A demonstrator flashes a three-finger salute while holding a sign to protest against the military coup and demand for the release of elected leader Aung San Suu Kyi, in Yangon, Myanmar, February 12, 2021. REUTERS/Stringer
A demonstrator flashes a three-finger salute while holding a sign to protest against the military coup and demand for the release of elected leader Aung San Suu Kyi, in Yangon, Myanmar, February 12, 2021. REUTERS/Stringer (STRINGER/)

18 feb (Reuters) – Los manifestantes volvieron a salir a las calles el jueves en todo Myanmar para denunciar el golpe militar del 1 de febrero y la detención de la líder Aung San Suu Kyi, en una jornada en la que la policía dispersó por la fuerza a la multitud, utilizando cañones de agua en la capital.

Las protestas y huelgas diarias no muestran signos de remitir a pesar de que la Junta militar ha prometido nuevas elecciones y ha hecho un llamado a los funcionarios para que vuelvan al trabajo, amenazando con tomar medidas si no lo hacen.

«No quiero despertarme en una dictadura. No queremos vivir el resto de nuestras vidas con miedo», dijo Ko Soe Min, que se encontraba en la ciudad de Rangún, donde decenas de miles de personas salieron a las calles un día después de algunas de las mayores protestas hasta la fecha.

Las grandes manifestaciones también se repitieron en Rangún.

Las marchas han sido más pacíficas que las manifestaciones sangrientamente reprimidas que se produjeron durante el primer medio siglo de gobierno militar, pero tanto esas convocatorias como el movimiento de desobediencia civil han tenido un efecto paralizante en gran parte de los asuntos oficiales.

Muchos automovilistas en Rangún conducían a paso de hombre en una muestra de oposición al golpe, un día después de que muchos fingieran sufrir averías para bloquear los vehículos de la policía y el Ejército.

En Mandalay, la segunda mayor ciudad del país, los manifestantes se concentraron para exigir la liberación de dos funcionarios detenidos en el golpe. La policía disparó cañones de agua en la capital, Naypyitaw, para dispersar a una multitud que se acercaba a las líneas de defensa policiales.

(Escrito por Matthew Tostevin y Robert Birsel. Editado en español por Javier Leira)

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