No puede decirse que Instagram sea la red social en la que más se predica la alimentación sana, pero sí en la que más se debate sobre hábitos saludables, dieta y aspecto físico.

Así, cuando una navega por la app es habitual encontrarse con publicaciones sobre consejos dietéticos y perfiles centrados en este tipo de contenido que, en línea con la creciente preocupación por lo saludable, cada vez son más numerosos.

Uno de los posts más populares del momento, sobre todo entre «influencers», es el conocido como #WhatIEatinaDay (qué como en un día, en español), que consiste en publicar un collage con fotografías de todas las comidas de la jornada. Si bien este tipo de publicaciones circula en Instagram desde hace años, ahora se comparte con una imagen del usuario en el centro, generalmente en muy buena forma física.

A primera vista puede parecer un contenido inocente, puramente informativo, pero los expertos advierten que puede crear vínculos erróneos entre el físico de las personas y lo que comen.

«Al colocar a la persona en el centro rodeada de comida, se muestra una cierta intencionalidad. Se está diciendo de modo indirecto: ‘yo estoy así por lo que como’, y puede dar lugar a malentendidos«, señala Aitor Sánchez, nutricionista y autor del blog de divulgación sobre alimentación Mi dieta cojea.

Así, un usuario cualquiera que consulte esa publicación puede interpretar que se trata de un menú representativo, que puede ser un modelo para su dieta y un medio para conseguir el mismo estado físico.

Pero nada más lejos de la verdad. «Fomenta mucho la comparación; da a entender que comiendo así se conseguirán los mismos resultados, pero no siempre será así. Esto puede generar frustración, hacernos pensar que hay algo que no estamos haciendo bien», explica la nutricionista Victoria Lozada, autora del blog Nutrition is the new black.

«Además, realmente no sabemos si esta persona come así, o si ha hecho algo más para conseguir ese físico. Hay una falta de contexto importante», afirma.

Cabe añadir que hay quienes crean este tipo de contenido para llegar a más personas, para conseguir «likes» y seguidores. Así que ofrecen lo que más vende, aunque no siempre se corresponda con la realidad.

«Probablemente los influencers al subir este reto durante un día van a maquillar esa comida para dar el mensaje que quieran mostrar», expone Sánchez. Y añade que «todos esos cuerpos de revista tienen una parte que obviamente es completamente irreal. Hay mucha intencionalidad en esas fotos».

Público vulnerable

Otro de los riesgos que ocultan este tipo de publicaciones es que, en ocasiones, van dirigidas a un público vulnerable, que cada vez es más joven.

A eso se le suma la pandemia, que ha dado un protagonismo desmesurado a la comida, al peso y al ejercicio, agravando los trastornos de conducta alimentaria.

«Estos posts no serán el origen de un TCA, pero imaginemos: una chica joven, encerrada muchas horas en casa, en un momento en el que nos hemos vuelto más vigilantes con nuestro cuerpo… Entra en una red social y ve esta imagen. Será una cosa más pero, junto al resto, sí podría influir», advierte Lozada.

Es un contenido que fomenta la obsesión por lo saludable, algo que llevado al extremo tampoco es sano.

«En mi consulta, cada vez me encuentro a más personas, sobre todo gente joven, con una obsesión grave con la comida; hasta el punto de que no pueden disfrutar nunca, ni siquiera de forma puntual, de una galletita o unos churros», cuenta la nutricionista sevillana Natalia Moragues.

La experta insiste en que, en general, ponerse restricciones tan duras no es el camino, y puede conseguir el efecto contrario. «Luego llega el fin de semana y se comen lo que deberían haber comido el resto de días», cuenta.

Un estudio reciente de la Universidad de Aston (Birmingham) concluyó que los usuarios de redes sociales modifican su dieta dependiendo de lo que coman las personas a las que siguen, un efecto que, según los expertos, podría ir más allá de las modas y afectar al estilo de vida.

Asimismo, varias investigaciones han confirmado que Instagram es una de las redes sociales que más frustración genera. «Hace que la gente esté más pendiente de sus cuerpos, que pueda sentirse incluso mal por no llegar a ciertas metas de vida o a cierta presunción de estilo de vida, que muchas veces no es alcanzable. Aunque puede ser una buena herramienta si se usa bien», dice Sánchez.

Justo por la influencia que tiene sobre los usuarios, los expertos consideran importante que aquellas personas que tengan cierto reconocimiento en la red social actúen con responsabilidad en relación a su contenido.

«Nunca sabés quien puede estar escuchando o leyendo, yo personalmente tengo mucho cuidado. Paso muchas horas pensando si mis publicaciones pueden ser buenas o malas para alguien», explica Lozada, que cuenta con más de 285.000 seguidores en Instagram.

Las redes sociales pueden servir para divulgar buenos hábitos y para enviar mensajes positivos. Puede ser así incluso si el “influencer” en cuestión no tiene un título o estudios en nutrición, aseguran los expertos. Eso sí, siempre que no intenten ejercer la profesión sin saber.

«El problema es cuando empiezan a prescribir cosas, cuando lanzan juicios sanitarios, valoraciones o consejos, cuando juegan a ser cosas que no son», advierte Aitor Sánchez.

«Creo que hay gente que puede servir de inspiración. No veo mal que compartan lo que hacen, pueden conectar con mucha gente», añade Lozada, «pero no nos pongamos a dar cátedras si no sabemos».

Captura de pantalla del hashtag #WhatIEatinaDay. Foto La Vanguardia/Instagram

Captura de pantalla del hashtag #WhatIEatinaDay. Foto La Vanguardia/Instagram

¿Un costado positivo?

Entonces, ¿#WhatIEatInaDay es una moda alarmante? ¿O es posible usar este hashtag de forma correcta?

La nutricionista Natalia Moragues opina que puede tener su parte positiva, siempre y cuando no se integren en el collage imágenes de productos para la pérdida de peso.

«Puede ayudar a popularizar la alimentación saludable«, apunta la experta. Por su parte, Lozada cree que a mucha gente le puede servir de inspiración, pero no descarta que pueda usarse mal.

«Yo también publiqué este tipo de contenido hace unos años. Depende del tono que se use, del resto de publicaciones de la cuenta, si está solo enfocada al cuerpo, si hay más cosas…», comenta.

Aitor Sánchez no la clasifica como una moda alarmante, pero sí considera que «este hashtag va a aglutinar a muchas personas con lo que comen, algo que sí podría contribuir un poco a lo que ya había antes».

Y añade que, si bien es posible que no se use con mala intención, no cree que se le pueda dar un buen uso. «No va a ser igual de útil que si estuvieses fomentando buenos hábitos, dando buenas propuestas o información divulgativa. Si querés compartir buenos hábitos, no hace falta que pongas tu imagen en el medio», remarca el nutricionista.

Si se va a consumir este tipo de contenido, es necesario comprobar que la persona que lo difunda sea una fuente fiable. ¿Cómo hacerlo? Los expertos nos dan algunas pistas.

«Debemos averiguar si tienen formación, algo que por supuesto no va a ser sinónimo de que lo que digan sea correcto, pero al menos ya es un filtro», afirma Sánchez. «También que las cuestiones sobre las que divulguen no sean categóricas y tengan sentido común, y que usen fuentes. Fijarse si hay un producto o empresa detrás», añade.

Victoria Lozada indica otras señales que deben alertarnos. «Observar si en su biografía ponen cosas tipo ‘me gusta la nutrición’, ahí no hay antecedentes académicos. Que no sean de esos que afirman que hay cosas malas y buenas, o que se centran en la pérdida de peso. Y evitar a los que venden soluciones milagrosas«, enumera.

En definitiva, tener ojo crítico, y, si hace falta, preguntar. Y más si lo que está en juego es la salud.

Por HADA MACIÀ para La Vanguardia.



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