Hace unos meses Ariel (42) se permitió participar de encuentros sexuales de relatos eróticos y logró conseguir disfrutar momentos de autoestimulación satisfactorios. Melina (26) manifiesta que no existe el amor a primera vista, que todo se construye y que ella respeta sus tiempos para vincularse íntimamente. Jésica (38) recuerda que en una oportunidad se sintió enamorada de un profesor y que lograba grandes niveles de excitación solamente al escucharlo relatar temas de la materia.

Con diferentes matices, Ariel, Melina y Jésica se definen como sapiosexuales, una orientación sexual que se refiere al hecho de sentir atracción sexual y deseo por la inteligencia o por las cualidades morales de una persona.

El término sapiosexual proviene de la sapienza, de la sabiduría, de la atracción hacia la inteligencia como aspecto central del deseo, sin desmerecer otros componentes de la personalidad ni de la estética.

Una persona puede definirse como sapiosexual cuando la atracción y el deseo deriva de conversaciones, experiencias, estímulos e interacciones basadas en conocimientos y aspectos de índole intelectual que provocan admiración.

«Si bien las personas sapiosexuales comparten ciertos rasgos como la admiración por la intelectualidad, ésta a su vez puede ser categorizada desde diferentes perspectivas, ya que la inteligencia es un concepto cultural que se valora de acuerdo a lo que cada sociedad y, en este caso, cada individuo atribuyen como significativo. Las inteligencias cognitiva, emocional, lógica-matemática, erótica, social, son las herramientas de seducción que despiertan y potencian la atracción y el deseo en las personas sapiosexuales como eje central de su núcleo erótico», explica a Clarín Jazmín Escobar, psicóloga y orientadora sexual.

Las inteligencias cognitiva, emocional, lógica-matemática, erótica, social, son las herramientas de seducción.

Las inteligencias cognitiva, emocional, lógica-matemática, erótica, social, son las herramientas de seducción.

La inteligencia siempre genera seducción

Los sapiosexuales sostienen que la intelectualidad es el factor principal para la atracción sexual, lo que sitúa a la inteligencia por encima de la atracción física, biológica o primitiva.

“A mi entender, todos en algún momento podríamos haber experimentado la sapiosexualidad ya que cada vez hay más personas que sexualmente no se sienten atraídos por lo físico, sino por el intelecto. Es probable que haya una mayor tendencia a la sapiosexualidad pasada la adolescencia. Pero la inteligencia siempre genera seducción aunque no se definan como sapiosexuales. Suelen ser personas exigentes, con curiosidad, que buscan retos intelectuales y se aburren fácilmente», dice a Clarín Gabriela Recchi, psicóloga y orientadora en sexualidad.

Los y las sapiosexuales se sienten atraídos por conversaciones que les interpelan y estimulan a pensar, a debatir, a desarrollar juicios críticos que les generen nuevos saberes. Lo superfluo es un antídoto para el deseo.

«Se considera que las mujeres son más sapiosexuales que los hombres por las diferentes llegadas sensoriales de estímulos externos que llegan al cerebro. Es decir, la mujer se siente más atraída por una persona que tiene un discurso inteligente, comprensivo, audaz y afectivo ya que la sabiduría está asociada al saber, al conocimiento, y éstas características ofrecen mayor estabilidad en una relación de pareja, mientras que el hombre desarrolla fuentes sensoriales más visuales», dice Escobar.

Todo empieza en el cerebro que es el principal órgano sexual.

Todo empieza en el cerebro que es el principal órgano sexual.

¿Alcanza la sapiencia a la hora de excitarse y de tener ganas de tener relaciones con esa persona? «No corresponde generalizar, va a depender de cada persona, pero todo empieza en el cerebro que es el principal órgano sexual. O sea, si mi sistema nervioso central se activa con ese estímulo, lo físico genital no debería ser necesario, pero también hay que dar lugar o permitir la presencia a otros estímulos, como el contacto con la piel y la genitalidad, en el sexo hay que experimentar», responde Recchi.

Este tipo de atracción intelectual suele darse en un nivel posterior, cuando las  personas ya compartieron diversas experiencias e interacturaron con el otro. Ese conocimiento más profundo posibilita una mayor confianza y una posterior atracción más social, emocional o intelectual.

«Se puede hacer el amor con la mirada, con la intención de conectar con el otro; el sexo va más allá de la genitalidad, de la experiencia del contacto físico y de la penetración. El coitocentrismo reduce la destreza erótica al intercambio de genitales, mientras que la experiencia sexual puede darse por el intercambio de palabras eróticas que promuevan habilidades sensoriales como fuente de excitación. Las respuestas sexuales a partir de la excitabilidad pueden manifestarse estando a la distancia sin perjuicio de sentirse deseado ni estimulado ya que la conexión sexual se da a través del discurso erótico como desencadenante de la interacción pasional», puntualiza Escobar.

Cuando dos personas conectaron a la distancia a partir de un estímulo discursivo del saber, del conocer y trascender, la intimidad se potencia ya que se la construye por vías alternativas a la piel, y los registros quedan almacenados en forma de memoria afectiva y erótica. Cuando la presencia les acerca, se determina el resto de la conectividad, es decir, se fusionan los cuerpos que antes fueron ensamblados por sus mentes.

¿Cuáles son los beneficios de esta orientación sexual? «Enamorarse es un beneficio, siempre. Enamorarse de una persona con sabiduría es un doble beneficio. El amor es complejo, y se transforma con el tiempo, la inteligencia es un valor central para comprenderlo, sostenerlo y, sobre todo, para resolver los azarosos vaivenes que se van forjando. El cerebro actúa comandante de las emociones, las sensaciones, las decisiones, las eróticas, los deseos, las fragilidades y motivaciones. Enamorarse desde el valor del saber es un beneficio, ya que perdura y seduce, más allá del cuerpo”, concluye Escobar.

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