Se sabe que la práctica de ejercicio físico es beneficiosa para la población en general, pero también para personas que han sufrido eventos vasculares, como un ACV, según han mostrado diversos estudios a lo largo de los años.

Pero ahora, uno impulsado por la Academia Americana de Neurología (AAN, por sus siglas en inglés) demostró que las personas que caminan al menos media hora al día (una tres o cuatro horas a la semana) después de sufrir un accidente cerebrovascular pueden tener hasta un 54% menos de riesgo de muerte por cualquier causa.

Los resultados publicados en Neurology no se limita solo a la caminata, sino a otros ejercicios equivalentes como trabajar en el jardín, andar en bicicleta al menos dos o tres horas por semana, por ejemplo.

El estudio encontró el mayor beneficio para los sobrevivientes de accidentes cerebrovasculares más jóvenes: cuando los menores de 75 años hacían al menos esa cantidad de ejercicio, su riesgo de muerte se reducía en un 80%.

La actividad física es uno de los pilares de una vida saludable. Foto Shutterstock.

La actividad física es uno de los pilares de una vida saludable. Foto Shutterstock.

Terapias de ejercicio

«Es necesario comprender mejor el papel de la actividad física en la salud de las personas que sobreviven a un ACV para diseñar mejores terapias de ejercicio y campañas de salud pública, de modo que podamos ayudar a estas personas a vivir más tiempo»,afirmó el autor del estudio, el doctor Raed A. Joundi, de la Universidad de Calgary (Canadá) y miembro de la Academia Americana de Neurología.

«Nuestros resultados son emocionantes, porque solo tres o cuatro horas semanales de caminata se asociaron con grandes reducciones en la mortalidad, y eso puede ser alcanzable para muchos miembros de la comunidad con accidente cerebrovascular previo», apuntó.

«Además, descubrimos que las personas lograron un beneficio aún mayor con caminar de seis a siete horas por semana«, precisó. Y dijo que estos resultados podrían tener implicaciones en las directrices para las personas que sobreviven a un ACV en el futuro.

Los accidentes cerebrovasculares pueden provocar una discapacidad grave y / o la muerte. La mitad sufre secuelas y uno de cada cuatro fallece tras el evento, aproximadamente.

El tipo más frecuente de accidentes cerebrovasculares son los isquémicos, que ocurren cuando se bloquea el flujo sanguíneo en un vaso que conduce al cerebro, ya sea por coágulos o placas. Menos frecuente, poco prevenible y de peor pronóstico es el tipo hemorrágico, causado por la ruptura de algún vaso sanguíneo del cerebro. Tener un ACV es un factor de riesgo para sufrir otro en el futuro.

Nadar, andar en bicicleta y otras actividades también se asocian a beneficios. Foto Shutterstock.

Nadar, andar en bicicleta y otras actividades también se asocian a beneficios. Foto Shutterstock.

Frecuencia y duración

El estudio analizó a 895 personas con una edad media de 72 años que habían tenido un ACV anteriormente y a 97.805 personas con una edad media de 63 años que nunca lo habían sufrido.

La actividad física semanal media se evaluó a partir de preguntas sobre actividades como caminar, correr, trabajar en el jardín, levantar pesas, andar en bicicleta y nadar.

Por ejemplo, se les preguntó a las participantes en el estudio: «En los últimos tres meses, ¿cuántas veces caminó para hacer ejercicio? ¿Cuánto tiempo le dedicó en cada ocasión?».

Los investigadores utilizaron la frecuencia y la duración de cada tipo de actividad física para calcular la cantidad de ejercicio. En relación con esto, una limitación del estudio es que las personas pueden no haber informado con exactitud de su cantidad de ejercicio.

Así, los autores del estudio siguieron a los participantes durante una media de unos cuatro años y medio.

Después de tener en cuenta otros factores que podrían afectar al riesgo de muerte, como la edad y el tabaquismo, los investigadores descubrieron que el 25% de las personas que habían tenido accidentes cerebrovasculares previos murieron por cualquier causa, en comparación con el 6% de las personas que nunca habían tenido un accidente cerebrovascular.

En el grupo que había sufrido un ACV, el 15% de las personas que hacían el equivalente a tres o cuatro horas de caminata murieron durante el seguimiento, en comparación con el 33% que no hacía esa cantidad mínima de ejercicio.

En el grupo de personas que nunca habían sufrido ACV, el 4% de las personas que hicieron esa cantidad de ejercicio murieron, frente al 8% que no lo hizo.

Caminar. Actividad física. Ejercicio físico. Foto Shutterstock.

Caminar. Actividad física. Ejercicio físico. Foto Shutterstock.

Los investigadores descubrieron la mayor reducción de la tasa de mortalidad entre las personas que habían tenido un ACV anterior pero tenían menos de 75 años. En ese grupo, el 11% de los que se ejercitaron al menos en la cantidad mínima murieron, en comparación con el 29% que no lo hicieron.

Así, las personas con un accidente cerebrovascular previo que tenían menos de 75 años y cumplían el nivel mínimo de actividad física tenían un 80% menos de chances de morir durante el seguimiento del estudio quienes no lo hacían. Las personas mayores de 75 años que realizaban el ejercicio mínimo experimentaron menos beneficios, pero seguían teniendo un 32% menos de probabilidades de morir.

«Nuestros resultados sugieren que realizar un mínimo de actividad física puede reducir la mortalidad a largo plazo por cualquier causa en los sobrevivientes de un ACV», sostuvo Joundi.

«Deberíamos hacer especial hincapié en esto sobre todo en los más jóvenes, ya que pueden obtener los mayores beneficios para la salud con solo caminar 30 minutos cada día», concluyó.



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