no. La situación es nueva,caótica, sufrirá nuevos giros y debemos sobrellevarla.

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“No hay que exigirse ni caer en la fantasía de que tengo que ser un héroe de mi propia vida y he de aprovechar este tiempo al máximo y leer 15 libros, seguir clases online. No, no hace falta ser superconfinado; no hay por qué meterse tensión extra en una situación que ya es tensa; no hay que aprovechar el tiempo, es una situación desagradable, se pasa mal y hay que aguantarse, no pretender imposibles”, sentencia San Román.

“No se trata de crear un espacio lleno de novedades, sino de mantenernos activos sin más, con lo que nos gusta; no tengo por qué aprender a programar robots si lo que me gusta es leer; exigirnos para hacer cosas super nuevas y constantemente atractivas puede convertirse en fuente de estrés, y si algo hemos de evitar ahora es al estrés”, coincide Oscar Asorey. La receta, dice San Román, es “haz lo que te siente bien y no te machaques; si ver mucha información sobre el Covid-19 te pone mal, cambiá de canal; si hablar con amigos te va bien, dedicate a eso”.

Equilibrá ocio y trabajo

En ese capítulo de cuidarse física y mentalmente para sobrellevar mejor la prórroga del confinamiento, los psicólogos remarcan la necesidad de dividir los tiempos y los espacios de obligaciones y ocio. Aseguran que tan negativo resulta pasarse todo el día con el home office como «no haciendo nada», viendo series o videos por las redes sociales o enganchado a videojuegos. “Hay que equilibrar ocio y responsabilidad”.

Equilibrar ocio y tiempo libre, clave para no desgastar ni la salud física ni la emocional.
Foto: TELAM

Equilibrar ocio y tiempo libre, clave para no desgastar ni la salud física ni la emocional.
Foto: TELAM

“El día tiene 24 horas, y excedernos de ocho de trabajo es una barbaridad siempre y en estas circunstancias más todavía. Si te pasás el día enganchado al trabajo, comiendo y pensando en ello, ese ritmo no lo vas a aguantar; te pasará factura”, advierte Rafael Penadés.

Y advierte que lo mismo ocurre si te pasas de tiempo libre, si no tenés que trabajar y te pasas el día sin “obligaciones”. “El ocio es algo excepcional, no puede ser un continuo; si no tenés trabajo o no podés desarrollarlo desde casa, dedicá una parte del día a alguna actividad que tenga que ver con el desarrollo personal o laboral, es muy importante”, insiste.

Recordá que tiene un sentido

Otra recomendación para lidiar con el encierro que impone el aislamiento preventivo es darle un sentido a toda esta situación. Y eso es más fácil, dicen los expertos, “si recordamos que tenemos un papel activo, que cada vez que cumplimos las órdenes y recomendaciones de confinamiento e higiene estamos contribuyendo al bien común”, a poner freno a la pandemia y a evitar muertes.

En esta línea el reencuentro familiar “forzoso”, incluso los conflictos de convivencia que surgen estos días en los hogares entre padres e hijos, entre hermanos, con la pareja, también pueden verse como una oportunidad de mejorar a nivel personal y familiar y de desarrollar nuestras habilidades relacionales, agrega Asorey.

Autocontrol: no alientes al mal ánimo

Otra estrategia muy útil es “no contribuir al malhumor”. Y eso vale en casa para las relaciones familiares, pero sobre todo, como apunta San Román, también en las redes sociales y en el contacto de todo tipo con familia, amigos y conocidos a través de grupos de Whatsapp.

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“Seamos constructivos y útiles, no nos calentemos unos a otros, no añadamos tensión social ni emitamos contaminación en forma de noticias falsas, de información absurda, de insultos. Las caceroladas no consuelan moribundos ni fabrican mascarillas y sí crean tensión. Las conversaciones en tono de broma, el insultar, no aporta, y lo que no aporta, estorba, dificulta”, apunta el psicólogo.

Por eso insta a integrar en la rutina del “buen confinado” el extremar el autocontrol, el diferenciar entre el sano desahogo y la destrucción. “La indignación, el quejarse tiene su sentido, pero no debemos convertirlo en destrucción”, concluye.

S.O.S Ayuda

Por último, si la preocupación o ansiedad que acompaña a esta experiencia de la cuarentena nos desborda o no sabemos cómo gestionarla, es importante pedir ayuda especializada. Un buena cantidad de centros de atención psicológica y de asociaciones de referencia, muchos de ellos especializados en trastornos de ansiedad, están ofreciendo en el contexto de la pandemia asistencia gratuita a través de diversos soportes: redes sociales, líneas telefónicas y Whatsapp. 

Fuente: Mayte Rius para La Vanguardia



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