Si hay una disciplina en boga en plena pandemia, es el mindfulness. Y es que pocas prácticas tienen el potencial de neutralizar el estrés, las preocupaciones, la angustia y la ansiedad propia de estos tiempos.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, algunas voces vienen alzándose para remarcar que el mindfulness es mucho más que una técnica para despejar la mente y calmar los ánimos.

En esa línea se inscribe la mirada de Clara Badino, referente de la práctica en Latinoamérica, fundadora de la Asociación Civil Visión Clara, quien en su libro “El poder del mindfulness”, hace hincapié en la importancia de entenderlo como un estilo de vida y no como una técnica implementada para obtener un resultado.

Una distorsión que puede confundir

Badino identifica los inicios de la “distorsión gradual” del mindfulness alrededor del año 2015. En ese entonces, la práctica comenzó a cubrir la demanda de un cada vez mayor número de actores sociales que buscaban dar respuesta al estrés como detonante o agravante en escenarios de enfermedades.

Frases como "aceptar" o "dejar fluir" se han escindido de la experiencia, sostiene la referente del mindfulness. Foto Shutterstock.

Frases como «aceptar» o «dejar fluir» se han escindido de la experiencia, sostiene la referente del mindfulness. Foto Shutterstock.

Así, según sostiene, tanto en congresos médicos, centros hospitalarios públicos y privados, ámbitos deportivos, corporaciones, educación, y otros tantos “modelos que necesitan renovarse” buscaron en el mindfulness una respuesta que incluyera “nuevos abordajes ”. Y así fue como, sostiene, también se comenzó a distorsionar.

“A partir de ese año comenzaron a surgir personas que transmitían por haber tomado contacto con la práctica en un curso de cuatro u ocho encuentros. Gradualmente, la inmensa práctica con real poder de transformación se fue metiendo en un pequeño frasquito de ‘respirar'», se explaya.

«Fue convertida así por desconocimiento en una técnica de evitación de la incomodidad, con el riesgo que conlleva funcionar como el avestruz: metiendo la cabeza debajo de la tierra”, añade.

En este sentido, en su libro hace un «llamado solidario» a quienes enseñan, para «seguir descubriendo que la práctica meditativa de la consciencia que presencia no puede ser trasmitida si quien trasmite no arraiga la meditación en su corazón, en la vida cotidiana, como forma de vida y una manera de estar y relacionarnos con el mundo del que formamos parte”, sostiene.

El reduccionismo de enseñar sólo a respirar

Pero ¿cuál sería el riesgo de que esto suceda? ¿Qué efectos pueden tener esta confusión en quienes quieren aprender la práctica? Según su mirada, el riesgo consiste en transmitir una pequeña herramienta en lugar de un modo de habitar.

“La confusión de dejar la práctica reducida a respirar es como darle a una persona un salvavidas. Y es saludable ofrecerlo cuando se sube a un bote y no sabe nadar, pero la gran responsabilidad de quienes trasmitimos es que la persona que está utilizando momentánea y utilitariamente el salvavidas aprenda a nadar», grafica.

El objetivo es que pueda incorporarlo «al servicio de estar con pragmatismo en el inconmensurable océano del momento presente, desde los poderosos recursos internos que están latentes en su interior. Sin salvavidas ”, resalta.

En este sentido, apunta contra lo que denomina “el gran mercado espiritual” de las últimas décadas, al que irónicamente denomina “Mc Mindfulness”.

“Se mueven millones de dólares, el mercado ha ido creando el riesgo de ofrecer seguir funcionando como el burro con la zanahoria, como digo en mi libro, quien llega a la práctica meditativa buscando vueltas y vueltas como el perro que busca morderse la cola”, ejemplifica

“Pues no hay nada que buscar -continúa-: la invitación es a descubrir que todos los poderosos recursos que somos están el momento presente en nuestro interior aguardando el momento preciso en que nos dispongamos a restaurarlos al servicio de cultivar un estado de salud integral», explica.

Cinco frases que pueden confundir​

Y si bien no quiere brindar consejos ya que según su mirada «las personas tienen el poder de ser sus propias guías, y aunque por momentos pueden estar confusas, irán descubriendo que la experiencia revela claridad al momento de decidir dónde iniciar», en su libro se mencionan 5 frases que pueden prestarse a confusión si se vacían de contenido.

1- «Dejar fluir»: “No es pasividad, negligencia ni indeferencia”, sostiene Badino. “Es una cualidad de la verdadera naturaleza de la mente que se recupera experiencialmente en el momento en el que nos comprometemos con la intención de dejar que la ley natural siga su curso”, agrega.

En este sentido, hace alusión a nuestros recursos para afrontar la incomodidad sin necesidad de querer modificarla.

2- «Aceptar»: Relacionado con la frase anterior, se basa en «recibir momentáneamente lo que está sucediendo», transitar el proceso sin resistirnos ni aferrarnos, asumiendo que no puede ser modificado. La autora sostiene que usarla desligada de la experiencia es el mayor riesgo,

3- «Abandonar los juicios»: Badino hace referencia al lenguaje instalado en la cultura occidental, según el cual el etiquetado, los juicios, las comparaciones y las evaluaciones nos permiten percibir el mundo de manera lineal.

"Hay personas que transmiten por haber tomado contacto con la práctica en un curso de cuatro encuentros", reflexiona. Foto Shutterstock.

«Hay personas que transmiten por haber tomado contacto con la práctica en un curso de cuatro encuentros», reflexiona. Foto Shutterstock.

En este sentido no se deben «abandonar» estos juicios, sino que naturalmente se van dejando de lado como producto de la practica sostenida, para llegar a un nuevo discernimiento.

4- «Atención plena»: “La práctica meditativa de la presencia es un estado único de consciencia. Es tan único, que al surgir da lugar a una calidad de atención pura, cuya calidad es el poder de presenciar de una manera revolucionaria para Occidente ”, sostiene Clara en su libro.

El error es asociar plenitud al disfrute en el lugar de al término “completa”. Por eso, Badino explica que en realidad en los más antiguos libros de budismo se denomina «atención pura» a este estado de presencia, como libre de distracciones, para hacer foco en la relación de la mente con el todo.

5- «Soltar»: a diferencia de “dejar fluir”, la indiferencia o hasta incluso la negligencia o la pasividad, Badino apunta que “la enseñanza de Buda no es conceptual sino experiencial”. A esta dimensión estaría ligado el concepto de “soltar”.

Para que sus palabras no se presten una confusión, describe una experiencia que surgió en una práctica. Aquí un pequeño extracto:

“Con intención comprometida me dispuse a presenciar con atención pura, en silencio y quietud, la ilusión del control. Con compromiso y determinación decidí soltar, es decir, presenciar lo que iba aflorando en la superficie, lo que iba surgiendo como ley natural ante la no oposición ”.



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