Una de las recomendaciones más importantes para quien comienza a meditar es observar las sensaciones del cuerpo, los pensamientos y las emociones.

A veces hacemos este pedido a nuestros alumnos sin saber bien cómo harán ellos para discernir unos de otros y, al mismo tiempo, cómo observar cada categoría, bajo qué criterio o método.

Antes de hacer una breve guía de cómo trabajar con los pensamientos (hoy tomaremos este ámbito) es bueno aclarar que esta división en 3 dominios es algo arbitraria: ¿dónde terminan las sensaciones corporales y comienzan las emociones? ¿cuándo es un pensamiento y cuándo una emoción? De alguna forma, son sólo delimitaciones que nos ayudan a enfocar mejor nuestra atención pero los fenómenos que observamos son mucho más inasibles, dinámicos y cambiantes de lo que podemos definir o “nombrar”.

Pensamientos: ¿fugaces o muy elaborados?

Antes que nada, un dato: parece que nuestros pensamientos están relacionados con una función que llamamos “memoria autobiográfica” y con una zona del cerebro en especial, que llamamos cingulado posterior. Algunos estudios demuestran que luego de un entrenamiento en mindfulness esta zona disminuiría su activación y se producirían menos pensamientos, aunque sabemos que nuestra mente no puede nunca ponerse en blanco.

Dicho esto, vayamos hacia el primer aspecto que podemos observar una vez que nos ubicamos en una posición de meditación sentada, dispuestos a reconocer nuestra mente parlanchina. Así, y siguiendo a Daniel Brown (citado por Gonzalo Britos), trataremos de atender al tipo de pensamiento que se está tejiendo, su consistencia y elaboración.

Entonces podemos encontrar:

Energía en movimiento: pensamientos muy rápidos y apenas perceptibles en la mente.

Pensamientos fugaces: imágenes o palabras dispersas y aleatorias.

Pensamientos elaborados: pensamientos diferenciados con un tema principal (generalmente) y con un tono emocional que lo acompaña.

Asociación Libre: pensamientos elaborados que se van encadenando a través de un tema principal.

Soñar despierto: escenarios mentales complejos con imaginería poderosa, que hace que estemos abstraídos y aislados de la realidad.

¿Podemos darnos cuenta cuál de estos escenarios se está presentando en nuestra mente en este momento, y quizás en otros momentos de mi día? Este es un buen primer paso, y estar atento puede darnos información de cuánto impacta la mente pensante en nosotros. Hay personas que se mantienen en un estado de soñar despierto muy fuerte, por ejemplo. Hay otros donde los pensamientos son más bien fugaces y cambiantes (muchas veces residuales).

Autoestima, salud, familia, trabajo, entre los temas más prevalentes. Foto Shutterstock.

Autoestima, salud, familia, trabajo, entre los temas más prevalentes. Foto Shutterstock.

Los temas prevalentes: ¿cuáles son?

Detectar con atención cuáles son los temas de mis pensamientos puede ayudarme a descubrir cuáles son los aspectos claves de mi vida. A veces, subestimamos la importancia de algunos temas sin darnos cuenta que ejercen más impacto de lo que creemos.

Por ejemplo podemos tener muchos pensamientos de cuestiones económicas y no alcanzar a registrarlos, y si lo hacemos pensar que es un aspecto secundario y superficial de nuestra vida que no deberíamos tener en cuenta. Pero ¿qué ocurre si este aspecto es verdaderamente importante para una parte “más inconsciente” de nosotros y nos mantiene en alerta, preocupados, más tiempo de lo necesario? Esta suele ser la trampa más habitual: que porque no es algo que pienso intencionalmente, conscientemente, no es tan importante. ¡cuidado! Hay una parte nuestra muy potente que funciona de manera solapada, más inconsciente.

Los temas que habitualmente he escuchado reportar a mis alumnos son:

  • Éxito o fracaso en algún aspecto de la vida.

Quizás pueda sumergirme más profundo en la observación de los temas prevalentes de mi pensamiento, que no suelen ser más de dos o tres. Puedo agregarle observación de mi reacción física/emocional frente a esos pensamientos: ¿me pongo en alerta? ¿me preocupo? ¿me estimulo? ¿me cuestiono con severidad? (¡esto es muy común!).

Pensar en dos formas

Por último, puedo intentar estar atento a la forma en que pienso: ¿es eminentemente en forma auditiva, hablo conmigo mismo a través de palabras? ¿o quizás soy más de pensar en imágenes, “veo” situaciones, personas, escenarios como si estuviera allí?. Esto es importante y puede ser una buena forma de darme cuenta cómo proceso la información en mi mente.

En cualquier caso, todo, todo lo que vayamos observando y discerniendo de los pensamientos debe tener un fondo de amabilidad, de no juicio, de amorosidad que nos permita tratarnos con cuidado frente a lo que surge. Esta es la regla de oro y quizás la más importante.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de «Mindfulness, la meditación científica».



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