Un nuevo estudio, uno de los mayores análisis de este tipo realizados hasta la fecha, ha descubierto que los flavonoides, las sustancias químicas que dan a los alimentos vegetales sus brillantes colores, pueden ayudar a frenar los olvidos y la leve confusión de la que se quejan a menudo las personas mayores con el avance de la edad y que a veces puede preceder a un diagnóstico de demencia.

El estudio es de carácter observacional, por lo que no puede demostrar la relación causa-efecto, aunque su gran envergadura y larga duración se suman a las crecientes pruebas de que lo que comemos puede afectar la salud del cerebro.

Los científicos utilizaron datos de dos grandes estudios de salud que comenzaron a fines de los 70 y principios de los 80, en los que los participantes respondieron periódicamente cuestionarios sobre su dieta y su salud durante más de veinte años. El análisis incluía a 49.693 mujeres cuya edad promedio era de 76 años y a 51.529 hombres con edad promedio de 73 años.

Diferentes tipos

Los científicos calcularon su ingesta de unas dos docenas de tipos de flavonoides que se consumen comúnmente, entre los que se cuentan el betacaroteno de las zanahorias, la flavona de las frutillas, la antocianina de las manzanas y otros tipos de muchas otras frutas y verduras. El estudio se publicó en la revista Neurology.

El grado de deterioro cognitivo subjetivo se valoró respondiendo «sí» o «no» a siete preguntas: ¿Tiene problemas para recordar acontecimientos recientes, para recordar cosas de un segundo a otro, para recordar una lista corta de elementos, para seguir instrucciones habladas, para seguir una conversación de grupo o para orientarse en calles conocidas, y ha notado un cambio reciente en su capacidad para recordar cosas?

Los investigadores descubrieron que, cuanto mayor era la ingesta de flavonoides, menor era el número de respuestas afirmativas a las preguntas. En comparación con la quinta parte de los que tenían la ingesta más baja de flavonoides, la quinta parte con la más alta tenía un 19% menos de probabilidades de informar de olvidos o confusiones.

Espinaca cruda, rica en flavonoides. Foto Shutterstock.

Espinaca cruda, rica en flavonoides. Foto Shutterstock.

Empezar temprano

Según la autora principal, la Dra. Deborah Blacker, profesora de epidemiología de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, estos hallazgos a largo plazo indican que comenzar a temprana edad con una dieta rica en flavonoides puede ser importante para la salud del cerebro.

Para los jóvenes y las personas de mediana edad, dijo, «el mensaje es que estas cosas son buenas en general y no sólo para la cognición. Es importante encontrar formas de disfrutar incorporando estas cosas a la vida. Piensen en esto: ¿Cómo puedo encontrar productos frescos y cocinarlos de forma apetitosa? Eso es parte del mensaje».

El estudio controló la dieta, además de la ingesta de flavonoides, y la actividad física, el consumo de alcohol, la edad y el índice de masa corporal, entre otros factores que pueden influir en el riesgo de demencia. Y, lo que es más importante, también se controló la depresión, cuyos síntomas en las personas mayores pueden confundirse fácilmente con la demencia.

Los flavonoides son antioxidantes naturales que ayudan a reducir las chances de padecer desde cancer hasta deterioro cognitivo. Foto Shutterstock.

Los flavonoides son antioxidantes naturales que ayudan a reducir las chances de padecer desde cancer hasta deterioro cognitivo. Foto Shutterstock.

Qué alimentos contienen flavonoides

Los investigadores no sólo analizaron el consumo total de flavonoides, sino también el de unas tres docenas de alimentos específicos que los contienen.

Un mayor consumo de repollitos de Bruselas, frutillas, calabaza de invierno y espinaca cruda fue el que más se asoció con mejores puntuaciones en la prueba de deterioro cognitivo subjetivo. Las asociaciones con el consumo de cebollas, jugo de manzana y uvas fueron significativas pero más débiles.

«Estos son los alimentos que deberían consumirse para la salud del cerebro», dijo el Dr. Thomas Holland, investigador del Instituto Rush para el Envejecimiento Saludable, que no participó en el estudio.

«Hay aquí algunos datos muy buenos con 20 años de seguimiento». Sin embargo, añadió, sería necesario un mayor seguimiento para determinar si los alimentos influyen en el riesgo de sufrir demencia.

Paul Jacques, científico principal del Centro de Investigación Jean Mayer de Nutrición Humana sobre el Envejecimiento perteneciente al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos en la Universidad de Tufts, que no participó en la investigación, dijo: «En lo que hace al avance científico, esto se suma a la literatura y es un estudio muy bien hecho«.

​Y añadió: «Es un paso de dimensiones medias, no grandes, que va en dirección a ayudarnos a identificar el período temprano en el que podemos intervenir con éxito» para reducir el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.

Blacker apuntó a cuestiones políticas más amplias. «Si podemos construir un mundo en el que todos tengan acceso a frutas y verduras frescas«, dijo, «eso debería ayudar a mejorar muchos problemas de salud y a alargar la vida».

Por Nicholas Bakalar ©The New York Times

Traducción: Elisa Carnelli



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