China notificó el primer grupo de casos de neumonía severa el último día de 2019. El 7 de enero se identificó que se trataba de un nuevo coronavirus y cinco días después comunicó su secuencia genética, clave para desarrollar kits diagnósticos. Pese al cerco impuesto por la mayor cuarentena de la historia, empezaron a reportarse casos por goteo en otro países y luego el ritmo se fue acelerando. El primero en Latinoamérica fue notificado en Brasil, recién el 26 de febrero. Dos días después, investigadores de ese país ya habían secuenciado el genoma, antes que en Italia, desde donde había llegado el paciente infectado.

“En Latinoamérica el virus del COVID-19 llegó muy tarde y está en muy buena posición para tomar precauciones para evitar que la situación se salga de control”, afirma María Valeria Fabre, epidemióloga argentina especialista en enfermedades infecciosas del prestigioso Hospital Johns Hopkins, en Baltimore, Estados Unidos.

“Es la primera vez que una situación así se comunica tan rápidamente y se puede tener tanto control sobre el virus. En general, se expande más velozmente y todo se descontrola mucho antes. En el inicio no sabíamos cómo iba a ser, si iba a matar al 40% de los infectados. Ahora sabemos que es menos virulento que el SARS y el MERS y que la mortalidad no es tan alta, pero obviamente en epidemiología siempre nuestro objetivo es prevenir, porque nunca sabés quién es la persona que puede entrar en contacto con el virus: si yo me infecto, puedo que sólo tenga tos y fiebre, pero para una persona inmunocomprometida puede ser fatal”, afirma.

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Fabre, quien se graduó en la Universidad de Buenos Aires y se instaló hace 13 años Estados Unidos donde es profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y directora médica asociada del Antimicrobial Stewardship Program estima que “si seguimos con este nivel de alerta, si no se baja la guardia, si hay un orden, un proceso  para identificar y aislar casos, esta epidemia no va a tener la dimensión de la pandemia de gripe”.

Y añade: “Basado en lo que estamos viendo ahora, creo que una de las principales consecuencias estará dada por el impacto en la economía. La actividad se ha paralizado muchísimo. Acá se cancelaron la mayoría de los congresos, las empresas están recomendando que todos los que puedan hacerlo trabajen desde sus casas. En Italia la situación evolucionó muy rápido y de repente tuvieron muchísimos casos y están muy afectados, con todas sus universidades y escuelas cerradas. ¿Cuánto tiempo llevará para que se recupere el turismo, por ejemplo?”, se pregunta.

A nivel mundial, calculan que sólo las compañías aéreas podrían perder hasta 113.000 millones de dólares. El golpe a las economías de China y otras potencias asiáticas todavía resulta difícil de estimar.

A nivel sanitario, la epidemióloga sostiene que la experiencia puede variar mucho de un país a otro. “En China fue terrible. En un momento, Irán y Corea del Sur tenían la misma cantidad de casos. Sin embargo, en Irán la mitad había fallecido, mientras que el porcentaje de muertes en Corea era del 1%. Entonces, claramente la diferencia está en cómo un país encara el tema. Si tenemos la misma cantidad de casos, y en un país se te murió la mitad y en el otro el 1%, es que Corea está haciendo las cosas bien e Irán no”.

Las políticas, el diseño de protocolos, la atención que se les da y la rapidez para actuar, dice, son factores que pueden marcar la diferencia. y que en estos casos es sumamente importante anticiparse.

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En ese sentido, destaca que el hecho de que el virus haya entrado tarde a la región abre una ventana de oportunidad. «Pasó muchísimo tiempo hasta que apareció el primer caso en Latinoamérica, eso la sitúa en una muy buena posición para poner en marcha planes estratégicos para que no le pase lo que les ocurrió a Italia y a otros países. Lo más importante es tener los canales de comunicación abiertos, que los centros de salud ante la aparición de un caso comuniquen rápido a los gobiernos, algo que me parece que está ocurriendo. Y que cada hospital, cada comunidad, tenga un plan ante la aparición de un eventual caso».

También subraya la necesidad de cumplir con los protocolos específicos en personas que provengan de países con alta transmisión. «No necesariamente tienen que ser revisados por un médico en el aeropuerto: puede ser una carta, una información, un mensaje en el avión que dé medidas claras de cómo actuar ante la aparición de síntomas y para reducir el riesgo de transmisión a otras personas”, enfatiza.

«Da mucha lástima el gastadero de barbijos en la calle»

Fabre atendió telefónicamente a Clarín durante un alto en las actividades en el centro de operaciones del hospital Johns Hopkinks, que se activa en casos de emergencia y ante la necesidad de diseñar estrategias frente a una amenaza inminente. El foco está puesto en elaborar un plan ante el potencial aumento de casos en EE.UU. La actividad allí se intensificó hace aproximadamente un mes -cuenta- y, si bien en el estado de Maryland no se habían confirmado casos al momento de la comunicación, ya les tocó descartar un buen número.

“La gente está bastante tranquila, pero con mucha ansiedad porque todo cambia muy rápidamente”, reconoce. El día más complicado fue el miércoles, luego de que el vicepresidente Mike Pence anunciara que el país tenía capacidad de ofrecer testeo universal para coronavirus, es decir, que cualquier persona con una orden médica podía acceder a una prueba. La promesa duró poco, ayer tuvo que admitir que no contaban con test suficientes.

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“No tenemos todavía los reactivos. No estamos preparados para eso -señala Fabre-. Hay que usar el sentido común y la definición de caso siempre ayuda. Está habiendo zonas de muy bajo riesgo. Si hoy en día en Argentina alguien se enferma en la provincia de Salta, por ejemplo, lo más probable es que no sea coronavirus. Es importante hacer un uso racional de los recursos”, analiza la especialista.

En ese sentido, una herramienta que les resulta de mucha utilidad es un dashboard desarrollado por la universidad, un mapa que permite seguir en vivo el número de casos a nivel mundial y estado por estado dentro de ese país.

“Recibimos llamados de muchos centros ambulatorios o de hospitales que están dentro de nuestro sistema consultando por la aparición de síntomas en personas que no estuvieron en zonas que hayan registrado casos. Mostrarles ese mapa a médicos y pacientes sirve para darles más tranquilidad”. El tablero incluye el número de casos totales desde el inicio de la epidemia, de muertes, pero también de personas recuperadas.

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“Se ven muchas fotos de gente en los aeropuertos con la mascarilla y no hay evidencia de que eso va a prevenir el contagio. El uso de barbijos en población asintomática es una pérdida de recursos. Esas mascarillas deberían ser reservadas para pacientes que desarrollan síntomas y principalmente para los trabajadores de la salud que son quienes realmente van a estar expuestos. Da mucha lástima este gastadero de barbijos en la calle o en el aeropuerto, porque una vez que el infectado estornuda o tose, el virus puede quedar en la manija de la puerta, en el teléfono, en todas las superficies, por eso es tan importante la etiqueta respiratoria para evitar la transmisión  (cubrirse correctamente) y el lavado de manos”, concluyó.



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