Un pequeño santuario dedicado al apóstol Santiago, decorado con conchas de vieira y motivos religiosos, recibe en una iglesia de Reading (al oeste de Londres) a los peregrinos que comienzan allí el Camino de Santiago británico, cuyo origen se remonta al Medievo, cuando la ciudad albergó una reliquia del santo. EFE/ Cofradía Del Camino De Santiago /SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRA LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
Un pequeño santuario dedicado al apóstol Santiago, decorado con conchas de vieira y motivos religiosos, recibe en una iglesia de Reading (al oeste de Londres) a los peregrinos que comienzan allí el Camino de Santiago británico, cuyo origen se remonta al Medievo, cuando la ciudad albergó una reliquia del santo. EFE/ Cofradía Del Camino De Santiago /SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRA LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
(Cofradía del Camino de Santiago/)

Reading (Reino Unido), 5 feb (EFE).- Un pequeño santuario dedicado al apóstol Santiago, decorado con conchas de vieira y motivos religiosos, recibe en una iglesia de Reading (al oeste de Londres) a los peregrinos que comienzan allí el Camino de Santiago británico, cuyo origen se remonta al Medievo, cuando la ciudad albergó una reliquia del santo.
Cuenta la leyenda que Matilda, la hija del rey Enrique I de Inglaterra, peregrinó a Galicia en 1125 y trajo de vuelta para su padre la mano izquierda del apóstol, que el monarca entregó a la abadía de Reading, un edificio que él mismo mandó construir pocos años antes en honor a su hijo fallecido y que cumple 900 años en este 2021.
El hilo musical de la abadía -ahora en ruinas- corre a cargo de los pájaros que la transitan y recuerdan que allí, en el siglo XIII, también se escribió una de las canciones más antiguas del mundo, «Sumer is icumen in» (más conocida como «La canción del cuco»), cuando Reading ya atraía a miles de peregrinos por el valor de sus reliquias.
Con la intención de «traer de vuelta» el fervor del peregrinaje a la ciudad de Reading, hace ya dos décadas se empezó a fraguar la idea de la Saint James’ Way (Camino de Santiago, en inglés) y comenzarla desde allí, según explica a Efe el vicesecretario de la Cofradía de Santiago en Inglaterra (CSJ), Robin Dorkings.
Es la ruta «más apropiada que un peregrino hubiese tomado» en la Edad Media, cuenta: ir a Reading para ver la mano del apóstol y de ahí partir hacia Santiago de Compostela por el camino «más corto», es decir, andar a Southampton para embarcar allí hasta A Coruña y luego rumbo a la santiaguesa Plaza del Obradoiro por el denominado «Camino Inglés» en Galicia.
Así se llama al trayecto predilecto de los británicos en el Medievo, que une la ciudad herculina y la capital gallega a través de 75 kilómetros, pero que no cumple con el centenar que se necesita para obtener la Compostela. Este hecho llevó a la CSJ a pedir al deán de la catedral de Santiago «una excepción» a la regla, relata a Efe el gerente de la cofradía, Freddy Bowen.
Y lo consiguieron. Ya que la ruta contaba con muchos años de «tradición» e «historia», a los ingleses se les permitió conseguir el documento si probaban que habían andado los kilómetros restantes en su país de origen, y fue la oportunidad perfecta para vincular oficialmente la St. James’ Way con el Camino original.
UNA DOCENA DE NUEVAS RUTAS
Pero no es el único ejemplo. Dado el creciente interés de los británicos por el peregrinaje, la CSJ, junto con varios grupos locales, comenzó a promover una docena de nuevas rutas por todo el Reino Unido para oficializarlas e incluso señalizar la ruta con la mítica concha peregrina.
Dorkings asegura que la St. James Way está desarrollada bajo el modelo del Camino de Santiago español y cuenta con su propia «guía», así como con un «pasaporte» y «ocho iglesias con sellos»; pero no es demasiado conocida entre la población inglesa y por ello sus peregrinos todavía «se cuentan en centenas y no en millares».
Uno de ellos es Charles Butler, un inglés de 75 años, que muestra orgulloso a Efe su pasaporte, ya completo, que acredita su aventura de seis días por el Camino británico, que inició en Reading con la «bendición» del párroco frente al santuario de la Iglesia de Santiago y acabó siendo un viaje de «divertimento, reflexión y contemplación».
Butler asegura que antes de comenzar la St. James Way no sabían qué iban a encontrar en la ruta, pero descubrieron que el trayecto era «razonablemente llano» a través de «típicos paisajes ingleses», a orillas de un río, y sin las «exigentes» colinas que tiene algunas partes del Camino de Santiago en España.
TRADICIÓN LITERARIA
Pero además esta ruta de 110 kilómetros también tiene una gran vinculación con la literatura y, en especial, con Jane Austen. La autora de clásicos como «Orgullo y Prejuicio» o «Emma» estudió en la escuela de la abadía de Reading y pasó gran parte de su vida en Southampton y Winchester, ambas paradas de la St. James Way.
De hecho, la catedral de Winchester, una de las más grandes de Inglaterra y lugar donde se encuentra la tumba de la escritora, también es el punto de partida de la Ruta del Peregrino hasta Canterbury (sureste de Inglaterra), una de las más famosas del país y protagonista de «Los cuentos de Canterbury», de Geoffrey Chaucer.
Quizás el hecho de que el peregrinaje sea parte de la idiosincrasia inglesa ha ayudado a que se convierta en una «parte esencial» de la vida de Butler. «Es muy difícil explicar el porqué, pero tiene algo que agarra el espíritu», explica.
También para Dorkings, de la Cofradía, que incluso se atreve a calificar el Camino de Santiago como una «droga que no hace daño». La probó durante «una semana» entre Roncesvalles, en el Pirineo navarro, y Logroño, en La Rioja, y le hizo repetir en los años siguientes para recorrer los varios Caminos que ya lleva a sus espaldas.
En este 2021, año Xacobeo, la pandemia se ha cruzado en el camino, y no solo en el de Santiago. El covid ha trastocado los planes de muchos ingleses como Dorkings y Butler de volver a caminar hacia la capital gallega, pero al menos se consuelan sabiendo que pueden entrenar en su propio país para cuando ese momento llegue.
Raúl Bobé

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