El slow sex propone que ralenticemos y disfrutemos más todas las etapas de la relación sexual, desde el coqueteo más sutil hasta la sensación de unidad más profunda, sin metas ni objetivos definidos, sin tiempo, disfrutando el momento, desconectándonos de los pensamientos para que toda la energía sexual fluya a través del cuerpo, haciendo el amor en forma consciente.

La propuesta apunta a disfrutar del recorrido, entendiendo que la meta de una relación sexual es el placer y no sólo el orgasmo. Esta mirada quita el foco del clímax y se ubica en un proceso saludable y mucho más placentero que ir netamente a saber si hubo o no orgasmo como único objetivo. Así, dicen los que lo experimentaron, permite saborear con todos los sentidos el verdadero recorrido de la sexualidad.

“Ser en el sexo y no sólo tener sexo”

“El slow sex tiene como premisa que el juego erótico es un juego en sí mismo, no es la ‘previa’ ni la ‘antesala’ de nada, sino que en sí mismo puede ser disfrutable y perfectamente placentero. Básicamente, se trata de demorar al máximo posible la eyaculación o el orgasmo femenino, de modo de poder centrar toda la libido en el erotismo y la seducción de tocarse, mirarse, besarse y acariciarse, explica a Clarín Mariana Kersz, psicóloga y sexóloga, directora de Clínica de Parejas.

“La característica principal es que no se considere la fragmentación de la sexualidad, sino que sea considerada como un todo. Basta de dividir la previa, el coito y el cortejo. Se debe experimentar como un estado. Estar ahí, pleno y consciente. Preparado para el placer sin miedo ni tabúes. El objetivo principal es ser en el sexo y no sólo tener sexo. Que el tiempo en el que transcurre el encuentro no busque un resultado inmediato y único”, puntualiza la también psicóloga y sexóloga clínica Olga Tallone, fundadora de la Escuela de Tantra Clásico de Argentina.

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Apto para todo público

Algunos estudios indican que las personas mayores de 50 años son las que más practican este tipo de conducta sexual, hábito que probablemente tenga que ver con que la agilidad del cuerpo es menor y, en contraparte, la experiencia y la madurez sexual son mayores. Esto hace que la mirada no se enfoque en la penetración y puedan disfrutar de un encuentro sexual largo y placentero sin medir tiempos ni sentirse presionados por la cantidad de orgasmos a lo largo de una noche.

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“Yo recomendaría que lo prueben personas de todas las edades, me parece una de las prácticas más placenteras y sensibles de la sexualidad, apta para cualquier orientación sexual, género y/o creencia. Es saludable y promueve el deseo sexual en tanto orienta el foco al placer y no a la estimulación directa. Lo ideal es hacerlo despacio, con un ritmo verdaderamente lento y disfrutar del momento en sí mismo”, sugiere Kersz. Y agrega: “A la vez, entiendo que todos tenemos mucho que aprender de esta práctica a cualquier edad. Los adolescentes para flexibilizar su modelo de aprendizaje muy relacionado con la genitalidad del porno, los adultos para aportar opciones a parejas de muchos años y alimentar el deseo sexual, venciendo el estrés y la rutina que muchas veces opacan la libido y para los adultos mayores porque permite estar en contacto con el cuerpo propio y ajeno evitando posiciones extrañas y dificultosas, poses sexuales que con el paso del tiempo y con la pérdida de la agilidad propia de la edad, es más complejo lograr”.

El slow sex reorienta el foco al placer y no a la estimulación directa.

El slow sex reorienta el foco al placer y no a la estimulación directa.

Diferencias con el sexo tradicional

“En el sexo tradicional se busca rápidamente la penetración y esto está asociado a la lamentable falta de educación sexual que tenemos en el país, donde el porno ha sido la escuela sexual de muchos hombres y mujeres que aprendieron a enfocarse únicamente en el bombeo y la genitalidad como base del placer, perdiendo de vista todas las posibilidades y lo más enriquecedor de la sexualidad, que tiene que ver con el erotismo, el placer y la sensualidad del descubrimiento del cuerpo propio y ajeno», enfatiza Kersz.

Para Tallone, la clave de ésta práctica radica en la toma de consciencia de lo poco que dura el encuentro sexual, la respiración profunda y suave, no dirigirse a las zonas más erógenas y genitales en modo inmediato, armar una escenografía que sea inductora al placer (música, perfumes, masajes) y una buena comunicación en donde los protagonistas sepan pedir lo que les gusta y desean.

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“Básicamente, el Slow Sex tiene como punto de partida la relajación, por eso su nombre de sexo lento, sin apuro. Y todo aquello que vivimos relajados nos aumenta la posibilidad del goce. Lo recomiendo ya que mejorar la vida sexual, disfrutarla, potenciarla, darle un espacio importante y consciente modifica nuestro posicionamiento en y ante el mundo y nosotros mismos”, concluye.



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