Es un tema que, por diversas cuestiones, las personas que asisten a terapia prefieren evitar abordar con el psicólogo o la psicóloga que los atiende: los honorarios y todo lo que lo rodea (aumentos, qué hacer si se cancela la sesión, entre otras cuestiones).

«Las personas van adquiriendo una relación diversa con el dinero de acuerdo a la crianza y a los diferentes mandatos familiares y sociales», explica el psicólogo Flavio Calvo, para quien en este tema intervienen múltiples factores de la individualidad de cada persona (paciente y terapeuta) que se ponen en juego en la terapia.

«Algunas personas comprenden que el dinero es un medio de intercambio para adquirir bienes y servicios; otras lo ven como un fin en sí mismo; mientras que hay quienes lo ven como algo oscuro y pecaminoso, de manera consciente o inconsciente y por esa razón muchas veces hablar de dinero se convierte en un tema tabú», diferencia Calvo en el marco del Día del Psicólogo, que se conmemora hoy.

El dinero en terapia

El tema del dinero, muchas veces se traslada al espacio de terapia, y tanto desde el terapeuta como del consultante, puede haber limitaciones a la hora de hablar del valor de las sesiones.

«Hay pacientes que temen decir que su sueldo mejoró o que recibieron dinero extra por miedo al incremento de honorarios, hay también terapeutas inflexibles con sus honorarios, hay consultantes que no consideran a la salud mental como una inversión, y hay profesionales que tienen miedo de actualizar sus valores», caracteriza Calvo.

Los honorarios y todo lo que rodea al tema es mejor dejarlo claro en la primera sesión. Foto Shutterstock.

Los honorarios y todo lo que rodea al tema es mejor dejarlo claro en la primera sesión. Foto Shutterstock.

«Mejor hablar con un amigo»

Respecto de las creencias asociadas a este tema, el licenciado en psicología sostiene que hay quienes sienten que al pagar la sesión la empatía que generaron con el profesional se pierde, porque piensan que lo único que le importa son los honorarios. «Solo cobra por escuchar, para eso mejor hablar con un amigo», es una de las frases que se repite con frecuencia.

«Este es un pensamiento limitante en muchos sentidos -dice Calvo-. Tener un espacio de terapia lejos de ser un gasto, es una inversión a mediano y largo plazo, al igual que ir al gimnasio, tomar clases o consultar a cualquier otro profesional de la salud, es una forma de cuidar la salud mental

 Por otro lado -explica-, el encuentro con el profesional no se asemeja a una charla de café con un amigo. «No es solo hablar, de hecho, muchas veces en las sesiones no solo se habla, sino que se trabajan las necesidades del paciente de diferentes formas», abunda.

En ese sentido, concede que «es comprensible que muchas veces sea difícil ponerle un valor a algo intangible, pero el profesional es una persona que se preparó con una base científica para hacer su tarea y está capacitado para brindar una ayuda real y efectiva”.

De ida y vuelta

Respecto del papel del profesional en este tema, sostiene que es «sano» que pueda estar atento a la realidad del paciente.

“Hay consultantes que por diversas razones cambian su situación económica, han perdido el empleo o han tenido un problema personal, y en ese caso es saludable contar con la suficiente flexibilidad para ver cómo seguir acompañando a esa persona y, en caso de no poder afrontarlo, hacer las derivaciones correspondientes.»

Por eso, subraya, es bueno que tanto terapeuta como paciente puedan hablar el tema del dinero y del valor de las sesiones abiertamente. Y advierte que, si bien para algunas personas se trata de un tema tabú, no es conveniente que lo sea en el consultorio, ya que ese es un espacio de aceptación en el cual no deberían existir esos prejuicios.

Cada persona forja una relación diferente con el dinero. Foto Shutterstock.

Cada persona forja una relación diferente con el dinero. Foto Shutterstock.

Pautas claras

El valor de las sesiones, el aumento por inflación, qué sucede si el paciente falta sin aviso o qué pasa si el terapeuta cancela, son temas que conviene que queden claros desde la primera sesión y que hacen a lo que se llama encuadre, plantea Calvo.

«El encuadre es, por llamarlo de alguna manera, el acuerdo que hacen terapeuta y paciente, a través del cual se informa desde qué línea de psicología se trabaja, cómo se van a realizar las sesiones, el secreto profesional, horarios, honorarios, entre otras cuestiones”, precisa.

«Un buen terapeuta -añade- sabe realizar un buen encuadre que permita que se desensibilicen los temas más ríspidos y que permiten a quien va a participar de ese espacio de terapia saber que se va a encontrar en un espacio de aceptación incondicional.»

Según el profesional, en muchas ocasiones el conflicto por el dinero es, en el fondo, «una especie de excusa» que algunas personas se ponen a sí mismas para no buscar solución real a sus problemas, «ya que inconscientemente prefieren el problema, porque desde algún lugar este les trae un beneficio secundario».

Esos potenciales «beneficios secundarios» incluyen recibir atención de los demás y victimizarse, entre otros.

«Es sano poder pensarse a sí mismo y reconocer que muchas veces es más cara la angustia que el dinero. Quien invierte en un espacio de terapia está invirtiendo en una mejor calidad de vida«, concluye el psicólogo.



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