El presidente Alberto Fernández (EFE/Juan Mabromata/Archivo)
El presidente Alberto Fernández (EFE/Juan Mabromata/Archivo)
(Juan Mabromata/POOL/)

Increíblemente, Argentina sigue empecinada en no fijar un plan en casi ningún segmento de la economía o la política.

¿Por qué? En principio, podría ser por dos razones.

– No saben cómo hacerlo: claramente hacer un plan no es fácil y en el caso de un país lo es aún mayor ya que requiere mucha coordinación y técnicos, sin olvidar la intervención de la política. Sumado a todo esto una creciente complejidad e incertidumbre mundial y local.

– No quieren hacerlo: esto puede tener varias alternativas. La más importante tiene que ver con que fijar un plan obliga a poner objetivos y esto genera que todos empiece a medirlo en función de ellos. La política prefiere correr con el riesgo de la crítica a no tener plan que poner objetivos y luego no cumplirlos. Un claro ejemplo de esto son todos los objetivos que el Gobierno se fijó en términos de vacunación, que no solo no los cumplió, sino que lo logrado es menos del 2% de objetivo.

Los argentinos soportamos de nuestros políticos cosas que no soportaríamos en nuestras empresas o cualquier otro ámbito de la vida común.

La política prefiere correr con el riesgo de la crítica a no tener plan que poner objetivos y luego no cumplirlos

De hecho, nuestras vidas tienen planes y objetivos, sin los cuales es muy difícil progresar.

Hoy existe una total ausencia de rumbo para muchísimos aspectos de la economía y la vida cotidiana. Esto genera aún más incertidumbre y desconfianza, algo clave para poder pensar en una recuperación.

Reflexiono con algunas preguntas:

– ¿Cuál es el plan para aprovechar el precio record de los commodities de origen agrícola?

– ¿Cuál es el plan para lograr en los próximos meses no tener problemas energéticos?

¿Cuál es el plan para aprovechar el precio record de los commodities de origen agrícola? (REUTERS/Bryan Woolston)
¿Cuál es el plan para aprovechar el precio record de los commodities de origen agrícola? (REUTERS/Bryan Woolston) (Bryan Woolston/)

– ¿Cuál es el plan para el caso de una segunda ola o rebrote como está sucediendo en varios países del mundo?

– ¿Cuál es el plan para bajar la inflación?

– ¿Cuál es el plan para bajar el déficit?

– ¿Cuál es el plan para potenciar el turismo en la post pandemia?

– ¿Cuál es el plan segmentado por rubro de cara al futuro?

– ¿Cuál es el plan para hacer frente en los próximos años a la adaptación que necesita la educación para lograr un futuro próspero para los jóvenes?

Y la lista podría seguir y seguir.

Como dijo en varias oportunidades el prestigioso economista Martín Redrado, el Gobierno está implementando el único plan de “vamos viendo”, con total improvisación. Lo que no es gratuito, ya que hemos visto muchos idas y vueltas, anuncios que luego deben ser desmentidos y resultados pobres.

El consenso sobre la complejidad y lo delicado de la situación argentina, que se vio agravada por la pandemia, es unánime y eso es una muy buena noticia y a sus vez una oportunidad. No obstante, la política prefiere aislarse y cerrarse a nuevas ideas.

Argentina no requiere solo un plan económico, requiere un plan estratégico que piense en el rol del país a futuro, construyendo diferentes escenarios.

El consenso sobre la complejidad y lo delicado de la situación argentina, que se vio agravada por la pandemia, es unánime y eso es una muy buena noticia y a sus vez una oportunidad

Los diferentes actores requieren certidumbre de las grandes cuestiones que definen un plan estratégico. Todos comprenden que es complejo, que es difícil en el contexto actual. Pero todos coinciden en que sin plan no hay rumbo y sin rumbo el futuro es por más incierto y complejo.

Uno de los principales requisitos de quienes desarrollan planes es la apertura para escuchar opiniones de diferentes segmentos, consultar a especialistas técnicos y de cada área, que son los que conocen realmente el problema y pueden brindar una idea más cercana de la realidad.

El único objetivo a la vista consiste en ganar las elecciones legislativas, en ese caso si se construyen planes, los que no se manifiestan públicamente, pero se hacen evidentes. Ahora el gobierno suma al “vamos viendo” el “llegar como sea y a cualquier costo” y elige el camino de sostener todo, lo malo y lo bueno, pero de ninguna manera intentar ganar resolviendo problemas a la gente. Todo es patear para adelante los grandes temas, lo que también condiciona la mayoría de las decisiones que se deberían tomar de cara al futuro.

La política argentina se compone, en general, de inútiles o corruptos, en muchos casos una buena mezcla de ambos

Lo increíble es que, si finalmente logran ganar, solo les quedarán dos años para intentar mejorar algo, lo que seguramente no sea suficiente, por lo que se verán obligados a volver a poner foco en ganar las elecciones, para de esa forma perdurarse en el poder. Poder que solo sirve para enriquecer a algunos y evitar la cárcel a otros, que ya se enriquecieron en otro periodo anterior, pero fueron descubiertos.

Esta es la lógica de la política y el círculo vicioso en el que estamos desde hace años. La política argentina se compone, en general, de inútiles o corruptos, en muchos casos una buena mezcla de ambos. Aquí es donde suena lógico que no puedan y no quieran hacer planes reales de mejora. Solo planes para sobrevivir en el poder a costas de todo un pueblo que sufre y se empobrece, como lo reflejan las últimas estadísticas.

Existe otro gran problema de lo antes descripto. Los técnicos y especialistas se alejan de la política, ya que sobran ejemplos de muchos de ellos, que apostaron a brindar sus conocimientos y esfuerzo, pero la política los destruyo, en muchos casos al limite de condicionar su futuro profesional y económico. Está claro que un hombre honesto solo puede hacer política por vocación y servicio. Los otros, los corruptos, en general solo saben de eso, corrupción.

René Favaloro
René Favaloro

Uno de los ejemplos más tristes es el de René Favaloro, quien pudiendo tener éxito en cualquier lugar del mundo, decidió quedarse en su país y crear una de las fundaciones más prestigiosas del mundo y donde miles de personas salvaron sus vidas. Sin olvidar el invaluable aporte a la ciencia y la educación. No obstante, la política y su incansable esfuerzo por generar crisis tras crisis, sumada a su indiferencia ante los pedidos del doctor, obligaron al creador del bypass a quitarse la vida para preservar su sueño y su legado.

Esta es una, tal vez la más conocida, pero no la única historia de cientos de argentinos: empresarios, trabajadores, servidores públicos que brindan su vida apostando a un futuro mejor. Futuro que requiere planes, certidumbre, sentido común.

Creo firmemente que estamos a tiempo, y tal vez por eso me quedo, pero también sé que el tiempo se agota, los recursos se extinguen y el odio crece. Solo con saber un poco de historia alcanza para intuir que esto no termina bien.

Por supuesto que nosotros tenemos gran parte de la culpa. Nos hemos vuelto cómplices silenciosos, expertos del mirar para otro lado, sobrevientas con esperanzas vacías de contenidos. Seguimos creyendo en el voto, pero sabemos que solo sirve para cambiar uno inútil por uno corrupto y al revés.

Si queremos que las cosas cambien hay que involucrarse y reclamar con fuerza que por una vez y para siempre, lo que defina a un gobierno sean sus objetivos, sus planes y por supuesto sus resultados.

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