Amén de la satisfacción del protagonista directo y del runrún mediático, para lo único que sirven los premios dispensados a Lionel Messi es para recordarnos que se trata de un deportista fuera de serie.

Que se entienda, fuera de serie en toda la regla: extraordinario en su clase.

Extraordinario, como Messi, en la medida que supera con holgura las mejores virtudes de sus pares contemporáneos y a la vez establece el canon de otras virtudes de cultivaron sus predecesores y que acaso ningún otro jamás cultivará.

He ahí el valor de la pomposa ceremonia del lunes en el Théatre du Chatelet de París: el valor de establecer una pasmosa vigencia de destrezas, números y registros crepitantes.

Sólo cuando el propio Messi emplea la palabra “retirada”, que entre nosotros los argentinos sería de forma contigua, “retiro”, se nos vuelve presente que tiene 32 años en el documento de identidad y más de 15 en el fútbol de elite.

Y de ellos, un mínimo de diez en condición de mejor futbolista del planeta, más allá del techo del genial Andrés Iniesta y de la notable regularidad de un monstruo del gol como el portugués Cristiano Ronaldo.

Jamás, en la historia del fútbol moderno, entendido como el momento del ajuste del reglamento operado por los británicos de la Football Association en 1863, hubo un jugador de la fabulosa continuidad de Messi en el sitio más alto del podio.

Ni siquiera el brasileño Pelé y mucho menos Diego Maradona, sin que esto signifique fijar posición ni dar por zanjada la pregunta que atañe a quién es el mejor entre los mejores desde que la pelota empezó a rodar.

Es más: hasta podría afirmarse con una buena base de argumentación que Pelé fue perfecto, que en la medida que la belleza es más bella que la misma perfección Maradona fue superior a Pelé y que ante ellos Messi perdería la comparación fina de lo completo y de lo estético.

Pero sería arbitrario, impreciso y si se quiere de una torpeza extrema restar entidad de maravilla a Messi por la evidente falta de cinco para el peso con la camiseta de la Selección Argentina y por su promesa nunca cumplida de un Mundial brillante.

Más bien, la secuencia correcta marcha en sentido contrario: Messi es un futbolista maravilloso pese a no haber brillado con la camiseta argentina.

A su pesar o no, esa ventaja concede.





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