Ese terreno que, a fuerza de adversidad, pero todavía más de voluntad, convicción y fortaleza vienen ganando las mujeres en un sinfín de espacios largamente ocupados por hombres, también se traslada a un amplio abanico de disciplinas deportivas “masculinizadas” desde tiempos remotos. El atletismo es una de esas trincheras derribadas y, en sus versiones más extremas como el ultramaratonismo, hasta podría decirse que reconquistadas.

La enunciación viene a cuenta de un reciente estudio que el sitio Runrepeat realizó junto a la International Association of Ultrarunners (IAU), en el que se refleja el incremento de la presencia femenina en este tipo de competencias, y la ascendente performance que las corredoras demuestran en distancias más extensas. Sin tecnicismos, a mayor recorrido, las mujeres se vuelven más rápidas que los hombres.

“The State of Ultra Running 2020”, el informe en cuestión, analizó el 85% de las carreras de más de 2,6 millas de distancia (42 kilómetros) que se corrieron entre 1996 y 2018, y que incluyen las competencias en montaña o por senderos con dificultades. De este análisis, que recabó más de 5 millones de resultados en unas 15 mil ultramaratones alrededor del mundo, se recogió el dato que pone a las mujeres en la cima de la actividad cuando el recorrido supera las 195 millas (314 kilómetros).

Cuando las distancias se prolongan la mujer comienza por igualar sus tiempos al de los hombres, hasta que llega a convertirse en más rápida.

Cuando las distancias se prolongan la mujer comienza por igualar sus tiempos al de los hombres, hasta que llega a convertirse en más rápida.

El número no está mal escrito ni la cifra es un error de conversión: en efecto, hay personas que gustan correr distancias impensadas de transitar, por el común de los mortales, sin un vehículo que nos transporte. Y entre esos devotos las mujeres se están ganando un lugar de privilegio. Sofía Cantilo, porteña, ex fumadora y sedentaria reconvertida en ultramaratonista, es un perfecto ejemplo de ello.

Por mencionar apenas uno de sus logros más recientes, en agosto pasado marcó un nuevo récord de circuito en la competencia BigFoot, realizada en Washington. Allí completó 200 millas en 66 horas y 43 minutos, fue la primer mujer en cruzar la meta y la séptima corredora de la competencia.

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«Está claro que la mujer no tiene la potencia del hombre, y está comprobado que en carreras de calle -no de montaña- la diferencia es de 40 segundos a favor del hombre, pero también a mayor distancia la mujer tiene mucha cabeza y fortaleza interior y ahí es donde se está imponiendo cada vez más», decía Sofía a Clarín en octubre de 2018, cuando estaba a días de ser la única representante argentina en la Moab Endurance 240, una ultra trail de 384 kilómetros sobre el desierto de Utah. 

Año y medio después, y con el megaestudio que la avala, Cantilo reafirma sus dichos.

"La resistencia femenina es más alta, a mayor distancia la mujer tiene mucha cabeza y fortaleza interior", dice.  Sofía Cantilo, referencia del ultramaratonismo local.

«La resistencia femenina es más alta, a mayor distancia la mujer tiene mucha cabeza y fortaleza interior», dice. Sofía Cantilo, referencia del ultramaratonismo local.

«Lo que empieza a pasar es que a medida que aumentás la distancia la cabeza empieza a jugar un factor mucho más preponderante, y ahí es donde creo que nosotras somos mucho más fuertes. La resistencia que tiene la mujer al dolor es mucho más alta que la tiene el hombre. Al dolor físico y a lo que puedo definir como el dolor mental, porque exponerte a hacer una carrera en la que por ahí estás 60, 70 u 80 horas realmente te destruye la cabeza y te empezás a enfrentar a tus peores demonios, a lo que toda tu vida trataste de escapar te queda ahí enfrente. Y yo creo que los hombres ahí son un poco más débiles», refuerza la atleta.

Para Manuel Méndez, experto en Fisiología y Entrenamiento de Maratón, y miembro de la Asociación Argentina de Ultramaratonistas (AAU), más allá de lo emocional, el componente físico es el que marca en ritmo. «La diferencia entre el hombre y la mujer en la ultradistancia es menor, o muy poca, más que nada por el sistema energético que utilizan ellas. Las mujeres se basan más en el sistema lipolítico, en la oxidación de grasas, y como tienen aproximadamente un 15% más de grasa que el hombre, y por la tanto mayor densidad mineral ósea, también pueden mantener un porcentaje mayor de consumo máximo de oxígeno. Con lo cual, pueden sostener un mayor gasto energético​ en el tiempo», detalla.

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El también integrante de la selección argentina de ultramaratonistas explica que «la mujer usa más que el hombre el metabolismo de los ácidos grasos, entonces como consecuencia de eso también logra una menor concentración de lactato (indicadores de falta de oxígeno) en sangre. Otro punto que las favorece es su termorregulación, las mujeres usan menos la sudoración como mecanismo autoregulador de la temperatura corporal, entonces al perder menos agua se beneficia en el rendimiento a larga distancia».

En trayectos más cortos, por el contrario, los hombres superan ampliamente a las mujeres. Sucede con las maratones, donde en recorridos mucho más acotados ellos llegan a volverse hasta un 11,1% más veloces que las competidoras femeninas.

Según el informe, la igualdad de condiciones se ubica sobre las 100 millas, donde ambos sexos corren a la par. «Técnicamente, vale decirlo, en cuanto a registros y marcas el nivel de las mujeres argentinas es actualmente más sólido que el de los hombres, comparativamente a nivel internacional», reconoce Méndez, y menciona que la cantidad de mujeres que practican la modalidad todavía es minoritaria, rondando el 20%.

En ultradistancias,las mujeres no sólo aumentaron su velocidad sino también su participación, que ahora llega a sumar el 23% de los competidores totales.

En ultradistancias,las mujeres no sólo aumentaron su velocidad sino también su participación, que ahora llega a sumar el 23% de los competidores totales.

Pero, si ponemos el foco en lo complejo y exigido de la disciplina, estos valores pueden llegar a sorprender por lo elevado. En efecto, la modalidad creció exponencialmente en los últimos 10 años: pasó de contabilizar 137,234 competidores en tofo el mundo, a alcanzar los 611,098 en 2018. Y en el rubro femenino específicamente, la participación se disparó: pasó de un 14% inicial a un 23%actual.

«Argentina es líder en Latinoamérica en cuanto a registros y cantidad de participantes que practican la disciplina. En 2019, obtuvo el primer puesto en Damas en el Campeonato Continental de 100 kilómetros, y el segundo puesto en hombres realizado en Bertioga, Brasil», grafica Méndez respecto de la situación local. De hecho, el país figura entre los 20 más veloces en ultramaratones a nivel mundial (ocupa el puesto 18), y las corredoras de larga distancia han hecho su gran aporte.

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«Creo que el cuerpo de la mujer tiene algo mágico. No me gusta el tema de la igualdad​ porque realmente no creo que seamos iguales, pero sí creo que si bien por ahí somos menos veloces y fuertes, el cuerpo femenino es mucho más sabio y termina siendo mucho más resistente. Porque cuando lo exponés a condiciones extremas en serio es muy superior, tenemos un espíritu y una mente muy superior a la del hombre, y eso se nota muchísimo en la ultradistancia», sentencia Sofía.

Mientras habla, se prepara para participar, de agosto a octubre de este año, en una «Triple Corona»: tres carreras de no menos de 200 millas cada una (en su caso será una de 331 kilómetros, otra de 328 y la última de 384), en no más de dos meses meses. 



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