Los separatistas prorrusos del este de Ucrania anunciaron el sábado que se realizará un intercambio de prisioneros con Kiev el domingo, que, de confirmarse, significará un nuevo paso hacia la resolución del único conflicto armado activo de Europa.

«Kiev y Donbás [región del este donde están los separatistas] llegaron a un acuerdo sobre un intercambio de prisioneros […] el domingo 29 de diciembre», anunció Daria Morozova, portavoz de los separatistas, en un comunicado.

Según la responsable, las dos repúblicas autoproclamadas de Donetsk y Lugansk, en el este del país, recibirán a 87 prisioneros y Kiev, 55 presos. La portavoz no dio ninguna información adicional sobre la identidad de los detenidos.

Las autoridades de Kiev no han reaccionado hasta ahora a este anuncio. «No comentamos este tipo de informaciones», se limitó a responder un portavoz.

Los medios de comunicación rusos explicaron que la entrega de detenidos se va a producir en la línea de frente.

Este intercambio se prepara desde el encuentro celebrado en París a principios de mes, entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y el ucraniano, Volodimir Zelenski, con la presencia de los dirigentes franceses y alemanes.

Era la primera vez que Zelenski veía a Putin cara a cara. El nuevo jefe de Estado ucraniano, un exactor, lleva a cabo una paulatina flexibilización de su política hacia Rusia, sobre todo en lo que respecta al conflicto en el este del país.

En septiembre, Kiev y Moscú ya intercambiaron 70 detenidos, entre ellos algún rostro conocido, como el cineasta ucraniano Oleg Sentsov, liberado por Moscú.

Además, los dos bandos retrocedieron en tres puntos de la línea de frente y deben producirse otras retiradas similares antes de finales de marzo.

Por último, Moscú devolvió a Kiev varios navíos de guerra ucranianos aprehendidos por Rusia.

– Visiones irreconciliables –

Ucrania acusa a Moscú de financiar y armar a los rebeldes, algo que Rusia niega, argumentando que su papel es humanitario y político y consiste en proteger a las poblaciones locales en zonas rusohablantes.

El conflicto en el este de Ucrania ya ha dejado 13.000 muertos desde 2014. La firma de los acuerdos de paz de Minsk, en 2014 y 2015, puso fin a los violentos combates, pero el alto el fuego previsto nunca se ha aplicado y los enfrentamientos armados son casi diarios. Paralelamente, tampoco se ha avanzado hacia un acuerdo político para poner fin al conflicto.

En el encuentro de París de principios de diciembre, tampoco hubo avances concretos como la retirada del armamento pesado, la restauración del control de Kiev en su frontera con Rusia, una mayor autonomía para los territorios bajo control separatista o la organización de elecciones locales en estas regiones.

En ambos bandos, las posiciones parecen ser irreconciliables en algunos puntos. Zelenski descartó, por ejemplo, cualquier elección o aumento de la autonomía mientras haya grupos armados que estén «ilegalmente» en territorio ucraniano. El mandatario se refiere a los separatistas y a sus apoyos rusos.

Durante la reunión de París, Putin envió un mensaje de apoyo a los rebeldes al descartar de plano que se prevea devolver a Kiev el control de la zona de frontera.

«Imagino qué podría suceder en ese caso. ¡Sebrenica!», lanzó el presidente ruso, refiriéndose a la masacre de 8.000 personas por los serbios de Bosnia, en 1995.

Después de que un movimiento de revuelta expulsara del poder en Ucrania a un presidente prorruso, Rusia se anexionó en 2014 la península de Crimea.

Posteriormente, militantes separatistas ocuparon edificios administrativos en varias ciudades del este de Ucrania y proclamaron la independencia de las Repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. Después vino la guerra y la contraofensiva de Kiev.

Para la comunidad internacional la maniobra está muy clara: Moscú armó y financió a estos separatistas para debilitar a un vecino que se abría hacia Occidente.

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