Una de las pocas certezas que no se tambaleó desde el inicio de la pandemia es que chicos y chicas son el grupo menos vulnerable frente a Covid-19, que suelen cursar en forma asintomática o leve. Y tampoco es frecuente que experimenten síntomas duraderos, según muestra un reciente estudio.

Los chicos y chicas de 5 a 17 años que desarrollan síntomas de Covid-19 generalmente mejoran a los seis días y menos del 5% experimenta síntomas transcurrido el mes, según la investigación publicada en The Lancet Child & Adolescent Health.

El trabajo, realizado por investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido), se basó en el seguimiento de informes de salud diarios que padres, madres o cuidadores registraban en una aplicación para celulares, en el marco del ZOE Covid Symptom Study, que reúne datos de más de 250.000 chicos.

Los investigadores se concentraron en los datos recopilados entre el 1 de septiembre de 2020 y el 22 de febrero de 2021, período que coincidió con la reapertura de las escuelas en otoño y el pico de la ola registrada en invierno.

Durante ese lapso, 1.734 niños y niñas que participaban del seguimiento desarrollaron síntomas de covid y confirmaron la infección a través de una prueba PCR positiva. Sus síntomas fueron informados regularmente por sus cuidadores en la aplicación hasta la recuperación.

¿Qué hallaron los investigadores? Que, en promedio, la enfermedad duró 5 días entre los más pequeños (5 a 11 años) y una semana entre los más grandes (de 12 a 17 años).

En ese lapso, en general, experimentaron un promedio de tres síntomas: los más comunes fueron dolor de cabeza (lo manifestó el 62%) y la fatiga (55%), seguidos por dolor de garganta y pérdida de olfato (anosmia).

Vacunación de adolescentes en La Rural. Foto: Rafael Mario Quinteros

Vacunación de adolescentes en La Rural. Foto: Rafael Mario Quinteros

Síntomas duraderos

Menos de uno de cada 20 (4,4%) experimentó síntomas durante 4 semanas o más, mientras que solo uno en 50 (1,8%) tenían síntomas que se prolongaban más de dos meses. Casi todos (98,2%) estaban totalmente recuperados después de ese tiempo.

La fatiga (84,4%), el dolor de cabeza (77,9%) y la anosmia (77,9%), fueron las manifestaciones más comunes en quienes sufrieron síntomas persistentes.

Se trata de un contraste muy significativo con lo que ocurre entre los adultos. Un estudio previo realizado también en el marco del ZOE COVID había mostrado que alrededor de uno de cada 7 adultos experimentaron síntomas de coronavirus durante un mes, mientras que uno de cada 20 estuvo enfermo durante 8 semanas o más.

«Sabemos por otros estudios que muchos niños que contraen el coronavirus no muestran ningún síntoma; y será reconfortante para las familias saber que es poco probable que los niños que se enferman con Covid-19 sufran efectos prolongados», afirmó la autora principal del trabajo, Emma Duncan, profesora de endocrinología clínica en el King’s College de Londres.

«Sin embargo -añadió-, nuestra investigación confirma que un pequeño número tiene una enfermedad de larga duración, aunque estos niños también suelen recuperarse con el tiempo.»

Los síntomas suelen durar menos de una semana en los chicos. Foto: ilustración Shutterstock.

Los síntomas suelen durar menos de una semana en los chicos. Foto: ilustración Shutterstock.

Menos impacto orgánico

«El covid persistente es mucho menos frecuente en niños que en adultos y produce menos manifestaciones a nivel orgánico», afirmó en diálogo con Clarín Gabriela Ensinck, secretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

«La mayoría de los niños son asintomáticos o experimentan formas leves y evolucionan en menos de dos semanas. Un grupo muy pequeño puede tener síntomas hasta alrededor de un mes. Lo más comunes son fatiga, desgano, puede persistir la anosmia, o alguna afectación de tipo más psicológica, como depresión, temores», señaló la infectóloga pediatra.

«Lo que ha afectado a los niños sobre todo es una dificultad para volver a integrarse a la actividad física, un poco por el sedentarismo que tuvieron durante el año previo», destacó Ensinck.

«A quienes atravesaron la enfermedad pudo haberles provocado astenia, cansancio y mialgias (dolor muscular). Lo que más lo padecen son quienes estuvieron internados en terapia intensiva, donde se les administran drogas relajantes y corticoides. Toda esa sumatoria genera cierta dificultad para reincorporarse a la actividad física», profundizó.

«Al no haber diseños claros, en la literatura hay variaciones entre el 4% el 30% de posibilidades de síndrome post-covid», sumó María Teresa Rosanova, jefa Clínica del Servicio de Infectología del Hospital Garrahan.

«Al no haber criterios diagnósticos específicos y definidos, en la literatura hay variaciones entre el 4% el 30% de posibilidades de síndrome post-covid«, apuntó Rosanova. Y sostuvo que «adjudicar a un síndrome post-covid lo que un chico puede tener es dificultoso, por lo que muchas veces puede haber sobrediagnóstico».

A raíz de eso, insistió en que es muy importante el control pediátrico para evaluar si los síntomas se encuadran «dentro de lo que se llama post-covid o el paciente está cursando alguna otra alteración».

En ese sentido, Duncan, autora del trabajo británico, hizo hincapié en otro hallazgo observado en el estudio, que también analizó los datos de chicos con síntomas, pero con resultado negativo en la prueba de covid.

«Es importante -dijo- que recordemos que hay otras enfermedades infecciosas que pueden dejar a los niños mal durante muchas semanas, y no deben pasarse por alto.» Gripe, bronquiolitis y resfríos comunes son las más comunes.

Síndrome inflamatorio multisistémico

Ensinck, en tanto, diferenció los síntomas persistentes del síndrome inflamatorio multisistémico post-covid, un cuadro muy infrecuente que puede aparecer tras la infección.

«Se presenta alrededor de 4 a 6 semanas después de haber tenido covid, sea leve, moderado o grave. El cuadro se caracteriza por la inyección conjuntival (ojos rojos), boca seca, pueden tener una erupción en la piel, dolor abdominal, vómitos y evolucionar al shock. Es un cuadro más grave y muchas veces requiere de terapia intensiva. Pero afecta a una cantidad muy pequeña de chicos», explicó.



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