Frutillas rojas y brillantes, peras más o menos jugosas, aromáticas albahacas o lustrosas berenjenas son alimentos que, de un tiempo en adelante, dejaron de ser exclusivos de temporada para permanecer vigentes, y a la venta, durante todo el año. Lo que no significa que su consumo extendido en el calendario sea una mejor opción.

Para los especialistas, es indiscutible que «el consumo según la estacionalidad presenta muchos beneficios para la salud y para la sustentabilidad». Así lo indican desde el equipo de nutricionistas del programa BA Saludable, donde también apuntan que «al ser cosechadas en el momento adecuado, el aporte de vitaminas, minerales y otros nutrientes de las frutas y verduras es máximo. Además, tienen la textura adecuada y su apariencia, color y sabor son mucho más intensos».

Durante la época estival, la ingesta de estos alimentos suele generar un repunte considerable, puesto que las temperaturas cálidas, las dietas de último momento para llegar en forma al verano y las restricciones que muchos se autoimponen pre y post fiestas de fin de año, incrementan su consumo. No obstante, los valores están muy por debajo de lo recomendable.

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Según datos de la 4ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), que se dio a conocer en abril pasado, solo el 6% de la población consume las 5 porciones diarias recomendadas por las Guías Alimentarias para la Población Argentina.

Esta ínfima cifra podría estar relacionada con la información errónea que maneja la población, ya que el 42,7% cree consumir la cantidad adecuada, cuando en realidad no lo hace, según arrojó la ENFR 2018.

En tanto, un 36,6% se refirió a motivos individuales (gustos, hábitos, falta de tiempo y de apoyo del entorno), y otro 20% mencionó el factor económico. En este punto, la elección de frutas de estación también puede hacer una diferencia.

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«Elegir productos de temporada es una manera de incentivar la agricultura tradicional y local. Estos alimentos son transportados por distancias más cortas lo que contribuye, además de permitir que se consuman frescos, a reducir las pérdidas y desperdicios alimentarios. También son productos más económicos ya que requieren menos recursos para su producción y traslado», mencionan desde el programa porteño.

Colores, sabores y recetas para todos los gustos

Dentro del catálogo de verduras y hortalizas, la primavera y el verano invitan a degustar remolacha, zapallito, radicheta, perejil, puerro, habas, lechuga, nabo, acelga, apio, alcaucil, espárrago, zapallo, calabaza, rabanito, tomate, morrón, cebolla, chauchas, pepino, berenjena y choclo.

En ensaladas, tartas, sopas frías, batidos o como complemento de carnes y arroces, las verduras de temporada aportan nutrientes y no suman grasas a la dieta.

En ensaladas, tartas, sopas frías, batidos o como complemento de carnes y arroces, las verduras de temporada aportan nutrientes y no suman grasas a la dieta.

La recomendación es ingerirlas crudas, ya que la cocción de los vegetales produce varias modificaciones en su estructura. Se alteran el color, olor, sabor y también el valor nutritivo, ya que se producen pérdidas de vitaminas y minerales por mecanismos como la disolución y la oxidación. En cambio, la cocción por vapor, en olla a presión y en microondas, son las que producen menores pérdidas de nutrientes.

Además de las clásicas tartas, medallones, revueltos y milanesas, las verduras son ideales para preparaciones frescas como ensaladas, batidos y sopas frías. Son también una guarnición ideal para todo tipo de carnes, arroces y pastas secas, y combinan con todo tipo de quesos. 

Para las colaciones o el postre, los meses de calor ofrecen frutillas, frambuesa, cereza, arándano, manzana, naranja, palta, ananá, banana, frutilla, limón, mora, sandía, uva, pelón, pera, higo, mamón, melón, ciruela, damasco y durazno.

Las frutas de primavera y verano combinan perfecto en batidos, aguas saborizadas, ensaladas y hasta helados caseros.

Las frutas de primavera y verano combinan perfecto en batidos, aguas saborizadas, ensaladas y hasta helados caseros.

Las frutas también es mejor consumirlas frescas y crudas, solas o en ensaladas. Pueden prepararse licuados, puddings con semillas, creppes o mezclarlas con yogur. También son ideales para crear aguas saborizadas a la medida de cada paladar, animarse a los helados sin ázucar agregada y sin aditivos, y mezclarlas con cereales. 



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