Si tenés un hijo tímido puede que te preguntes si su timidez es un rasgo más de su personalidad, como el color de sus ojos o su preferencia por los gatos respecto a los perros, o si por el contrario es una característica que necesita superar.

En los niños, y a ciertas edades, es común que exista cierto retraimiento en función de su personalidad, sobre todo cuando se relacionan con adultos. También es habitual que a algunos les cueste más que a otros abrirse ante niños nuevos, aunque terminen haciéndolo al cabo de un tiempo prudencial, según su propio ritmo.

Pero si el resultado de la timidez de tu hijo es que termina jugando solo cuando se encuentra en un grupo al que conoce y con quienes trata de forma habitual, quizá deberías poner atención a su comportamiento, pues los pequeños aprenden ciertas cualidades fundamentales para su desarrollo interactuando con sus pares.

Señales de alarma: cuándo intervenir

Entre dichas cualidades se encuentran el comprender los sentimientos de los demás, respetar sus opiniones, hacer turnos para jugar o para conversar, negociar o expresar su punto de vista de forma adecuada al contexto. Algunos estudios señalan que los niños que tienen pocas interacciones sociales se pierden este tipo de experiencias de aprendizaje, que son acumulativas.

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Como resultado, su conocimiento de las habilidades sociales, así como la conciencia de sí mismos, pueden ser menos maduras respecto a otros niños de su edad.

Pero, ¿qué puede conducir a un niño a esta retracción? ¿Debemos alarmarnos? Este comportamiento podría sugerir, según numerosos expertos, que el niño está preocupado respecto a cómo lo tratan sus compañeros, o respecto a si gustará o será aceptado. Se sabe que los niños tímidos tienen más problemas de exclusión y victimización por parte de otros de su edad, comportamientos que dejan una huella en su autoestima y su personalidad, especialmente cuando estos persisten a lo largo del tiempo.

Más allá de los extremos, en los que es evidente que debemos intervenir, ¿en qué otras circunstancias deberíamos hacer algo? La pista que nos marca el camino la encontramos precisamente en el sufrimiento o el malestar del niño.

Es importante incentivar la interacción con sus pares, en principio, de a una por vez o en grupos reducidos para no presionarlo.

Es importante incentivar la interacción con sus pares, en principio, de a una por vez o en grupos reducidos para no presionarlo.

Afrontar el círculo vicioso de la timidez

Muchos de estos niños solitarios pueden verse atrapados en lo que los expertos llaman “el círculo vicioso de la timidez”, un comportamiento que no les permite conectar con otros niños. Como se sienten incómodos en entornos sociales, evitan la interacción, lo que significa que no practican lo suficiente sus habilidades de relación. Esta falta relativa de práctica contribuye a que se sientan aún más incómodos en grupo, por lo que tienden a evitar aún más cualquier tipo de contacto.

¿Cómo podemos ayudarlos a romper ese círculo cuando detectamos lo hace sufrir? Cada padre conoce a su hijo, y en algunos casos será necesario pedir ayuda a un psicólogo infantil que pueda ayudarles a encontrar recursos propios para afrontar sus temores.

Para los casos más leves, por su parte, he aquí algunas recomendaciones de los expertos:

✔ Practicar en casa: Como los niños tímidos tienen menos oportunidades de desarrollar sus habilidades sociales, siempre podemos ayudarles practicando los básicos en casa. Es necesario enseñarles a responder a los saludos mirando a los ojos y con voz clara, o a responder amistosamente a las interacciones de otros niños, ya que podría ser el inicio de una amistad.

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Además, los preparará mejor para afrontar con calma las situaciones sociales cotidianas que les suponen un reto.

✔ Favorecé los encuentros de a dos: Muchos de estos pequeños se sienten más cómodos cuando están a solas con una persona que cuando se encuentran con grupos grandes. Organizar encuentros en casa con algún compañero con el que tengan afinidad o intereses comunes puede darles la oportunidad de practicar sus habilidades de relación y de profundizar en sus amistades en un entorno seguro.

El hecho de tener al menos a un amigo o una persona con la que se sienten a gusto en clase o en su entorno aumenta su bienestar y les hace menos proclives a ser blanco de bromas o de acoso, según algunos estudios.

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✔ Aceptalo tal y como es: Presionar a un niño tímido para que se convierta en el rey de la fiesta puede ser frustrante para ambos y convertirse en una fuente de sufrimiento adicional para el pequeño. Los niños necesitan, ante todo, sentir el amor y la aceptación incondicional de las personas que les cuidan.

Si la timidez de tu hijo te causa mucho malestar, quizá sea el momento de revisar tus creencias al respecto. ¿Crees que las personas exitosas son solo las más extrovertidas? ¿Qué significa para ti tener éxito? ¿Eras un niño o una niña tímido o extrovertido?

✔ Trabajá la empatía: Aprender a comprender los sentimientos ajenos y a ponerse en la piel de los demás, ayudándolos incluso cuando están en dificultades, puede ayudar a tu hijo a salir un poco de su mundo interior y a tener más interacciones con otras personas.

Alentarlos a que respondan un saludo afectuoso y miren a los ojos, es un tip para frenar su timidez.

Alentarlos a que respondan un saludo afectuoso y miren a los ojos, es un tip para frenar su timidez.

Habla siempre que puedas de tus emociones, de las suyas y de las posibles perspectivas de otras personas ante una misma situación. Utiliza libros, cuentos y películas como material de apoyo. Es interesante que los más pequeños aprendan a ver el mundo con los ojos de los demás. De ese modo les resultará más fácil conectar y relacionarse de forma sana.

✔ Compartí con él tus estrategias: A los niños les suele gustar conocer detalles de nuestra infancia. Cuéntale anécdotas de momentos en los que te sentiste tímido y cómo los superaste. Comparte con él y practiquen juntos las estrategias que utilizabas, si se daba el caso, para hacer amigos o superar la timidez. Saber que nos hemos enfrentado a problemas parecidos al suyo les harán sentir menos solos.

✔ No lo etiquetes: No digas a los demás, ni a él mismo, que es un niño tímido. Los pequeños (y los adultos) tienden a asumir y a actuar en consonancia con las etiquetas que les colocamos. Tampoco permitas que los demás lo etiqueten y por supuesto, no te burles de él, ni aun con buena intención, cuando se muestre tímido.

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Lo mejor es apoyarlos y ser comprensivos en todo momento, mientras los ayudamos a sentirse mejor en situaciones que les suponen un reto.

✔ Animalo a explorar las razones por las que se retrae: ¿De qué tiene miedo? Quizá si llegás al fondo de la cuestión podrá empezar a relativizar sus temores y a sentirse más a gusto en situaciones que antes lo incomodaban.

Fuente: Rocío Carmona para La Vanguardia



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