FILE -- Robbie Bell, 75, left, jokes with her friends Loretta McNeir, 68, center, and Anita McGruder, 72, at a restaurant in Miami on March 18, 2021. As some people start to shake off coronavirus precautions, those who are waiting their turn for a vaccine say the FOMO (fear of missing out) is real. (Scott McIntyre/The New York Times)
FILE — Robbie Bell, 75, left, jokes with her friends Loretta McNeir, 68, center, and Anita McGruder, 72, at a restaurant in Miami on March 18, 2021. As some people start to shake off coronavirus precautions, those who are waiting their turn for a vaccine say the FOMO (fear of missing out) is real. (Scott McIntyre/The New York Times) (Scott McIntyre/)

Especial para Infobae de The New York Times.

Al inicio del año, Shay Fan sintió alivio: las vacunas venían en camino. Su alivio se convirtió en alegría cuando sus padres y suegros recibieron sus dosis.

Tres meses después, Fan, de 36 años, una vendedora independiente y escritora en Los Ángeles, aún espera su vacuna, y la alegría se ha desvanecido.

“Quiero ser paciente”, aseguró.

Pero el hecho de revisar Instagram y ver “gente en Miami sin mascarillas rociando champaña en la boca de otras personas”, mientras ella permanece encerrada en su apartamento, sin haber podido ir a cortarse el cabello o entrar en un restaurante por más de un año, ha dificultado que sea paciente. “Es como cuando todos tus amigos se comprometen antes que tú y dices: ‘Vaya, estoy feliz por ellos, pero ¿cuándo me va a tocar a mí?’”, expresó.

Durante gran parte de la pandemia se establecieron las mismas reglas: permanecer en casa, usar una mascarilla, lavarse las manos.

Pero ahora, puesto que la distribución de vacunas está aumentando en algunas áreas, pero no en otras, las reglas son discrepantes en todo el mundo e incluso dentro del mismo país.

En el Reino Unido, las personas están emergiendo con cautela tras más de tres meses en confinamiento, y el 47 por ciento de la población ha recibido, al menos, una dosis de la vacuna. En Nueva York, donde al menos el 34 por ciento de las personas en el estado ha recibido por lo menos una dosis de la vacuna, ya se habla de que la vida se siente casi normal.

Sin embargo, Francia, donde solo el 14 por ciento de la población ha recibido una dosis de la vacuna, acaba de comenzar su tercer confinamiento. Y en India, donde se le ha dado una dosis al 5 por ciento de su población, el lunes se reportaron 97.000 nuevos casos, cifra cercana a su nivel más alto desde el inicio de la pandemia. Hay docenas de países —incluyendo Japón, Afganistán, Kenia y Filipinas— que le han administrado solo una dosis a menos del 2 por ciento de su población.

Juliette Kayyem, de 51 años y profesora de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, dijo que la espera era aún más difícil porque seguía escuchando de conocidos, que ella cree que no forman parte de los grupos prioritarios, que habían recibido la vacuna antes que ella.

“¿Existe alguna palabra para la alegría y la envidia simultáneas?”, expresó Kayyem.

Kayyem recibió su primera dosis a fines de marzo. Pero, en vez de alivio, sintió un nuevo ataque de estrés pandémico, ya que su esposo y sus hijos adolescentes aún no habían sido vacunados.

Tristan Desbos, un pastelero de 27 años que vive en Londres, recibió la primera inyección de la vacuna recientemente, pero dijo que su familia en Francia aún no había podido ser vacunada, aunque muchos de ellos se encuentran en una categoría de alto riesgo.

“No entienden por qué no pueden vacunarse en Francia”, aseguró.

En la Unión Europea el principal problema es el abastecimiento de vacunas. En medio de una nueva ola mortal de casos, Alemania impuso un confinamiento parcial, Italia prohibió a la mayoría de su población salir a la calle excepto por razones esenciales y Polonia cerró los negocios no esenciales.

Agnès Bodiou, una enfermera de 60 años en Francia, dijo que había esperado semanas por su primera dosis, a pesar de la promesa del gobierno de priorizar a los trabajadores de la salud.

“Los estadounidenses prosperaron con la vacunación, los ingleses también”, dijo. “Todavía estamos esperando”.

En Estados Unidos, esta división se ha desarrollado principalmente a lo largo de líneas generacionales o raciales. Las personas mayores, que constituyen la mayoría de los vacunados, han estado cenando dentro de sus casas, abrazando a sus nietos y organizando fiestas, mientras que muchas personas más jóvenes aún no cumplen con los requisitos o se encuentran repetidamente con el mensaje de “no hay consultas” cuando han intentado pedir una cita para la vacunación.

Lynn Bufka, psicóloga y directora principal de la Asociación Estadounidense de Psicología, dijo que la pandemia ha afectado mucho a los adolescentes, y una larga espera para que se les distribuyan las vacunas podría aumentar el estrés.

“Los niños son, en muchos sentidos, aquellas personas cuyas vidas se han visto afectadas tanto como cualquiera, pero con menos experiencia en la vida sobre cómo adaptarse a este tipo de perturbaciones”, explicó Bufka.

Para los adultos estadounidenses, al menos, el miedo a perderse algo no debería durar mucho más. El martes, el presidente Joe Biden dijo que tenía previsto cambiar la fecha límite para que los estados pongan las vacunas a disposición de todos los adultos al 19 de abril, dos semanas antes de lo que se había anunciado previamente.

Robbie Bell, de 75 años, a la izquierda, bromea con sus amigas Loretta McNeir, de 68 años, en el centro, y Anita McGruder, de 72 años, en un restaurante en Miami, el 18 de marzo de 2021. (Scott McIntyre / The New York Times)

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