Tengo que asumir que hemos cometido un pequeño error muchos de nosotros los que enseñamos mindfulness: no hemos observado con más profundidad el concepto de «atención totalizadora» en la definición original de Jon Kabat-Zinn y así, a veces, no hemos cuidado lo suficiente que los practicantes la aprendan de manera efectiva. ¿A qué me refiero? Vayamos por partes.

El concepto hace referencia a que es necesario reconocer las corrientes sensitivas e informativas de todos los ámbitos, externos e internos. ¿Cuáles serían externos? Sonidos, olores, sabores, estímulos visuales y táctiles. ¿Cuáles serían los internos? Sensaciones internas del cuerpo y de la piel (interocepción), pensamientos y emociones.

Entonces, cuando practicamos, tenemos que cuidarnos de no quedarnos atentos excesivamente a sólo un ámbito, como por ejemplo los pensamientos. Si estamos lidiando con pensamientos difíciles y comenzamos a practicar mindfulness, probablemente nos hagamos expertos en practicar «mindfulness de los pensamientos» y nada más. Quizás gestionemos mejor la actividad de la mente pero…¿y qué hay del resto?

Observador «natural» pero poco autoobservador

Una persona que comenzó a practicar mindfulness hace un tiempo estaba encantada: podía percibir los estímulos sensitivos de su casa de campo con profundidad y sutileza, ¡el mindfulness le había abierto las puertas a la felicidad! Cuando le pregunté cómo continuaba el vínculo con su esposa, sólo me respondió: «Ah no, eso igual, ni pienso en eso, yo quería mindfulness para estar más conectado a la naturaleza«.

La pregunta es: ¿qué es entonces verdaderamente practicar mindfulness?

En los textos budistas se diferencia la observación atenta de los fenómenos externos, la observación del propio cuerpo y la de los pensamientos y emociones. Lo que este hombre estaba haciendo era practicar en un ámbito del mindfulness, el exterior. Y por supuesto que era valioso para él y le abría nuevas perspectivas en su vida, pero no estaba teniendo el coraje de indagar en otros ámbitos, aquellos donde es muy necesario explorar.

Este concepto de indagación es central en la práctica de la atención plena. Tenemos que indagar en todos los sentidos, por supuesto con paciencia y progresivamente, pero también sin exclusivismos. Es la única forma de poder sentirnos más integrados como seres humanos.

El mindfulness indaga en pensamientos, emociones, en las sensaciones del propio cuerpo y en los fenómenos externos. Foto Shutterstock.

El mindfulness indaga en pensamientos, emociones, en las sensaciones del propio cuerpo y en los fenómenos externos. Foto Shutterstock.

Paquetes de información o contextos

Pero los diversos registros que va explorando nuestra atención se organizan en paquetes o contextos significativos. Así, podemos tener dificultades para activar la atención en algunos contextos o dominios más que en otros. Un paciente me decía que cuando viaja se vuelve curioso, explorador, pregunta a la gente del lugar, comparte vivencias con ellos y está muy dispuesto y receptivo a todo. El olfato, el gusto, la vista y el oído se le afinan y percibe más. ¡Es un gurú del Mindfulness! Por el contrario, en su día a día en el trabajo se siente embotado, automatizado, poco motivado para mantenerse conectado con su entorno. ¿Es la misma persona? Sí. ¿Qué le sugeriría un instructor de mindfulness? Quizás que comience a indagar en el entorno difícil, en sus pensamientos y emociones, en aquello que le conduce a aislarse, a entumecerse, a apartarse de lo que allí ocurre.

El gran enemigo: la automatización

A veces, nuestra atención totalizadora se cierra producto de aprendizajes automatizados. En mi caso siempre reconozco que hay dos ámbitos que me costaron y cuestan mucho, porque estaban altamente automatizados en mi vida: el de la alimentación y el de mis propias emociones.

En cuanto a la alimentación, nunca aprendí a sentirla con profundidad y a honrarla como es debido. El rezo en mi familia cristiana era simplemente un ritual para mí y no alcanzaba a enfocar mi atención ni mi gratitud hacia lo que incorporaba.

Las emociones también se mantuvieron algo escondidas dentro mío. No es que no las reconociera, pero hacía grandes esfuerzos por mantenerme equilibrado y así me perdía de indagar con más curiosidad y coraje mis vivencias.

La automatización o el «armarnos una manera de ver las cosas» como un guión que no cuestionamos es fatal. Puede ocurrir a cualquier nivel ya sea personal, de pareja, familiar o social.

Atender incluso a las partes más difíciles, el objetivo de un buen entrenamiento. Foto Shutterstock.

Atender incluso a las partes más difíciles, el objetivo de un buen entrenamiento. Foto Shutterstock.

Consejos para atender mejor

Entonces es conveniente, además de tomar en cuenta los distintos canales atencionales (cinco sentidos, mente e interocepción) estar muy atentos a los contextos, entre los cuales podemos pensar en:

  • vínculo conmigo mismo (cómo me hablo, me trato, los pensamientos sobre mí y mis emociones)
  • vínculo con mi pareja (todo lo que surge en contacto con él/ella en lo sensitivo y mental)
  • Vínculos familiares.
  • Vínculos laborales
  • vínculos de amistad
  • relación con la naturaleza 

También podemos indagar en ámbitos más complejos, por ejemplo:

  • Con personas difíciles
  • Con personas desagradables
  • Con situaciones complejas
  • Con el dolor
  • Con la enfermedad, la vejez y la muerte.

A través de la atención plena podemos investigar todo. No sólo podemos, sino que debemos, es la manera de crecer en integridad y sabiduría. No tiene que ser todo de golpe, inmediato, definitivo. Con paciencia, observación calma y perseverancia. Quizás necesites acompañar ese aprendizaje con ayuda externa, como psicoterapeuta o grupo de apoyo. Pero no hay que demorar esa exploración más tiempo.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de «Mindfulness, la meditación científica».



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